Parlamentarismo: Desconcentración del poder y gobernabilidad paritaria

Diego Gerter Rojas
Por Diego Gerter Rojas, Convergencia Social.

Hay quienes proponen el sistema semipresidencial como un camino sensato en el tránsito hacia una mayor democracia y desconcentración del poder sin “caer” en el parlamentarismo. Sin embargo, desde mi punto de vista, el sistema semipresidencial nos dejaría en el peor de los mundos.

A imagen y semejanza de la idea portaliana del Estado, hoy aún tenemos un sistema de gobierno con el poder concentrado en una figura “fuerte” que es el Presidente de la República, quien no tiene contrapeso en el Estado, relegando a un nivel secundario a los representantes directos de la ciudadanía que son los parlamentarios.

Los cambios al régimen político que se van a incorporar en la nueva Constitución, con los cuales esperamos se avance hacia una mejor democracia, deben tener en consideración que a mayor concentración del poder, menor es el grado de intervención de los ciudadanos en la determinación de las políticas públicas. Si lo que buscamos es tener una República Democrática madura para los próximos 40 años, entonces debemos pensar en avanzar en desconcentrar el poder.

Tras el 18 de octubre de 2019 nos encontramos en la encrucijada que representa el enfrentamiento de poderes Ejecutivo y Legislativo, respecto a qué rumbo deben seguir las políticas públicas. ¿Aquellas que demanda la población producto de la crisis o las que intenta imponer el Ejecutivo en línea con lo que fue su programa de gobierno?

En el actual sistema los parlamentarios no tienen iniciativa de ley en materias que representen gasto fiscal. Es decir, sus atribuciones en la materia están circunscritas únicamente a la aprobación de las propuestas del Ejecutivo. Por otro lado, en situaciones de crisis extrema como la que se vive desde la revuelta social y el Coronavirus, el Gobierno tiene plenas facultades constitucionales para adoptar medidas que protejan su posición, aun cuando éste esté cuestionado por la mayoría de la población, restringiendo el derecho al libre tránsito y la libertad de reunión durante el plazo de un año. En la práctica puede gobernar de espaldas a la ciudadanía y con los oídos tapados mientras ejecuta políticas públicas que no cuentan con el apoyo ciudadano.

En el sistema parlamentario, ante una crisis mayúscula como la que señalamos, el Parlamento tiene no sólo la facultad sino el deber de formar un nuevo gobierno que dé respuesta a las necesidades de la ciudadanía. Pero la razón más importante para inclinarme por el sistema parlamentario es la necesidad de que el país avance en forma decidida hacia los cambios, para lo cual es crucial que el Ejecutivo y el Legislativo no estén entrampados, como lo están actualmente, ya que el Ejecutivo tiene minoría en ambas cámaras, sino también porque la base del sistema parlamentario es un acuerdo amplio para formar un gobierno, que va más allá de los bloques minoritarios. De esta manera la gobernabilidad está determinada por la estabilidad de los acuerdos programáticos, asegurando de esta manera su avance y mayor eficiencia legislativa.

Hay otro elemento interesante en el parlamentarismo y que bien puede ajustarse a la realidad que estamos viviendo. Si se incorpora la paridad en el poder legislativo en la nueva Constitución, tendremos la posibilidad de que la decisión de quién conformará el Ejecutivo esté en un 50% sobre las mujeres parlamentarias electas. Hay quienes proponen el sistema semipresidencial como un camino sensato en el tránsito hacia una mayor democracia y desconcentración del poder sin “caer” en el parlamentarismo. 

Sin embargo, desde mi punto de vista, el sistema semipresidencial nos dejaría en el peor de los mundos ya que se mantendría la lógica de la elección separada del Presidente de la República y el Parlamento. Aun cuando la nominación del Primer Ministro deba ser aprobada por el poder legislativo, este último tendría la posibilidad, si es que tuviera una mayoría opositora al Presidente electo, de remover al Primer Ministro con el único incentivo de asestar golpes políticos al sector oficialista, práctica que se repetiría ad eternum como venganza.

Hoy día el régimen parlamentario es adoptado por la mayoría de los países de Europa central (Alemania, Suiza, Austria, República Checa e Italia) y Escandinavia (Dinamarca, Suecia y Noruega), en su variante monarquía parlamentaria, mientras que el sistema semipresidencial es adoptado en países como Francia, Portugal y Rusia.