Los medios no justifican un buen fin
Por: Carlos Salazar Sazo, Abogado Director de Derecho, Universidad San Sebastián.
Me resisto a creer cualquier cosa, particularmente cualquier cosa que me muestren los medios de comunicación. Me resisto a creer que las personas no tienen la capacidad de acceder a la verdad. Me molesta que, por lo anterior, traten de embaucarme mintiéndome.
Me indigna que se confunda el derecho con el abuso, que bajo capa de investigación se cometa fraude y que bajo capa de una supuesta buena finalidad se utilicen medios reñidos con la ley y con la ética.
Lo de Canal 13 y su puesta en escena de una falsa nana que hace falsas preguntas (no son verdaderas porque no hay verdadera intención de materializar nada), es un recurso burdo, capcioso, sibilino, oculto, mal intencionado. La buena intención, si es que la hubo, se transformó en mala cuando se escogió un mal medio para lograrla: los medios injustifican el fin, hacen no justo el fin. Es trabajo mal hecho. Maliciosamente hecho.
Es grave que esto ocurra, porque la tecnología ha ido haciendo que se ponga en los medios de comunicación masiva una confianza que les ha dado poder, dada fundamentalmente por la inmediatez y la calidad, sobre todo de la imagen. Lo que están haciendo algunos medios, lo que hizo Canal 13, es utilizar torcidamente ese poder. En ello, no se diferencian de un tiranillo o de un político o empresario corrupto, o de cualquier otro delito de fraude. No contribuyen al bien común. No hacen su pega, porque eso es apariencia de pega: es engaño, es abuso de poder, es abuso de la tribuna pública.
Es grave que no comprendan el daño que hacen al tejido social con el fraude. Es grave que el fraude se transforme en el mecanismo de obtención de una finalidad cualquiera, por buena que sea. Es grave que no perciban el daño que se le hace al periodismo, al reportaje, porque nadie va a querer responder preguntas, porque instala la duda, la suspicacia. Finalmente, me resisto a que me discriminen, tratándome como si fuera tonto.
Me resisto a creer cualquier cosa, particularmente cualquier cosa que me muestren los medios de comunicación. Me resisto a creer que las personas no tienen la capacidad de acceder a la verdad. Me molesta que, por lo anterior, traten de embaucarme mintiéndome.
Me indigna que se confunda el derecho con el abuso, que bajo capa de investigación se cometa fraude y que bajo capa de una supuesta buena finalidad se utilicen medios reñidos con la ley y con la ética.
Lo de Canal 13 y su puesta en escena de una falsa nana que hace falsas preguntas (no son verdaderas porque no hay verdadera intención de materializar nada), es un recurso burdo, capcioso, sibilino, oculto, mal intencionado. La buena intención, si es que la hubo, se transformó en mala cuando se escogió un mal medio para lograrla: los medios injustifican el fin, hacen no justo el fin. Es trabajo mal hecho. Maliciosamente hecho.
Es grave que esto ocurra, porque la tecnología ha ido haciendo que se ponga en los medios de comunicación masiva una confianza que les ha dado poder, dada fundamentalmente por la inmediatez y la calidad, sobre todo de la imagen. Lo que están haciendo algunos medios, lo que hizo Canal 13, es utilizar torcidamente ese poder. En ello, no se diferencian de un tiranillo o de un político o empresario corrupto, o de cualquier otro delito de fraude. No contribuyen al bien común. No hacen su pega, porque eso es apariencia de pega: es engaño, es abuso de poder, es abuso de la tribuna pública.
Es grave que no comprendan el daño que hacen al tejido social con el fraude. Es grave que el fraude se transforme en el mecanismo de obtención de una finalidad cualquiera, por buena que sea. Es grave que no perciban el daño que se le hace al periodismo, al reportaje, porque nadie va a querer responder preguntas, porque instala la duda, la suspicacia. Finalmente, me resisto a que me discriminen, tratándome como si fuera tonto.






