Sobrepeso y obesidad: Cuando la gordura nos enferma

Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl / Académico e Investigador (UACh)



“Si queremos vernos bien… ¡pongámonos anteojos! Ahora, si queremos sentirnos bien y saludables… ¡hagamos ejercicio y cuidemos la alimentación!”

“El ser humano es el único animal que come sin tener hambre, bebe sin tener sed y habla sin tener nada que decir” (Mark Twain, escritor norteamericano)

Hoy en día, estamos viviendo en un mundo, donde el número de muertos por efecto de la obesidad y el sobrepeso, es casi igual al número de muertos por desnutrición. Lo malo de esta triste realidad, es que en el primer caso, la gente se mata en forma negligente y voluntaria, atiborrándose de comida.

Una de las razones por lo cual esto está sucediendo tanto en Chile como en el resto del mundo, es muy sencilla: la abundancia de comida barata –o chatarra–, pero de bajo valor nutricional se ha convertido en una suerte de “dieta habitual” de muchas personas, copiando, de alguna manera, la llamada “dieta occidental” estilo norteamericano, una dieta que está causando verdaderos estragos en nuestra salud.

En este sentido, podemos adelantar lo siguiente: casi un tercio de los niños presentan sobrepeso y obesidad, en tanto que más del 65% de la población adulta chilena ya presenta los mismos síntomas, lo que determina que las personas afectadas tengan más probabilidades de desarrollar –tal como veremos más adelante– una serie de otras graves enfermedades asociadas, precisamente, a la sobre ingesta de alimentos. En estricto rigor, de acuerdo con el ex Secretario de Agricultura de Barack Obama, Tom Vilsack, el aumento descontrolado de la obesidad infantil está poniendo en riesgo la salud de toda una generación sólo en Estados Unidos. Lo mismo podría pasar en nuestro país.

Lo que pocas personas parecen darse cuenta, es que la obesidad se ha convertido –literalmente– en una carga muy pesada para la economía de aquellos países que sufren de esta epidemia, por cuanto, todos nosotros estamos obligados a financiar a través de nuestros impuestos –por lo menos en una parte muy importante– todas las atenciones que debe brindar el Servicio de Salud Pública para todas aquellas personas que deben someterse a diversos tratamientos médicos: la realización de cirugías, el uso de días-camas hospital, la prescripción y uso de medicamentos, las licencias médicas por enfermedades asociadas a la obesidad, las pérdidas económicas por días no trabajados, accidentes y muertes, etc.

Llegados a este punto es preciso señalar, que la obesidad es un estado patológico que está caracterizado por un exceso de peso debido a una acumulación general y excesiva de grasa en el cuerpo.

No obstante, que ya en el año 1997 se detectó la grave problemática que estaba viviendo una parte importante de la población chilena –año en el cual, el Ministerio de Salud publicó por primera vez la “Guía de alimentación para la población chilena”–, poco o nada se ha avanzado al respecto de esta epidemia, que afecta por igual a niños, adolescente y adultos, ya que los avances en esta materia han sido prácticamente nulos. Por el contrario. Las estadísticas han empeorado y las cifras se han disparado y están fuera de control.

De acuerdo con un reciente estudio del Ministerio de Salud y la Sociedad Chilena de la Nutrición, en las últimas décadas el sobrepeso aumentó en Chile de un 28,8% al 39,9%, en tanto que la obesidad lo hizo de un 8,8% a nada menos que un 25,1%, siendo el grupo de los niños y niñas, los más afectados. Si este fenómeno lo analizamos por región, nos damos cuenta que para la región de Los Lagos los datos son poco halagüeños, por cuanto, el índice de sobrepeso promedio se sitúa en un 34,9%, en tanto que la obesidad se ubica en 30,3%, lo que sumado nos entrega una cifra altamente preocupante de un 65,2% de personas afectadas por este verdadero trastorno de salud, es decir, una cifra que está, incluso, por sobre la media nacional.

De poco consuelo sirve saber que los peores índices regionales lo poseen Tarapacá y Atacama con tasas de sobrepeso y obesidad de 70,7% y 75,9% respectivamente. Pero el dato más impactante se concentra en los menores de 6 años, ya que para el caso de la Décima Región, el 26,2% de estos niños presentan sobrepeso u obesidad mórbida. ¡Este es un dato muy importante para que los padres y los colegios lo tengan muy en cuenta! Todas estas cifras hablan por sí solas y nos dicen –de manera muy clara– que las medidas preventivas puestas en práctica desde 1997 han representado un total y claro fracaso.

Pero esto no es todo. Esta grave problemática no se reduce exclusivamente al tema de la obesidad, por cuanto, este fenómeno trae aparejada una serie de otras enfermedades con carácter de catastróficas, ya que a lo anterior, debemos sumarle los severos trastornos asociados a la diabetes, a los accidentes cardio y cerebro vasculares, a la hipertensión arterial y a ciertos tipos de cáncer. En Chile nada menos que el 11,8% de la población sufre de diabetes, en tanto que una de cada cuatro personas es hipertensa, y la mitad de ellas ni siquiera lo sabe.

Resumiendo: si la epidemia de la obesidad en Chile –especialmente la infantil y juvenil– mantiene su curso y no altera muy pronto el rumbo que lleva, estaremos condenando a millones de nuestros niños a vidas más cortas, llena de insatisfacciones, plagada de graves enfermedades y con elevados costos en salud para sus respectivas familias y el país entero.


Fuente:
flotitoc@gmail.com
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1 comentarios:

Vicky Areliz Mautz Zeh dijo...

La obesidad es la pandemia del siglo actual. Cada vez se engrosan más las estadísticas de las personas que sufren trastornos alimenticios. Lo penoso del asunto es que, se están viendo más niños en etapa de pleno crecimiento que están formando parte de las cifras. Los malos hábitos alimenticios, el consumo excesivo de comida chatarra (que es adictiva), alimentos azucarados y con exceso de sal, se convierten en una trampa que sumado a la escasez de tiempo y muchas veces disponibilidad de dinero, hacen inalcanzable ir intentando comer un menú nutritivo y variado de comida casera en el transcurso de la semana. Para equilibrar un poco el tema, no está de más decir que el sedentarismo, la falta de conciencia y voluntad personal también tienen su cuota de responsabilidad.

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