La “media docena sucia”… o cómo generarse un cáncer de manera gratuita

Dr. Franco Lotito C. – Académico, Escritor e Investigador (UACh) / www.aurigaservicios.cl


“Salud: eso que cuando se tiene no se valora, y que se aprende a valorar cuando… ya no se tiene”.

No sólo los metales pesados, el consumo de tabaco, los desechos químicos, los plaguicidas, los herbicidas, las acrilamidas, los compuestos plásticos, la radiación solar, las dioxinas, etc., están en grado de provocar cáncer en los seres humanos. También se ha identificado una serie de alimentos que provocan el desarrollo de ciertos tipos de cánceres. Determinados alimentos, sustancias conservantes y grasas transgénicas también son factores que cooperan para que ciertos “procesos cancerígenos” se produzcan y se vean favorecidos.

Analicemos entonces a la “media docena sucia”. Después de este análisis, decida usted libremente, si desea continuar con su libre consumo, o a lo mejor va a ser necesario que seamos un poco más prudentes y reduzcamos su ingesta:

1. Consumo de tocino, productos y carnes procesadas. 
De acuerdo con los análisis químicos y biológicos, la mayoría de estas carnes contienen niveles significativos de nitrito de sodio. El tocino (o jamón) presenta, asimismo, altos niveles de grasas saturadas, condición que contribuye al riesgo de desarrollar diversos tipos de cánceres, entre los cuales se puede incluir al cáncer de mama, de estómago y el cáncer de colon. Una de las fórmulas más efectiva para reducir el nivel de riesgo de contraer cáncer es disminuir, eliminar y/o limitar el consumo de carnes procesadas y de grasas saturadas.

2. Consumo de hot-dogs, salchichas y hamburguesas. 
Debido al riesgo que implica el consumo de estos irresistibles alimentos, especialmente para el caso de los niños, la Coalición para la Prevención del Cáncer recomienda a los padres no permitir a sus hijos la ingesta de más de 12 hot-dogs y/o salchichas en el mes, en función de los altos niveles de sal sódica (nitrito de sodio), grasas trans y colesterol que ellos contienen, aumentando de esta forma, el riesgo de desarrollar un cáncer de colon.

Por otra parte, el consumo de comida chatarra, ha propiciado una “epidemia” de sobrepeso y obesidad mórbida en el mundo, lo que sumado al sedentarismo, ha conducido a que más del 60% (algunos señalan que es el 70%) de la población adulta e infantil tengan severos problemas con su peso y, por ende, con su salud.

3. Consumo de papas fritas. 
El grave problema que implica la ingesta de papas fritas, es que el procesado de este producto requiere de aceite hidrogenado y ser frito a temperaturas muy elevadas. La irresponsabilidad de algunas cadenas de comida rápida llega hasta el punto de agregar azúcar a sus “papas fritas” con el fin de hacerlas más irresistibles al paladar de las personas.

El consumo habitual de este tipo de comida, además de bloquear las arterias con grasas saturadas, colesterol y grasas transgénicas, también favorece la absorción de acrilamidas. La acrilamida está clasificada por la Agencia Internacional de Investigación sobre el Cáncer como “probable cancerígeno para los humanos”, y se forma en los alimentos ricos en almidón durante su procesado a altas temperaturas.

Se ha detectado, asimismo, que el consumo de acrilamida en bajas cantidades –además de ser una sustancia pro-cancerígena– causa un daño al sistema nervioso, en forma de neuropatía periférica, es decir, una enfermedad de aquellos nervios periféricos que transmiten mensajes desde el cerebro y la médula espinal hasta los músculos, órganos y otros tejidos corporales. Como si esto no fuera suficiente, diversos estudios realizados en mamíferos, han constatado que la acrilamida representa un “agente tóxico para la reproducción de la especie, con propiedades tanto mutagénicas como carcinogénicas”.

Por lo tanto, tal como lo señala un aviso publicitario en contra del consumo excesivo de este “alimento”, en lugar de llamarlas “papas fritas”, habría que llamarlas “papas cancerígenas”.

4. Consumo de donuts. 
La revista de circulación internacional, Reader’s Digest, describió el consumo de donuts, simplemente, como algo “desastroso” e imprudente para el organismo humano, ya que contienen elevados niveles de aceites hidrogenados, azúcares a raudales, harina blanca procesada y acrilamidas, lo cual, las convertiría en uno de los peores alimentos pro cancerígenos que una persona pudiese introducir en su organismo.

5. Consumo de chips, papas saladas, galletas saladas, cookies. 
Generalmente, todos estos productos contienen harina procesada, sal en exceso, azúcares y grasas transgénicas en su elaboración. Sin embargo, la lista “real” de ingredientes no siempre puede ser tenida a la vista, siendo necesario, muy a menudo, comenzar a decodificar y/o traducir qué es lo que en realidad contiene aquello que yo estoy comiendo. Es un contenido que aparece en el etiquetado como un conjunto de verdaderos jeroglíficos egipcios difíciles de traducir. Como ya se ha señalado, la industria alimentaria ha sido sorprendida en múltiples ocasiones intentando “esconder” los ingredientes de los alimentos que producen, a través de usar productos prohibidos en cantidades tales que la ley no los obliga a declararlos en las etiquetas.

Es la forma de esconder, por ejemplo, el uso de glutamato monosódico en el extracto de levadura utilizado para la preparación de éstos –y muchos otros alimentos–, haciendo trampa en las porciones individuales, con el fin de declarar al público consumidor y a la autoridad sanitaria que el alimento está libre de tal o cual sustancia, aún cuando ésta sea tóxica, pro-cancerígena, adictiva y generadora de obesidad.

6. Consumo de alimentos contaminados con aflatoxinas. 
Las aflatoxinas son micotoxinas que son producidas por hongos, y se caracterizan por su elevada toxicidad y carcinogenicidad. La presencia de aflatoxinas tiene un gran impacto negativo en la industria alimentaria de cereales, semillas, nueces y frutos deshidratados, ya que, según las condiciones de almacenamiento, estos alimentos pueden ser contaminados por hongos toxigénicos, cuyo potencial de toxicidad es muy elevado, pudiendo provocar la muerte de cualquier ser vivo que consuma algún cereal infectado. Tal como podemos advertir, la única consigna válida continúa siendo la misma: tener extremo cuidado con todo aquello que introducimos en nuestro organismo, especialmente cuando existen tantos avisos por todos lados haciendo alusión a la peligrosidad que reviste el consumo de ciertos alimentos. Digámoslo una vez más: más vale prevenir que curar.

Sólo a título de ejemplo: diversos estudios de ciertos grupos religiosos que tenían hábitos alimenticios particulares –como los mormones o los adventistas del séptimo día–, a quienes, a raíz de sus preceptos religiosos, no les está permitido el consumo de alcohol ni de tabaco, presentaban de manera consistente –para el caso de las mujeres– una menor incidencia de cánceres de mama, útero y ovarios, en tanto, que para el caso de los varones, se detectó una menor tasa de cánceres de estómago y de colon, al comparárselos con la población general.

Recomendación final: cuide su salud, de modo tal, que usted no ayude a incrementar el número de aquellas personas que aprenden a valorar la salud luego de que la han perdido.

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