El plástico en la agricultura y el impacto en el medio ambiente

Fredy H. Wompner, Director del Instituto Humanismo Cristiano
Por Fredy H. Wompner, Economista, Director del Instituto Humanismo Cristiano

El plástico es la tercera aplicación del petróleo más usada en el mundo, y al año consumimos 200 millones de toneladas en el planeta. Este proviene de fuente no renovable (petróleo), y es contaminante (no biodegradable) por lo que puede tardar hasta más de 1.000 años en descomponerse. En los últimos 50 años, los plásticos se han convertido en una piedra angular; son baratos, versátiles y resistentes, tanto, que no se sabe cómo hacerlos desaparecer.

En la agricultura moderna diferentes tipos de plásticos se usan para ya sea mejorar condiciones ambientales que favorezcan el desarrollo y productividad de los cultivos, a facilitar su manejo, o para una mejor conservación y comercialización de los productos. A los plásticos podemos adjudicar una parte importante del progreso alcanzado por la agricultura siendo actualmente componentes esenciales de los diferentes eslabones de la cadena productiva.

El uso actual de los plásticos en la agricultura tiene como resultado un incremento de la producción, el adelanto de las cosechas, menor dependencia de los herbicidas y pesticidas, mayor protección de los productos alimentarios y la conservación más eficaz del agua y han permitido convertir tierras aparentemente improductivas en modernísimas explotaciones agrícolas. Ejemplo de ello es que de una localidad basada en una agricultura de subsistencia se puede pasar a una gran concentración de invernaderos que la convierten en un modelo del desarrollo económico digno de imitar.

Los plásticos para la agricultura tienen un papel fundamental, dado que los sistemas agrícolas basados en ellos, proporcionan soluciones efectivas para las cosechas en crecimiento de distintas maneras: en las regiones áridas, por ejemplo, los sistemas de tuberías/desagües pueden recortar los costes del riego de uno a dos tercios mientras que al tiempo doblan el rendimiento de la cosecha.

Existe una variedad casi ilimitada de aplicaciones en la industria que han permitido un crecimiento continuo de los volúmenes destinados a uso agrícola en el mundo. Entre las aplicaciones más habituales están: macetas y bandejas de propagación, cajas, cajones y baúles para recogida, manejo y transporte, tanques fijos y portátiles para el almacenamiento y el transporte de líquidos, contenedores y aplicadores para productos químicos agrícolas, fertilizantes, insecticidas y herbicidas, partes y accesorios para el equipamiento agrícola y la maquinaria.

Otra aplicación importante es para la consolidación del suelo, donde la malla sostiene el suelo en su lugar (especialmente en los bancos inclinados) hasta que los arbustos o los árboles hayan desarrollado suficiente estructura de raíz para estabilizarla. Cada año son varios millones de toneladas de plástico las que se destinan en el mundo para uso como “mulch” con conocidos efectos favorables en cultivos hortícolas y de flores de corte, así como para cubrir invernaderos permitiendo así ganar algunos grados-día y mejores precios al llegar antes al mercado.

La tecnificación del riego, condición cada vez más imprescindible en la producción frutícola y hortícola avanzada, contribuye a este despliegue de uso de plásticos con miles de kilómetros de tendidos de tuberías, mangueras y cintas de diversa composición, incluyendo las geomembranas para revestimientos de embalses, canales y otras obras de regadío, lo que ha permitido importantes ganancias en la eficiencia de uso del usualmente escaso recurso hídrico.

En el sector ganadero, el uso de embalaje plástico para el heno y para ensilajes ha crecido rápidamente y, si bien constituye una forma excelente de guardar forraje para épocas en que los pastos tienen una baja tasa de crecimiento, se trata de un material poco reusable y de lentísima degradación. También la industria de productos lácteos utiliza diariamente en el mundo varios cientos de millones de envases desechables.

