Nuestra pasividad, el camino equivocado
Hace poco presenciamos las montañas de basura y desechos acumuladas por semanas en las calles de ciudades y pueblos de nuestro país. Por circunstancias locales, no tuvimos que lidiar con esta desagradable y prolongada situación. El asunto es que la basura no desaparece, solo se deja en un lugar lejos de la vista y olfato de quienes la depositamos. Lo más significativo es que estas mencionadas montañas reflejan nuestro liderazgo en la región en la generación de basura por habitante (al menos 50% más que el resto de los países de Latinoamérica y el Caribe en promedio, y reciclamos no más de un 10%). Aun así estamos bajo el promedio de la OCDE.
En la mirada global, hace muy poco que nuestro planeta alcanzó su límite ambiental entrando en una deuda ecológica, en tanto el ritmo de explotación de recursos y generación de desechos superó a la capacidad propia del planeta de recuperarse. ¿Cuál es la clave para frenar esto? Los decrecentistas postulan que el futuro promisorio será viviendo mejor con menos, tarea extremadamente difícil dada la era actual, representada por un macro-ritmo de producción, consumo de energía y productos que son el sostén del crecimiento económico. Además, muchos países como el nuestro miran con ansias el desarrollo y otros también luchan por salir de la pobreza: nada de eso lo podemos hipotecar, dado que todos tenemos la válida aspiración de tener un pasar igual o mejor al que tenemos hoy. El tema está en que si quisiéramos vivir todos como vive el mundo desarrollado actual, nuestro planeta no alcanzaría. Todo nos augura que la solución o cambio de paradigma no vendrá de quienes lideran el panorama mundial mientras no esté en riesgo la economía ni la tranquilidad social y geopolítica presentes.
¿Qué estamos haciendo en Chile? A nivel gubernamental e institucional el Ministerio de Medio Ambiente ha implementado leyes y normas para controlar la contaminación ambiental, junto con programas para la educación ambiental en todos los niveles. Por su parte la Agencia Chilena de Eficiencia Energética lleva a la práctica iniciativas junto a otras reparticiones para difundir la relevancia del ahorro de energía, en un país que no se abastece propiamente de ella. En el contexto privado algunas empresas están implementando tecnologías de menor costo y más eficientes para mejorar su productividad. ¿Y el resto? Si bien existen varias organizaciones sociales que participan activamente en temas ambientales, la verdad es que nuestras calles están plagadas de automóviles como nunca se habría podido predecir hace veinte años. Nuestras casas están abarrotadas de cosas (ropa, electrodomésticos, etc), y nuestro consumo energético se dispara a niveles de países desarrollados.
En nuestra ciudad, para nadie medianamente informado es desmentible que el consumo de leña no es una alternativa sustentable en los años venideros: es la única que por hoy tenemos. Ni el aislamiento térmico ni la leña seca, por sí muy necesarios detienen la pérdida sostenida de nuestros bosques templados. Será necesario pensar en soluciones de otro tipo (gas natural, electricidad) en pocos años más. Con todo este panorama hace falta el esfuerzo de más estamentos, no sólo gubernamentales, para trabajar en todo ámbito por un futuro distinto al que prevemos con el estado del arte actual. Nada será suficiente si no vivimos un cambio de actitud en donde seamos nosotros, los que conduzcamos nuestro destino común de manera responsable. No basta con comprar productos etiquetados como sustentables, debemos enfrentar un desafío más grande: no seguir abultando la cuenta de nuestro hogar común.
Claudio Poo Barrera
Ingeniero Acústico Magíster © en Medio Ambiente
Universidad San Sebastián
En la mirada global, hace muy poco que nuestro planeta alcanzó su límite ambiental entrando en una deuda ecológica, en tanto el ritmo de explotación de recursos y generación de desechos superó a la capacidad propia del planeta de recuperarse. ¿Cuál es la clave para frenar esto? Los decrecentistas postulan que el futuro promisorio será viviendo mejor con menos, tarea extremadamente difícil dada la era actual, representada por un macro-ritmo de producción, consumo de energía y productos que son el sostén del crecimiento económico. Además, muchos países como el nuestro miran con ansias el desarrollo y otros también luchan por salir de la pobreza: nada de eso lo podemos hipotecar, dado que todos tenemos la válida aspiración de tener un pasar igual o mejor al que tenemos hoy. El tema está en que si quisiéramos vivir todos como vive el mundo desarrollado actual, nuestro planeta no alcanzaría. Todo nos augura que la solución o cambio de paradigma no vendrá de quienes lideran el panorama mundial mientras no esté en riesgo la economía ni la tranquilidad social y geopolítica presentes.
¿Qué estamos haciendo en Chile? A nivel gubernamental e institucional el Ministerio de Medio Ambiente ha implementado leyes y normas para controlar la contaminación ambiental, junto con programas para la educación ambiental en todos los niveles. Por su parte la Agencia Chilena de Eficiencia Energética lleva a la práctica iniciativas junto a otras reparticiones para difundir la relevancia del ahorro de energía, en un país que no se abastece propiamente de ella. En el contexto privado algunas empresas están implementando tecnologías de menor costo y más eficientes para mejorar su productividad. ¿Y el resto? Si bien existen varias organizaciones sociales que participan activamente en temas ambientales, la verdad es que nuestras calles están plagadas de automóviles como nunca se habría podido predecir hace veinte años. Nuestras casas están abarrotadas de cosas (ropa, electrodomésticos, etc), y nuestro consumo energético se dispara a niveles de países desarrollados.
En nuestra ciudad, para nadie medianamente informado es desmentible que el consumo de leña no es una alternativa sustentable en los años venideros: es la única que por hoy tenemos. Ni el aislamiento térmico ni la leña seca, por sí muy necesarios detienen la pérdida sostenida de nuestros bosques templados. Será necesario pensar en soluciones de otro tipo (gas natural, electricidad) en pocos años más. Con todo este panorama hace falta el esfuerzo de más estamentos, no sólo gubernamentales, para trabajar en todo ámbito por un futuro distinto al que prevemos con el estado del arte actual. Nada será suficiente si no vivimos un cambio de actitud en donde seamos nosotros, los que conduzcamos nuestro destino común de manera responsable. No basta con comprar productos etiquetados como sustentables, debemos enfrentar un desafío más grande: no seguir abultando la cuenta de nuestro hogar común.
Claudio Poo Barrera
Ingeniero Acústico Magíster © en Medio Ambiente
Universidad San Sebastián
