Insomnio o la angustia de no poder dormir

Dr. Franco Lotito C. Académico, Escritor e Investigador (UACh) – www.aurigaservicios.cl



“Querido cerebro: hazme el favor de dejar de pensar tanto en las noches… ¡necesito dormir!”

“Es difícil dormir cuando la mente no se calla”.

Si bien el insomnio siempre ha estado presente en la vida de los seres humanos, hoy este trastorno está afectando a millones de personas de todas las edades. La tendencia a competir con el otro, el hecho de llevar una vida agitada y estresada, el abuso de las pantallas asociadas a computadores, tablets y celulares, el tener instalado el televisor en el dormitorio, etc., explican una parte importante de este trastorno. Son muchas las personas que lo sufren y que se desesperan por no poder conciliar el sueño, o bien, porque se despiertan de madrugada y no pueden volver a dormirse. Pero también hay unos pocos que lo ven como una ventaja: pueden aprovechar su insomnio para trabajar, crear, estudiar, leer, escribir, etc., disponiendo de más tiempo para hacer aquellas cosas que de otra forma no podrían llevar a cabo. Estas personas le dan un “toque” positivo a su problema de insomnio.

Por otra parte, a la mayoría de las personas le ha pasado alguna vez que les resulta imposible pegar un ojo en la noche o que se despiertan, una y otra vez, sin poder relajarse y descansar, producto de la ansiedad que experimentan a raíz de la existencia de un problema (de tipo familiar, económico, profesional), de una relación sentimental fracasada o poco satisfactoria, a causa de un mal ambiente laboral en la oficina, de un examen que hay que rendir, de una cuenta que hay que pagar, etc.

Sin embargo, hay otras personas para las cuales el insomnio es una constante, en cuyo caso, ellas tienen un problema que ya no se mide por la cantidad de horas de descanso perdidas, sino que en la “calidad del sueño” que no les permite recuperar su energía, por cuanto, si una persona duerme poco, pero duerme bien, y al día siguiente amanece sin inconvenientes para levantarse, ir a trabajar y permanecer despierto durante el día sin grandes esfuerzos, en ese caso no hay nada de qué preocuparse y la persona puede continuar durante un buen tiempo con ese estilo de dormir, sin mayores dificultades.

La situación cambia, cuando el paciente relata, que de un día para otro y a raíz de ciertas situaciones complejas de su vida, se le “gatilló” el insomnio, señalando que ha llegado a despertarse hasta 10 o 15 veces durante una noche, lo cual, no le permite conciliar el sueño, impidiéndole descansar, condición que conduce al paciente a darse mil vueltas en la cama, mirar constantemente el reloj y con cada vuelta de la aguja ve aumentar su angustia por no poder dormir, luego de lo cual, comienza a experimentar una terrible sensación de frustración, porque sabe que cuando sea hora de levantarse, será incapaz de hacer todo aquello que debe hacer, con la energía y las ganas suficientes. Resulta, asimismo, inevitable que en los días siguientes de estar insomne, la persona experimentará sueño y cansancio, no estará en grado de manejar el vehículo sin correr el riesgo de quedarse dormido al volante, costándole, incluso, hilar una conversación medianamente inteligente con su interlocutor de turno.

Todos los especialistas en trastornos del sueño concuerdan que la somnolencia que experimenta la persona durante el día, genera, a su vez, una serie de otros problemas: disminución de los reflejos, dificultades con la memoria y con la retención de datos, pérdida de la capacidad de concentración, altos niveles de irritabilidad, etc. Como consecuencia, es probable que la persona cometa todo tipo de errores que pueden costarle muy caro en el trabajo, con su pareja y en la vida cotidiana.