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El impacto en el medio ambiente

El uso del plástico en la agricultura tiene también efectos indeseados para el medio ambiente. Gran parte de esos enormes volúmenes de deshechos plásticos se acumulan por decenas de años en rellenos sanitarios, sin llegar a degradarse, o son simplemente quemados con el consiguiente daño ambiental y a la salud. Lamentablemente, la agricultura no es tan “verde” cuando se trata de reusar y reciclar esa gran cantidad de material contaminante y mucho de ese plástico va a dar a vertederos clandestinos, fosas cavadas especialmente para tal efecto o finalmente al mar.

Según datos de la ONU, más de 7 millones de toneladas de residuos se arrojan todos los años a mares y océanos, por término medio, cada milla marina cuadrada contiene 45.000 pedazos de residuos plásticos flotantes. El porcentaje de trozos de plástico que flota en la superficie de océanos y mares se ha incrementado más de cien veces en los últimos 40 años, y según datos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) cada año mueren 100.000 mamíferos marinos a causa de esto.

De hecho, más de 600 especies de fauna marina se ven especialmente afectadas por la basura que llega al mar, como ballenas, delfines, focas y tortugas marinas, además de una gran variedad de aves e incluso el plancton. La ingesta de este material les causa importantes trastornos que, a menudo, resulta ser la causa de muerte de una gran cantidad de animales.

Reutilización y reciclaje de los plásticos

Suena a quimera, y en parte, lo es, pero también tiene sentido. Tanto la reutilización como el reciclaje de plásticos deberían ser prácticas de absoluta condición y exigencia entre los usuarios, así como en las empresas que los producen y las que los utilizan para la comercialización de sus productos.

En muchas partes del mundo se están realizando esfuerzos para fomentar el reciclaje, en algunos países más avanzados, han desarrollado planes y campañas gubernamentales o comunales para incentivar el reciclaje, en algunos casos haciéndose cargo de obras para realizarlo. En otros, las industrias que producen los plásticos más contaminantes se encargan de encontrar y promover el funcionamiento de empresas de reciclaje. Sin duda que para llegar a soluciones sustentables, la educación de la población, tanto rural como urbana, juega un rol preponderante. Una posible solución paletaiva es la generación de lugares de acopio en sectores rurales para envases de productos químicos de uso común en el campo.

El problema de fondo reside en que la vida útil y la posibilidad de reusar plásticos es usualmente muy limitada. Así por ejemplo, los usados como “mulch” para cubrir camellones y para cobertura de invernaderos no pueden ser reutilizados debido a su degradación debido a la radiación ultravioleta y la temperatura, que los hace romperse fácilmente. Por otra parte, al reciclar los plásticos la calidad del producto resultante es usualmente baja por la presencia de contaminantes, como son los residuos de suelo, o de materia orgánica, inevitablemente presentes en plásticos que provienen del campo. Para mantener una calidad aceptable al ser reciclados necesitan ser cuidadosamente seleccionados y utilizados en forma separada, lo que agrega un costo.

Una potencial solución que va ganado partidarios es el uso de plásticos biodegradables, desarrollados a partir de materias primas orgánicas que proceden de fuentes renovables, como el almidón de maíz, de papas u otros cultivos. Los plásticos biodegradables son compostables en un período no superior a los seis meses y utilizables para la fertilización de suelos y plantas.

Dentro de sus ventajas están: la reducción de la huella de carbono, suponen un ahorro energético en la producción, no consumen materias primas no renovables, reducen los residuos no biodegradables, que contaminan el medio ambiente, no contienen aditivos perjudiciales para la salud, no modifican el sabor y el aroma de los alimentos contenidos. Ademas que su uso se está extendiendo en varios sectores: en medicina (prótesis, hilos de sutura…), en alimentación (productos de catering, envases de usar y tirar…), juguetes y, por supuesto, bolsas biodegradables.

Sin embargo, la utilización del bioplástico es aun a pequeña escala, todo parece indicar que hace falta una política publica que incentive su uso y equipare los costos asociados a su utilización con respecto al plástico contaminante.


Fuente de la información: Fredy Wompner