Chile necesita trabajadores felices (productivos)

Por Ramón Rubio, director ejecutivo AIEP Osorno.

La productividad pareciera ser el talón de Aquiles para el desarrollo de nuestro país, tanto es así que el año 2015 se creó la Comisión Nacional de Productividad, CNP, institución consultiva mandatada por la Presidenta Bachelet, con el desafío permanente de aumentar el indicador que mide la relación entre la producción obtenida y los recursos utilizados para obtenerla, en éste caso, de Chile.

La CNP en uno de sus primeros informes señala la importancia de promover una cultura de la productividad, que impulse cambios de actitud en las personas, rescatando los beneficios que la productividad genera sobre el bienestar. Pero cabe preguntarse, ¿Qué hace que las personas cambien de actitud?

Ignacio Fernandez, académico de la Universidad Adolfo Ibáñez y experto en felicidad organizacional asegura que “cuando hay trabajadores contentos, la productividad aumenta entre 31% y 40%”, esto es consistente con estudios de Grate Place to Work, donde evidencian que las 100 mejores empresas para trabajar, tienen resultados hasta dos veces superiores al promedio del mercado, considerando los resultados de la bolsa de valores de EE.UU.

Al analizar los índices de felicidad organizacional en Chile nos encontramos con que 6 de cada 10 compatriotas no se sienten felices en su trabajo, muy por debajo de países como Austria, Noruega o Bélgica, que además están entre los países con más altos indicadores de productividad de la OCDE.

Frente a estos indicadores, debemos preguntarnos; ¿Si buscamos generar mayor productividad laboral, por qué no comenzar por generar mayor felicidad en el trabajo?

Si nos planteamos como objetivo país el desafío de incrementar la productividad significativamente, sólo a través de la gestión del capital humano, vale decir, abrazar genuinamente el desafío de gestionar lugares de trabajo que fomenten la felicidad y bienestar organizacional, las organizaciones no necesitarán altas inversiones en nuevas tecnologías o sofisticados sistemas de control de pérdida, sólo se requeriría de una inversión en el capital más preciado de una nación: las personas. Esto nos permitiría incrementar rápidamente en un tercio la productividad laboral, dando un salto cuantitativo y cualitativo en el desarrollo sustentable de nuestro país, el cual tiene todo para dar el tan anhelado salto al desarrollo.





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