Responsabilidad Social Personal (RSP)

Dr. Ricardo R. Vega Bois
Por Dr. Ricardo R. Vega Bois - Académico Universidad de Los Lagos

El concepto de Responsabilidad Social Personal o Individual existe desde hace mucho tiempo, siendo una de sus definiciones más clásicas la que indica que no es más que la conducta ética del ciudadano para consigo mismo y con su entorno, y va mucho más allá del cumplimiento de las obligaciones legales, está relacionada con nuestra actitud en el hogar, con nosotros mismos, con nuestra familia, con nuestros amigos, con el ambiente, con el trabajo, con nuestros vecinos y con la sociedad (Puterman, 2011).

Siempre ha sido común referirse a Responsabilidad Social Empresarial (RSE) o la responsabilidad de grandes corporaciones (RSC), incluso las universitarias (RSU), estando la idea que es un tema de organizaciones, “de otros” y no nuestro, lo que es un error.

En plena pandemia se invoca a un comportamiento individual y social específico, como una forma de controlar o al menos aminorar sus efectos, siendo por ende un importante llamado a la adecuada asunción de nuestras responsabilidades sociales personales, debiendo ser una manifestación aplicada de valores y una guía coherente de acción. Habiendo dicho aquello cabe preguntarse por qué existe reiterado incumplimiento de lo que racionalmente se nos solicita.


Si analizamos los componentes de la RSP nos encontramos con el primer paso, que es la autorresponsabilidad, es decir fomentar el crecimiento personal, cuidar el entorno de contacto, fomentar acciones positivas, buenos modales y sonrisa amable, dar las gracias, pedir por favor, decir buenos días, etc. No debiera ser difícil de cumplir.

En segundo orden, encontramos la responsabilidad económica personal, que se orienta al consumo responsable y medido, prefiriendo los productos más sustentables de ser posible y privilegiar producción local, idealmente de mi propio barrio o sector.

Le sigue la responsabilidad social individual propiamente tal, que se manifiesta en el comportamiento en el cual se evidencia coherencia entre el discurso y la acción, aplicando en el día a día comportamientos conscientes de sus resultados positivos o al menos contributivos.

Cierra esta nómina la responsabilidad personal medioambiental, la que no debe ser sólo un discurso, sino, muy ligado a lo anterior, actuaciones dentro de lo posible en cuidado del medio ambiente, ya sea reciclando o prefiriendo a quienes contribuyen a aquello.

Tenemos estos cuatro elementos constitutivos de la RSP, autorresponsabilidad, responsabilidades económicas, sociales directas y medioambientales. En plena pandemia quizás podríamos justificar el no cumplimiento de responsabilidades económicas, pero no la autorresponsabilidad, dejando incluidas en este gran concepto las anteriores.

Así planteado, es difícil entender el comportamiento de algunas (muchas) personas que contrario a lo que se espera en esta situación sanitaria de emergencia, actúan sin cuidado e irresponsablemente. Para tratar de entender encontramos que Berman (1997), afirma que la formación de la RSP implica un proceso que la vincula al desarrollo de la personalidad. En este proceso intervienen modelos: padres, profesores y personas significativas; las relaciones cooperativas y nutritivas con otros; la toma de perspectiva y la toma de postura en el diálogo con otros; el aprendizaje y acompañamiento en los conflictos reales (Flanagan, Bowes, Jonsson, Csapo & Sheblanova, 1998).

Podemos concluir de manera arbitraria, que es un problema formativo, en el cual intervienen la familia, profesores y personas influyentes, además de las enseñanzas previas de actuación de otros interactuantes en conflictos reales y es aquello, no las personas en particular, las que han fallado…como para revisar si lo estamos haciendo bien en la formación de nuestros niños y jóvenes, podemos estar en la trinchera de la crítica o en la de la acción formativa positiva, siempre podemos escoger con Responsabilidad Social Personal.

Comunicado de Prensa / Fuente: ricardo.vega@ulagos.cl