La importancia de la autoayuda en el crecimiento personal

La importancia de la autoayuda en el crecimiento personal
Dr. Franco Lotito C. Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)– www.aurigaservicios.cl



“Agradezco a todas aquellas personas difíciles que han pasado por mi vida, ya que me han mostrado exactamente aquello que no quiero, ni deseo ser”

Si bien, existen diversos caminos y senderos que nos conducen hacia el crecimiento personal, nosotros mismos disponemos de una serie de técnicas y herramientas que son gratuitas y que facilitan dicho proceso, por lo tanto, desde el momento mismo en que una persona toma la decisión de hacer un cambio interno en su vida personal, este cambio incide, posteriormente, de manera directa, tanto en nuestras relaciones interpersonales como así también en las relaciones laborales y sociales, a tal punto, que las personas del entorno cercano “notan la diferencia” de lo que está sucediendo con nosotros.

El primer paso que es preciso dar, es aprender a confiar en uno mismo: esto implica confiar en las capacidades y habilidades que uno tiene. Una excelente forma de hacerlo, es cuando las personas comienzan a desarrollar la autoconfianza en sí mismas por intermedio de los pequeños éxitos que van alcanzando en el camino, en la medida que emprenden el sendero del crecimiento personal, al mismo tiempo que aprenden a confiar –y seguir– las propias intuiciones. Adicionalmente, es preciso que las personas desarrollen una propia opinión acerca de los diferentes temas que nos afectan, una opinión basada en hechos y argumentos que sean objetivos, algo, por lo demás, que no resulta fácil de lograr.

La razón de destacar lo anterior, es muy simple: la gente necesita aprender a discriminar a quiénes entregar –eventualmente– “autoridad” acerca de los juicios y opiniones que puedan emitirse acerca de nosotros, por cuanto, en ocasiones, entregamos autoridad y credibilidad a individuos que, simplemente, no merecen ser escuchados, o cuyo discurso se basa en una suerte de “doble estándar” o doble moral.

Conocido es el caso de aquellos sujetos que acusan a los demás de “no ser capaces de escuchar”, cuando son ellos mismos quienes, en realidad, no escuchan ni atienden razones, o bien, quiénes dicen a los demás que no se puede confiar en ellos, siendo que el que emite el juicio es un sujeto poco confiable. En este sentido, hay que evitar rodearse de aquellas personas que tienden a “refregar” en la cara los favores que ha hecho en beneficio de uno, pero se olvidan –convenientemente– de los favores que, a su vez, han recibido como contraprestación.

En esta misma línea, es importante, asimismo, aprender a no depender tanto de la “aprobación” –o desaprobación- de los demás, ya que eso puede convertirse en un especie de atentado gratuito en contra de nuestra propia autoestima.

En tercer lugar, las personas deben aprender a centrarse en lo positivo: esto significa, que debemos acostumbrarnos a observar –y reforzar– aquellos rasgos y características positivas que tenemos, sin dejar de intentar alcanzar el gran objetivo que tenemos por delante, a saber, superar aquellas debilidades y defectos que también nos definen como persona. Todos los seres humanos –salvo algunos casos fuera de la norma– tienen algo bueno o algo positivo de lo que puedan sentirse bien –e incluso, orgullosos– y sobre el cual construir el proceso de crecimiento personal.

En cuarto lugar –y en forma complementaria con los puntos anteriores– hay que tomar conciencia de los logros personales, por cuanto, una manera de mejorar la imagen personal en relación con el acto de “observar, reforzar y respetar lo bueno”, consiste en hacer consciente los logros que se han alcanzado y, paralelamente, buscar nuevos éxitos en el futuro. A respecto de este punto, la pregunta que debe hacerse la persona en forma consciente es: ¿cuál ha sido mi mayor logro en la vida?, con la finalidad de repetir ese tipo de logros y experiencias.

El paso número cinco, es aprender a evitar las comparaciones, ya que todas las personas son diferentes unas de otras, y todas –en mayor o menor grado–, tienen cualidades, fortalezas, debilidades y defectos. Por lo tanto, aunque la persona se vea a sí misma algo “peor” que otras en algunas cosas, también puede ser “mejor” que otras personas en algunas otras, en función de lo cual, no tiene mucho sentido el buscar compararse con otros individuos, ya que ese acto de evitar las comparaciones nos ayuda a minimizar el riesgo de sentirnos innecesariamente "inferiores" a las demás personas.

En sexto lugar, se hace absolutamente necesario aprender a aceptarse a uno mismo, un aspecto que resulta tan válido para el sujeto que tiene 20 años, como así también para aquél que tiene 40, 50 o 60 años, acerca de si se es gordo o delgado, alto o bajo, si resulta atractivo o no ante los demás, etc. No obstante lo anterior, esto no significa que si la persona está en condiciones de hacer algún esfuerzo por mejorar su imagen o su aspecto personal, opte por la inercia y la autocomplacencia, en lugar de motivarse por ser mejor.

El séptimo paso a dar, es, precisamente, esforzarse por mejorar un poco cada día, por cuanto, una buena fórmula para elevar la propia autoestima, es buscar superarse uno mismo en todos aquellos aspectos con los cuales no se está completamente satisfecho, sea que esto se relacione con el aspecto intelectual, emocional-afectivo, profesional, familiar o social. Los “límites”, en este punto, los debe fijar el propio sujeto, en función de sus necesidades, expectativas y de sus propias motivaciones internas.

El octavo, y último paso a dar en el proceso de crecimiento personal, es aprender a ser consecuente consigo mismo: esto significa que debe haber congruencia entre lo que se dice y lo que se hace, con el objetivo superior de generar seguridad y confianza en uno mismo. Esta misma consecuencia es la que, posteriormente, marca el punto de inflexión para que los demás también puedan confiar en nosotros, y entender que si hemos comprometido nuestra palabra para algún trabajo, acción o actividad, ésta será cumplida y respetada a carta cabal.

Finalmente, busque usted convertir lo negativo en positivo y nunca diga, por ejemplo: “No soy lo suficientemente bueno…” versus “¡Soy bueno en lo que hago y valgo mucho como persona!”, o también, “No tengo nada interesante o importante que decir”, versus “¡Tengo cosas importantes y valiosas que quiero compartir!”. Esto hace una gran diferencia en el proceso de ir recorriendo el sendero del crecimiento personal. Una gran diferencia.

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