Gobierno y Ministerio de Salud… como el cura Gatica: predican pero no practican

Mascarillas 3 pliegues
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl - Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)


Si hay algo que resulta ser un puñetazo directo al mentón de las personas y que, además, genera un alto nivel de indignación, rabia y frustración, es observar el nivel de incoherencia –y también de incompetencia– con el que actúan el Gobierno y el Ministerio de Salud, cuyas autoridades lanzan, a diestra y siniestra, amenazas de todo tipo en contra de todas aquellas empresas y personas que no cumplan y no respeten las instrucciones, normas y ordenanzas dictadas por las autoridades, con la finalidad de combatir el coronavirus que azota a nuestro país: multas de hasta 50 millones de pesos, cárcel para los que no cumplan las cuarentenas, multas para las personas que no guarden la distancia física, clausura de locales, negocios y centros de atención si no respetan la normativa de “una persona por cada 10 metros cuadrados”, etc., etc.

Sin embargo, si una persona –por una necesidad imperiosa y obligado por la misma ley– debe asistir a las Oficinas del Registro Civil para obtener la –ahora maldita– Clave Única y hacer otros trámites, se encuentra con grandes aglomeraciones de personas y con filas interminables de gente de todas las edades, sexo y clase social esperando por un servicio digno, donde las autoridades se pasan por el forro la norma de una persona por cada 10 metros cuadrado.

Es decir, tenemos a cientos de ciudadanos apiñados como animales en corrales estrechos esperando desde tempranas horas de la madrugada para poder ingresar a recintos atestados de personas y poder hacer un ¿bendito? trámite. Ni siquiera mencionemos el hecho de que nadie se digna responder cuando las personas llaman por teléfono. Entonces… ¿para qué diablos publican los números de teléfono en Internet y guías telefónicas, si nadie va a responder los llamados?

En este sentido, genera mucha impotencia ver que algunos de estos ciudadanos superan los 65 años y que apenas pueden sostenerse en pie frente a las oficinas, para qué señalar que tenemos a mujeres haciendo filas con coches de guagua, en tanto que algunas de ellas están embarazadas y otras andan con un bebé en brazos y otro niño colgado de su falda, esperando por horas –y a la intemperie– para hacer un solo y maldito trámite, porque, definitivamente, la BURROcracia, la incompetencia y la falta absoluta de proactividad reinan y se han adueñado de nuestro querido Chile: hoy, llegar tarde a todo, se ha vuelto el gran deporte nacional.

Las preguntas que surgen de todo esto: ¿se autoaplicará el Gobierno y el Ministerio de Salud las millonarias multas proclamadas a los cuatro vientos por no respetar la propia normativa? ¿Procederá a la clausura y el cierre de todas las oficinas del Registro Civil y de CHILEATIENDE por estar atestadas de gente y ser un gran foco de infección a nivel nacional? ¿Harán los sumarios sanitarios y meterán en la cárcel a los directivos irresponsables que permiten que, día tras día, se produzcan grandes aglomeraciones de público frente a sus oficinas que quieren hacer un trámite claramente BURROcrático, sin que se respete la norma de “una persona por cada 10 metros cuadrados” so penas del infierno?

Los centros de atención de CHILEATIENDE y del Registro Civil se han vuelto entidades que sólo producen rechazo y, hoy en día, además, generan mucho miedo y temor a contagiarse de COVID-19.

Para qué hablar de lo sucedido en el Hospital Base San José de Osorno: una Institución pública que debería haber sido el gran ejemplo a seguir y haber llevado el liderazgo en cómo prevenir focos de infección y evitar el contagio de personas que nunca debieron haber sido contaminadas, ni menos aún, haber fallecido. Hoy, el Hospital Base se ha convertido en una entidad que, lamentablemente, ha perdido la confianza de la ciudadanía y que tiene a cientos de funcionarios públicos, médicos, enfermeras y pacientes contagiados de coronavirus, o bien, encerrados en cuarentena. Un extraordinario ejemplo de “eficiencia y eficacia” pública.

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