Muchísimo ruido, poquísimas nueces

Muchísimo ruido, poquísimas nueces
Por Myriam O. Artista Multidisciplinaria.

Los nuevos movimientos y posturas políticas se dan a conocer alrededor del mundo en segundos gracias a internet. Y sucede que en la medida que sus líderes se muestran, es más fácil descubrir su peso específico como tales. Así comenzó mi investigación en importantes medios internacionales en los cuales leí opiniones de diversas personalidades acerca de un fenómeno incompatible con la libertad de expresión llamado “cancelar”. “Cancelar” es anular a una persona sometiéndola al escarnio público vía redes sociales, por expresar una visión distinta o, porque a ojos de sus jueces, actúa contrariando ciertos lineamientos. Una suerte de “bullying” cibernético. Como consecuencia, dejará de recibir apoyo o muestras de interés en las redes y muy probablemente perderá sus seguidores, su reputación y hasta su trabajo. Y parece increíble, pero alguien también puede ser “cancelado” por su edad.

La explicación que dan los promotores de esta práctica es que las personas mayores —especialmente aquéllos en puestos de decisión— “ya no entendieron” y no hicieron lo necesario, a sus ojos por supuesto, para solucionar determinados conflictos que se han arrastrado en el tiempo. Aunque el resultado de un análisis sobre si quienes nos precedieron trabajaron lo bastante por un mundo mejor razonablemente depende del cristal con que se mire, se preguntará usted cuál edad es esa a la que se refieren. Siga leyendo, lo sabrá más adelante con un ejemplo que daré.

Por otro lado, quienes son puestos en tela de juicio también pueden ser “cancelados” por aquello que, potencialmente, podrían llegar a hacer en el futuro. O a no hacer. Si, en el futuro. Es decir, a pesar de que aún no hacen lo que van, o no, a hacer. ¿Se entiende? Un absurdo a todas luces, o más bien un extraño juego de palabras que ya hemos escuchado en boca de ciertos actores políticos en nuestro país.

Al continuar con mi búsqueda, volví a constatar que estamos frente a una generación que ha producido poco del bienestar social y material que la acoge, pero que no deja de criticar con vehemencia. Asimismo, y no sin cierto alivio, noté que las mismas redes reflejan que son personas ruidosas, pero que en el mundo real, aquel de gente que como usted y como yo tenemos responsabilidades, no encuentran mayor resonancia. Es así que llamó mi atención el caso de un estadounidense menor de 30 años que, en un país de 330 millones de habitantes, tiene repartidos en cinco redes sociales distintas un total de poco más de 36 mil seguidores. Es decir, aunque se le ha otorgado gran tribuna y exposición mediática, quienes “lo siguen” representan un porcentaje ínfimo.

Saque usted la cuenta, simple matemática. Y recordé que hace ocho meses este mismo joven profirió una avalancha de críticas en un importante medio de prensa, en respuesta al ex Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien había manifestado, entre otras cosas interesantes, que la pureza moral que se está exigiendo no es parte de la realidad, que existen las ambigüedades y que personas capaces de hacer cosas buenas (por la sociedad) también pueden tener fallas. El joven respondió a ello diciendo que “los viejos” —he aquí mi ejemplo, Obama tiene 58 años— le temen más al abucheo público vía redes sociales, que al esfuerzo que significaría terminar con situaciones injustas con las que las nuevas generaciones tienen hoy que lidiar. Me parece que sus palabras simplemente indican que no desea hacerse cargo de la realidad que le toca vivir y le pasa la cuenta al de más atrás por no haber facilitado su vida lo suficiente.



Algo interesante es que la acción de “cancelar” nació hace unos años en el ámbito de personas de color, como respuesta a atropellos de los cuales se sintieron objeto, a actitudes reprobables que observaban en artistas mediáticos y, además, respondiendo a alguna marca determinada y su imagen pública. Recuerdo lo ocurrido con dos compañías transnacionales fabricantes de productos de belleza, que cayeron en grandes errores de márketing y sufrieron consecuencias. Porque sí existen temas por los cuales es deseable levantar la voz, como son el machismo, la discriminación y el racismo. Pero coincidentemente, no es necesario ir tan lejos, basta con ver la televisión chilena para notar que muchos comerciales distan de ser socialmente integradores, pues no vemos reflejado en ellos el espectro completo de nuestra sociedad. Es más, luego del 18 de octubre, hubo empresas que buscaron complacer a ciertos grupos solamente. Entonces me pregunto si tendríamos que ponernos en campaña de cancelación también. Candidatos sobran, especialmente en el Congreso. Pero ¿No equivale este actuar a cortarle el teléfono a alguien en plena discusión? ¿No equivale, acaso, a un berrinche o a una muestra de la propia frustración del que condena, a falta de argumentos y atributos para el debate?

Someter a un juicio exagerado e incesante a los actores del pasado, a los del presente y a quienes, aplicando el más puro y gratuito prejuicio, tampoco actuarían en el futuro como algunos grupos desean, es irracional, falto de análisis lógico y más parecido a propaganda política que a una disposición honesta al trabajo por el bien común. Es mi opinión que a estas personas, cuyo ego es de tamaño desproporcionado respecto de sus logros concretos y que insisten en jugar el rol auto asignado de especialistas en crítica social —rol que les queda grande, por lo demás— les agrada en demasía la imagen que tienen de sí mismos como acusadores e impartidores de justicia. Esto sólo demuestra una inmadurez juvenil, más propia del hijo que critica a los padres que de ciudadanos útiles a la sociedad. Muchísimo ruido, poquísimas nueces.


Comunicado de Prensa / Fuente: Myriam O. Artista Multidisciplinaria