Si bien los ansiolíticos, los antidepresivos y anti-psicóticos, no están hechos para combatir el insomnio, sino que la ansiedad y la angustia, hay mucha gente que utiliza medicamentos como el Valpax o el Ravotril con el objetivo de poder dormir. Según diversos estudios, en el mundo se venden cientos de millones de cajas de benzodiacepinas al año –Diazepan, Clonazepan, Alprazolam, Midazolam, etc.–, cuyo consumo –sin el acompañamiento adecuado de terapias psicológicas–, lo que hace es generar serios problemas de salud pública, debido a que provocan dependencia, así como también daños colaterales que conducen al ingreso de los pacientes a salas de Urgencias de los hospitales y clínicas por sobremedicación. Son medicamentos que “tapan” o disminuyen los síntomas, pero que no curan el mal que hay detrás de la sintomatología. Un estudio de la OMS del año 2016 mostraba cifras muy preocupantes: más del 10% de la población mundial sufre de ansiedad y depresión, al extremo que entre los años 1990 y 2016 el número de personas con depresión o ansiedad aumentó en un 50%: de 416 millones a casi 650 millones de personas.

¿Las causas de tanto trastorno? La gente gasta mucho de su tiempo en trabajar (a menudo bajo condiciones estresantes); en movilizarse de un lado a otro con calles atochadas de vehículos, calles en mal estado y muchos embotellamientos que llevan a los conductores a la desesperación; horarios de jardines infantiles y colegios no compatibles con los horarios de trabajo de los padres; sobreendeudamiento de las familias y cuentas que no se pueden pagar, etc., factores que inciden en el “cuarteto patológico” más destacado del siglo XXI: angustia, ansiedad, depresión e insomnio.

¿Cómo romper el círculo vicioso del insomnio? Si bien hay personas que requieren de terapia e intervención de tipo profesional con el fin de solucionar su trastorno del sueño, los especialistas sugieren una serie de medidas que pueden ayudar a las personas:

1. Saque el televisor, el computador o la tablet de la pieza: el dormitorio es un lugar destinado para DORMIR, no para trabajar, jugar, comer o ver televisión. Con este primer paso la persona comenzará a relacionar el dormitorio con el sueño y no con otras actividades.

2. Si no puede dormir, salga de la pieza y realice alguna actividad relajante, tal como leer o escuchar música suave: lo peor que puede hacer alguien que no logra dormir, es quedarse en la cama, dándose vueltas y mirando el reloj esperando que llegue el sueño, ya que el descanso lo da el sueño, no la cama, y la persona puede terminar vinculando la cama con la ansiedad y la desesperación, en lugar del sueño reparador.

3. No tome café ni fume, ojalá durante todo el día y no sólo antes de dormir: las personas creen que basta con no tomar café un poco antes de irse a dormir para tener un sueño reparador. Sin embargo estas personas no saben que la nicotina y la cafeína son estimulantes que se acumulan durante el día en el cuerpo, que luego le dificultarán el poder inducir el sueño.

4. No coma muy tarde y muy pesado: el comer muy tarde induce al organismo a seguir trabajando con el fin de poder digerir los alimentos consumidos.

5. No ejercite su cuerpo muy tarde: el ejercicio físico lo que hace es estimular aún más a su organismo, de modo que en lugar de “apagar” su sistema fisiológico, la persona que se ejercita lo que hace es encender y poner en marcha a toda su unidad psicofísica.

6. Regule sus horarios y rutinas nocturnas: la persona debe tratar de acostarse todos los días a la misma hora, de modo de generar una suerte de “hábito nocturno” que su cuerpo y su mente se lo agradecerán y que favorecerá la inducción del sueño, sin tener que recurrir a ningún tipo de pastillas o medicamentos.

Finalmente, tenga presente las advertencias de David Randall, un periodista sonámbulo, quién, en su libro de divulgación científica “En tierra de sueños: aventuras en la extraña ciencia del dormir”, consigna que tras pasar 24 horas sin dormir, la presión arterial aumenta, el metabolismo se desordena, la temperatura corporal disminuye y, finalmente, el sistema inmune se debilita, haciendo propenso a la persona a todo tipo de enfermedades.

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