Sector forestal vuelve a recibir impulso estatal ¿y el sector ganadero cuando?

El rubro ganadero se ha quejado por años que mientras a los productores de carne y leche se les exige competir con las reglas del mercado, el Estado se ha dedicado a fomentar el desarrollo maderero por cuatro décadas, tiempo en que la masa ganadera ha retrocedido de manera dramática.

El 30 de abril de 1996, en su calidad de diputado por el distrito 56, el hoy intendente de la región de Los Lagos, Harry Jürgensen Caesar intervino en la sala durante la discusión del proyecto de Ley que modificó el decreto ley Nº 701, de 1974, sobre fomento forestal. El tema ha sido una permanente preocupación del hombre público que desde entonces ha bregado por nivelar los incentivos que ha recibido este sector hacia otras áreas de la economía que se han visto desplazadas, especialmente la ganadera, sin resultados.

Desde la entrada en vigencia de ese cuerpo legal hasta la fecha de modificación del año 96, se había bonificado la plantación de una superficie aproximada de 800 mil hectáreas en suelos calificados de aptitud preferentemente forestal. Esta cifra representaba un 50% de la superficie plantada actualmente en el país, la que en total alcanzaba alrededor de 1 millón seiscientas mil hectáreas.

El costo fiscal de las bonificaciones entre los años 1976 y 1994 asciende a un total de $ 71.374 millones (en pesos de 1994), lo que equivale aproximadamente a US$ 170 millones (en dólares de 1994). En términos más específicos, en el período 1991 a 1994 las bonificaciones forestales alcanzaron un promedio cercano a los doce millones de dólares anuales. ¿Y quiénes eran los principales beneficiados de esos recursos fiscales? Las grandes empresas, ya que la iniciativa marginaba a los pequeños propietarios de sus beneficios y generaba una concentración de la actividad forestal en un reducido número de agentes.

La utilización del sistema de bonificaciones del decreto ley Nº 701 ha beneficiado mayoritariamente a los predios de grandes superficies, como las que se encuentran aún en manos de los grupos Angelini y Matte, que se quedaron con más del 90% de los recursos, mientras sólo un 6,41% de los propietarios de predios menores de 10 hectáreas pudieron acceder a él.

La iniciativa legal buscaba facilitar el acceso a este beneficio a los pequeños propietarios forestales que constituyen aproximadamente 240.000 unidades productivas, de las cuales el 67% tiene suelos de aptitud preferentemente forestal. 22 años después, la mayoría de estos se han transformado en proveedores de las grandes empresas que se beneficiaron del Decreto 701 a contar de 1979.

¿Fue malo? Hay opiniones divididas: mientras algunos señalan que ello permitió recuperar suelos que no tenían otra opción que ser destinados al rubro forestal, otros señalan que sólo ha extendido los monocultivos de pino y eucaliptos que consumen grandes cantidades de agua provenientes de las napas subterráneas, secando los terrenos –una hectárea de eucaliptos consume más de 40.000 litros de agua al día-. En lo económico, la industria maderera es uno de los pilares de las exportaciones nacionales, con envíos anuales que superan los 6.000 millones de dólares que tributan en Chile.

Pero los ganaderos, liderados por el hoy intendente Jürgensen, han pedido sin éxito, por cuatro décadas, que el Estado exprese al rubro agropecuario la misma confianza que le sigue brindando al sector forestal. Pero no hay respuesta y no sólo eso: la semana pasada recibieron un nuevo balde de agua fría, luego de que se aprobara un nuevo plan de fomento para los fondos de inversión de capital de riesgo para el fomento forestal y maderero, de la Corfo, con créditos de hasta 30 años y créditos a una tasa de entre 2,5 y 4% anual.

Los productores ganaderos representados por la Federación de Productores, Fedecarne, montaron en cólera y señalaron que no logran entender la razón por la cual el Estado no muestra la misma confianza para apostar por la ganadería de carne y leche, los cereales y otros rubros agrícolas que van perdiendo cada año hectáreas frente al rubro forestal subvencionado.

“Lamentablemente nuestras peticiones en este sentido no se han considerado. Muchos habitantes rurales van siendo desplazados por la proliferación desregulada de plantaciones forestales en suelos eminentemente agrícolas, han disminuido las fuentes de trabajo agropecuario –el sector forestal es poco demandante de mano de obra, aunque sí lo es de servicios- y se ha perdido el interés de las familias por seguir viviendo en un entorno poco atractivo desde el punto de vista laboral, ambiental, e, incluso, paisajístico”, reclaca el presidente de Fedecarne, Carlos González.

La semana pasada, el diputado Harry Jürgensen Rundshagen, hijo de Harry Jürgensen Caesar, reninció la lucha de su padre a través de un proyecto de fomento y protección de la industria lechera…

¿Tendrá resultados esta vez o faltan Matte y Angelini del sector agropecuario para empujar la iniciativa?


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