Provincial Osorno, entre el ocaso y la oportunidad de evitar el final

Por: Cristián Baschmann, periodista y ex dirigente.

A 35 años de su fundación, la marca taurina enfrenta un presente muy distante del entusiasmo y la cohesión social que le vio nacer.

“Después de la guerra, los pueblos se levantan” fue la frase que Alejandro Kauak les pronunció a los seguidores de Provincial Osorno a fines de 1984, tras una traumática derrota por 1-2 en el Calle Calle, frente a Deportes Valdivia, y que significó bajar a Tercera División… el castigo nunca se concretó, por múltiples factores, entre ellos que al ingreso al profesionalismo, un año antes, se les garantizó a los tres invitados de la entonces Décima Región –Osorno, Valdivia y Pto. Montt- un mínimo de tres años de permanencia en el balompié profesional.

También influyeron notablemente las gestiones de Kauak y el primer presidente del club, Sergio Toloza. Hubo una campaña zonal que repletó de telegramas La Moneda.

Un 5 de junio, hace 35 años, nacía Provincial Osorno. Costó, pero hubo caudillos y facilitadores, y sobre todo una comunidad cohesionada. Fue un domingo, y con un ambiente festivo y optimista desde antes de mediodía en las afueras del gimnasio Español de calle Santa Elisa, donde se concentraría el nacimiento.

Vendrían, desde entonces, momentos enormes, hazañas sólo atribuibles a una mano milagrosa desde el cielo, y a una sociedad que mostraba su mejor cara: la de la disposición a la lucha contra la adversidad; siempre.


¿Cómo olvidar la procesión a pie desde el estadio Bancario hasta el santuario de la Virgen de Lourdes en Rahue? Jugadores, hinchada, dirigentes y vecinos fundidos en una caminata llena de sonrisas tras la “salvación” en la liguilla del descenso el mismísimo primer año, cerrando la temporada 1983. Un 4-0 contra San Antonio coronaba el honor local, y la continuidad. Pero lo mejor era la forma en que los Toros agradecían su buena fortuna.

O aquel 1985 gigante. Un Osorno amplificado por la figura del goleador internacional uruguayo Washington Olivera, cuya sola presencia era la causa principal de 5 veces ver el Parque Schott abarrotado, con miles de personas sin poder ingresar por falta de capacidad, incluso en jornadas de genuino diluvio.

Esa camiseta celeste con una banda blanca horizontal se engalanaba por todo el país. La revista Minuto 90 dedicaba odas al boom del fútbol chileno. No era para menos, ese Provi era el epicentro de la Copa “García Hurtado de Mendoza”, donde Osorno vencería a la U por 2-1, y Valdivia derrotaba a Colo Colo por penales. Una final transmitida por Televisión Nacional, con Livingstone y Carcuro, para una victoria gloriosa de osorninos ante valdivianos, con gol sampablino del “Huaso” Nieto.

Por esos tiempos, Osorno le sacaba un empate 0-0 a la Selección Chilena –con todas sus estrellas- que se preparaba para el repechaje para el Mundial de México ’86. Meses después los Toros viajaban a la reinauguración del estadio de Bariloche para un amistoso con el River Plate de Enzo Francescoli.

El Provi se ubicaba a la altura, en una época marcada por el recuerdo fresco de Martín Vargas y la espectacularidad cestera de Malta Morenita. Pero vendría mucho más, 3 títulos del ascenso para llegar a Primera División, 2 veces campeón de Chile en categoría infantil y la recuperación para Osorno del básquetbol profesional, a partir de la creación de una rama cestera que llegaría a conquistar 4 veces el título de la Dimayor y en 5 ocasiones la Libsur (actual Liga Saesa).


Si se trata de partidos, ese empate heroico 2-2 contra el Colo Colo campeón de la Libertadores, en 1991. Si se trata de goles, esa obra magistral del “Chico” Muñoz con un amplio sombrerito sobre “Superman” Vargas, en la victoria 1-0 ante la U, con aguacero y barro en la cancha del Parque Schott, en 1993. Si se trata de dolores, el robo del siglo, protagonizado por el árbitro Patricio Polic para beneficiar el paso de Universidad Católica en la Copa Sudamericana, en 2003.

Osorno era noticia obligada cada fin de semana, como actor clave de la jornada futbolera nacional. Eso, cuando Osorno hacía noticia de manera favorable, algo muy diferente a lo que pasa en la actualidad en televisión, radios, diarios y revistas y medios digitales.

El presente de los Toros quizás refleja nuestra sociedad local. Reducida a ser un centro de paso entre dos capitales regionales y que ya no compite, sólo se resigna. Con una contaminación que va mucho más allá del aire y el agua; una contaminación de las personas, sus voluntades y sus propósitos de vida. Crecen las poblaciones, pero no se desarrolla la comunidad, porque no se culturiza, no construye ni defiende identidad, y tampoco valora sus tradiciones.

Sin triunfo alguno en la temporada vigente, en Tercera División A, Provincial Osorno aspira únicamente a no encontrar la muerte definitiva. Quienes hemos portado más de una vez el desfibrilador para que el viejo y querido Provi siga con pulso, sabemos que no es fácil empujar este barco lleno de tesoros en materia de recuerdos, pero que se mantiene a flote exclusivamente por la fe de unos pocos, porque su casco agujereado por malas gestiones, abandono y displicencia ya no puede seguir como está…

Este club ha sido sinónimo de unidad. En los viejos tablones de madera del estadio más añoso de Chile, que data de 1940, aún entre los escasos asistentes se respira ese ambiente familiar que vence al frío. Donde no hay clases sociales, ni etnias, ni nichos sectarios, ni nada; porque somos todos parte del Provi, colgados del mismo sabor del maní salado, tostado o confitado, antes las sopaipillas con mostaza y mucho antes el café con malicia. Seguimos amparados en los recuerdos del Morro de los pinos altos, donde algunos se colgaban rama a rama para ver los partidos, y no del Morro de concreto, frío, inhabitable y mal hecho.

Dentro de todo lo malo del hoy, hay una oportunidad para el mañana. Consiste en sacarse las lagañas de la somnolencia, apartar el individualismo, sepultar las envidias y volver a generar un espacio en nuestras vidas para el Provi, un auténtico Patrimonio Social del Sur de Chile, pero que como el viejo y tiñoso perro flaco tirado sobre el patio, espera por un mínimo de reciprocidad a tantas alegrías regaladas cuando estaba en su plenitud.

Por una vez, Osorno puede (y debe) mostrar gratitud por una institución que se ha encargado de engrandecer no solamente el nombre de la comuna, sino el de toda nuestra zona.

Busquemos las fórmulas, mostremos decencia, descongelemos el honor.

No podemos permitir que este aniversario sea el último. No podemos rendirnos ante la enfermedad contagiosa de la desidia. Nunca será lo mismo seguir un equipo por televisión, a seguir a tu equipo por amor. Tenemos que seguir dispuestos a luchar…

¡Gracias por todo, Provincial Osorno!


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