Ex intendente Leonardo de la Prida no le cree al Intendente Harry Jürgensen

El ex fiscal y ex intendente de Osorno, el abogado Leonardo de la Prida, de regreso a su ciudad natal, confesó en podcast de ARDD, de ayer miércoles, no creerle a Harry Jürgensen, actual intendente, por las declaraciones realizadas a la prensa sobre distintos acontecimientos ocurridos en la provincia.

Junto al ex fiscal metropolitano, participaron Pablo Benavídez, de www.asambleapopular.cl y el director de PL, Christian Lobo, en donde varios temas de la contingencia regional y nacional, fueron tratados en profundidad, de manera distendida y coloquial, como, por ejemplo, los despidos de funcionarios regionales; la actuación del ministro del interior, Andrés Chadwick, tras la muerte del comunero mapuche, Camilo Catrillanca; los favores políticos en la designación de cargos de confianza; el nepotismo y, fundamentalmente, de la credibilidad o mejor escrito, la no credibilidad hacia el actual intendente de Osorno, Harry Jürgensen.

No tuvo ningún tipo de rodeos ni frase políticamente correcta para hablar sobre el desempeño del actual intendente. Con claridad meridiana se explayó en cada una de sus afirmaciones en cuanto a las declaraciones a los medios de comunicación, sobre los acontecimientos que sacudieron a la provincia, durante su mandato, que usted puede escuchar en el podcast que lleva el título: Despidos, falsas promesas y falta de credibilidad | enlace.

No es mi misión colocarme en una u otra vereda. Escuché el podcast y surgió espontánea esta interrogante: ¿por qué hay personas capaces de decir lo que es políticamente correcto, en lugar de declarar o decir lo que realmente sucedió, cuando son los propios protagonistas de la historia?

Entiendo que lo “políticamente correcto” se utiliza para salvar una situación. Para darle una pequeña ayudita a los amigos y para reafirmar frases acuñadas en la memoria de la oralidad de los chilenos, cuando de política se habla, en cualquiera de sus acepciones.

Doy un ejemplo, con la siguiente anécdota:

“Preocupado de su estilo, el historiador y escritor Benjamín Vicuña Mackenna le preguntó al gramático venezolano Andrés Bello, fundador de la Universidad de Chile y autor del Código Civil:
- Oiga, yo no sé escribir para la gente del pueblo, ¿cómo lo hago? 
Irónico, escueto y directo, el académico y lingüista le respondió: 
-Mire, escriba no más, si en Chile nadie lee.”

La anécdota comentada por el novelista José Donoso, muestra con increíble poder de síntesis, la forma de tratar un tema que tiene a la gente “común”, como destino.

Con el párrafo anterior no hago juicios de valor ni condeno a nadie. Las miradas, como las lecturas vendrán de ambos sectores antagónicos. Algunos comentarán que miro hacia el oeste y otros hacia el este. Ninguno de los dos estarán acertados. Simplemente intento encontrar la respuesta, lo más adecuada y posible, además de corta, a pedido de mi director, a la pregunta que da nacimiento a esta nota. Y mi respuesta oscila de un punto cardinal a otro.

Hoy la anécdota de Vicuña Mackenna y Andrés Bello, quedó en eso: un simple recuerdo histórico. La traje a la memoria colectiva, porque hoy la manera de comunicarnos cambió. Hay redes sociales y la inmediatez abruma. Todo se puede googlear y se puede difundir en cuestión de segundos. Salir del paso con una respuesta políticamente correcta, no es lo adecuado. Ni para los que la emiten ni para ni para los que las publicamos ni para los que la sugieren ni para los que la reciben.

El descrédito hacia los políticos crece. No sólo en las encuestas. Crece en el pensamiento crítico de todos. La desconfianza es la vestimenta de todos los días, sea cual sea la temporada del año o las condiciones climáticas. Más allá de las esquinas en donde nos encontremos. Hay que repensar esta historia para escribirla con lo que a diario sucede, sin pasiones, sin colores, sin miradas prejuiciosas, sin vaticinios horoscoperos.

Estas líneas no buscan culpables, sino responsables. Simplemente responsables. Si después la justicia indica que somos culpables, pagar por nuestro delito cometido. Todos, sin excepción.

Por Hugo Medrano