¿Cómo expresar el enojo, sin tener que llegar a la agresión física?

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Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


“La espada más aguda, es una palabra pronunciada con enojo” (Buda Gautama, sabio y filósofo fundador del Budismo)

Aún cuando no todos los sentimientos y emociones asociadas a la rabia, la ira, el enojo, etc., deben comunicarse a la persona que nosotros consideramos culpable de nuestra condición de enojo y rabia, sí existen diversas sugerencias –o reglas, si usted quiere– que permiten expresar dichas emociones de una manera más apropiada.

Lo primero que es preciso aclarar, es que los “sentimientos” y las “emociones” no son una y la misma cosa, por cuanto, en psicología y psiquiatría, existe una clara diferencia al respecto de estos dos conceptos.

Cuando se habla de sentimientos, se dice que estos son “estructuradores” y sobre ellos se puede construir una relación de largo plazo, tal como el sentimiento del amor o de la amistad, en tanto que al hablar de emociones, éstas tienden a ser “desestructuradoras” en relación con el estado anímico del sujeto, ya que producen una serie de desequilibrios internos de corto plazo que son desagradables y difíciles de manejar, cual es el caso, por ejemplo, de la rabia, la ira, la cólera, etc. Es decir, son emociones que no pueden sostenerse por mucho tiempo al interior del sujeto, por el riesgo que se corre de producir un grave daño físico, especialmente, a nuestro órgano del corazón.

Una persona, por ejemplo, no podría estar un día entero experimentando durante las 24 horas una emoción como la ira o la rabia, ya que tendría un efecto muy dañino –e incluso mortal– para la salud física y mental del sujeto. En cambio, todo lo contrario sucede con el sentimiento del amor hacia alguna persona –pareja o hijos–, un sentimiento que puede crecer con cada día que pasa, e incrementar el estado de felicidad y satisfacción interna del sujeto.

A continuación, se señalan algunas sugerencias, que permiten expresar el enojo de una persona de una manera, que podríamos describir como “apropiada”:

  1. Busque ser específico: aquellas personas que son el blanco de nuestro enojo, experimentan tensión, angustia y ansiedad, junto con el temor de recibir insultos, el rechazo, e incluso, golpes por parte del sujeto que se siente agraviado, es decir, nosotros. Si el blanco de nuestro enojo sabe con precisión qué es lo que nos ha molestado, el sujeto puede buscar formas concretas para reparar el daño cometido, ya que, cuánto más precisa pueda ser la persona enojada en su molestia, menos amenazante y agresiva –para la autoestima del otro– será el enojo o la ira expresada.
  2. Intente ser coherente: el enojo debe ser expresado, tanto a través de mensaje verbales como así también no verbales (o corporales), por cuanto, sonreír al mismo tiempo que expresamos verbalmente nuestro enojo, tiende a confundir la situación y a quién es el blanco de nuestro malestar.
  3. Verifique los supuestos sobre los cuales usted basa su enojo: independientemente de cuán convencido esté usted de que alguien intentó perjudicarlo, engañarlo o de pasarlo a llevar, usted podría estar equivocado. La recomendación que se puede hacer antes del estallido, es averiguar, qué pudo haber pasado, por cuanto, siempre es factible, que la otra persona no haya actuado de mala fe o con mala intención, ni tampoco imaginar que su acción pudiera generar en otros tal magnitud de enojo y rabia. Puede, incluso, que todo el asunto se reduzca a un simple malentendido y nada más. Se dice, que la prudencia es la madre de todas las virtudes, y el filósofo y pensador Aristóteles, consideraba a la prudencia la clave de todas las demás virtudes, ya que, según este pensador, la prudencia se relacionaba con la práctica de la racionalidad.
  4. Evite la impulsividad: tenga muy presente, que la ira, el enojo o la rabia generan agresión, nos agitan interiormente y nos pueden cegar, lo cual, a su vez, nos puede conducir a hacer o decir cosas, de las cuales, luego podríamos arrepentirnos. Este es el caso, por ejemplo, de aquellas personas, quienes, en un arranque de celos agreden e incluso, asesinan, a sus parejas, en un acto que, posteriormente, no pueden deshacer.
  5. Se debe asumir la responsabilidad por el enojo: aquellas personas que expresan su ira, rabia o enojo, deben indicar a la persona que es blanco de nuestro malestar, el por qué y cuáles son las acciones del otro que nos hicieron sentir que fuimos tratados de manera injusta o indebida.
  6. Hay que ser apropiadamente sensibles: las personas tienden a minimizar el impacto que la ira o la rabia tiene sobre los demás. Los sujetos que son objeto de nuestro enojo, a menudo actúan a la defensiva, ya que se sienten ansiosos y preocupados. En este sentido, no hay una necesidad imperiosa de “recalcar” nuestro malestar para efectos de lograr que los otros nos presten la debida atención.
  7. Evite provocar, a su vez, cólera o ira en la otra persona: si usted expresa su malestar y su enojo por intermedio de comentarios injustos, ofensivos o con insinuaciones fuera de contexto, usted se expone a que la otra persona también se disguste y adopte una actitud agresiva y grosera, situación que puede escalar hasta el punto de dar espacio a una pelea física y no sólo de tipo verbal.
  8. Haga un manejo constructivo del conflicto surgido del enojo: la sensación que usted experimenta de estar bajo una afrenta y ataque personal, no deben distraerlo, ni desviarlo del punto principal, a saber, la solución de la problemática subyacente al enojo, ya que lo más probable, es que antes de que surgiera la molestia, el conflicto o la rabia en contra del otro sujeto, ésta era para usted una persona significativa y valorada. 
Digamos finalmente, que no siempre es posible –ni tampoco deseable– expresar de manera directa nuestro enojo en contra de aquella persona que consideramos “culpable” de nuestro malestar. Es así, por ejemplo, que quizás no sea muy prudente –y ni siquiera práctico– confrontar a un jefe intolerante, a un nuevo cliente algo prepotente, a un colega que está sometido a un fuerte nivel de presión, tensión y estrés y, menos aún, a nuestra propia pareja, por algo de lo cual la otra persona puede que no esté ni siquiera consciente.

Por último, una forma más sana de liberar nuestra ira y enojo, es a través de la realización de algún tipo de actividad física de nuestra preferencia, tal como por ejemplo, practicar deportes, correr, nadar, etc. Asimismo, el acto de golpear un punching ball o saco de boxeo, ayuda a liberar energías, rabias y enojos, y nos evita correr el serio riesgo de dañar físicamente a otra persona, o bien, terminar nosotros mismos lastimados.

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