Del relato a la calle: Mi experiencia en la campaña a Constituyente

Mi experiencia en la campaña a Constituyente
Por Sergio Willer Daniel, Candidato Independiente a Constituyente por el Distrito 25 en Lista Vamos Por Chile

  • No tardé en comprender que el relato con el que salimos a la cancha era absolutamente insuficiente para superar el 40% que los ideales de la libertad representaron en el pasado reciente (…) Los problemas de las personas son mucho más cotidianos que lo que los pensadores del sector creen, siendo educación, salud y la incertidumbre en el desafío de alcanzar vejez digna, los que más duelen.
  • Vi en sus ojos el desengaño, la rabia y la nula posibilidad de que creyeran en nuestras ideas, porque no sienten que el sistema les haya abierto las puertas de manera proporcional a su esfuerzo. El profetizado “baile de los que sobran” de los 80, hecho realidad en carne propia en jóvenes que ni siquiera nacían para el Plebiscito del 88.


Al igual que la mayoría de los adherentes de los ideales de la libertad, sostuve desde un inicio que existe un sistemático error a la hora de defender los principios sobre los cuales se construyó el Chile de los últimos 40 años. Soy, en definitiva, parte de quienes creyeron que el problema que sentó las bases de la violencia del 19 de octubre de 2019 fue que nosotros dejáramos crecer las ideas provenientes de los regímenes socialistas que cayeron con el Muro de Berlín en 1989 o del Socialismo Latinoamericano que sucumbió con Venezuela en 2015. Fue por ello que quise dejar de ser un espectador y pasar de la galería a la cancha, siendo candidato a Constituyente Independiente por Vamos Por Chile en el Distrito 25.

Aprendí de esta experiencia reciente que los ideales de nuestro sector se defienden en la cúpula de partidos y centros de pensamiento que funcionan con capacitaciones de campaña express, nutridos fundamentos teóricos, datos y gráficos por montón. ¿Faltaba relato? Contrario a lo que creía, no. De hecho, más bien sobra material: cuentas Twitter que seguir, videos, columnas semanales en los principales diarios, estudios para profundizar contenidos e incluso hilarantes Memes. No hubo documento de apoyo en que no se nos insistiera la necesidad de remarcar que en 30 años se redujo la pobreza desde más de un 60% a sólo el 8% y que somos líderes en el ránking de Índice de Desarrollo Humano a nivel regional, en definitiva, los “jaguares de Latinoamérica”.

Me propuse recorrer el distrito, de norte a sur y de mar a la cordillera. No faltó ninguna de las 12 comunas por recorrer, con el único objetivo de conocer y escuchar las necesidades de la mayor cantidad posible de personas, para señalarles cómo nuestras ideas pueden ayudar a solucionarlas. No tardé en comprender que el relato con el que salimos a la cancha era absolutamente insuficiente para superar el 40% que los ideales de la libertad representaron en el pasado reciente. Aún cuando desarrollamos propuestas específicas, como por ejemplo, darle mayor cantidad de recursos y autonomía a los municipios, ya que son la primera puerta que tocan los vecinos. Sin embargo, los problemas de las personas son mucho más cotidianos que lo que los pensadores del sector creen, siendo educación, salud y la incertidumbre en el desafío de alcanzar vejez digna, los que más duelen. Es así como si bien en nuestros gráficos tenemos que entre 1950 y 2010, la matrícula en educación superior en Chile se multiplicó por cien, en las poblaciones me encontré con abogados, arquitectos e ingenieros que nunca pudieron trabajar en lo que estudiaron y otros que, si bien lo hacían, tenían ingresos bajísimos y estaban endeudados para vivir, incluido el crédito universitario que, irónicamente, lleva el nombre de CAE. Vi en sus ojos el desengaño, la rabia y la nula posibilidad de que creyeran en nuestras ideas, porque no sienten que el sistema les haya abierto las puertas de manera proporcional a su esfuerzo. El profetizado “baile de los que sobran” de los 80, hecho realidad en carne propia en jóvenes que ni siquiera nacían para el Plebiscito del 88.

También teníamos gráficos y el ejemplo de nuestra respuesta ante la Pandemia para sustentar el buen pie de la salud, pero en Corte Alto me encontré con don Hernán Moraga, quien esperaba desde hacía ocho años por una cirugía de cadera. Como paliativo, sin embargo, le entregaban tres pastillas para el dolor al mes, para que no se hiciera adicto, según entendió. ¿Cómo podía ser? Bueno, el sistema se concentra en las patologías graves y los demás quedan a la cola de la lista. Mientras lloraba de pie frente a mí, no encontré ninguna solución en mis sesudas carpetas de los institutos. Le había pedido el voto minutos antes, pero ni siquiera tenía cómo movilizarse para llegar a su local.

Tengo claro que la mayoría de los que visité no fue a votar. Su desilusión es tan profunda que ya ni siquiera creen en la democracia y eso es muy preocupante, porque de verdad siento que Chile es de todos y no de unos pocos.

Nuestros líderes se autoconvencieron y nos convencieron de que el problema era que “nos fuimos quedando en silencio” y que lo que se requería era un mayor esfuerzo retórico. Nos convencieron que el crecimiento de las ideas del socialismo latinoamericano, muy distinto a la social democracia europea, se debía a una estrategia de redes sociales y discursiva que debíamos combatir en ese terreno. No, no es así: la gran diferencia es que un modelo está proponiendo una visión de futuro -independiente de que no vaya a funcionar- y nosotros creemos que basta con decirle: “¡pero mira lo pobre que tú y tu familia eran antes!”, es decir, cuánto han escalado en la pirámide de la movilidad social.

En 2018, el Foro Económico Mundial calculó que hacia 2023 desaparecerían 75 millones de empleos producto de la automatización. Al mismo tiempo, surgirían otros 133 millones de nuevos roles, pero para que algunos de estos se crearan en nuestro país, había que tomar medidas para evitar “un indeseable escenario en el que todos pierdan” es decir, desempleo masivo, escasez de talento y una creciente desigualdad. ¿Hemos hecho algo como país para adelantarnos a esto? No. Seguimos creyendo que la cancha está en defender la transición de los 90 y todo lo existente a partir de ello, en vez de señalar cuáles son nuestras ideas para que Chile entre de la mejor forma posible a la cuarta revolución industrial. Y que los de la “derecha social” no saquen cuentas alegres de este reconocimiento diciendo “yo dije que había que lanzar más plata a la calle”: el problema no es quién tira más dinero, sino quien ofrece una nueva mirada de futuro que le haga sentido a todos, en otras palabras, un camino para que transitemos juntos, sin descuidar a los que se han ido quedando atrás. La meta de este camino es de sentido común y no tiene color político.

Tampoco me compro el discurso de la Lista del Pueblo, del Partido Comunista y buena parte del Frente Amplio: odiando a más de dos tercios del país, desde la derecha al PPD y al Socialismo, no se puede construir un futuro donde quepamos todos.

Soy un agradecido de la vida por haber tratado de representar a nuestra gente. Agradezco todo el fondo teórico que encontré en frases para el bronce de Kaiser, Herrera, Mansuy, Ortúzar, Bellolio y un cuanto hay de nuevos intelectuales, pero ya está bueno. Por muy desprestigiado que esté el cosismo -manera peyorativa con que se acusa a quienes intentan resolver los problemas concretos de la gente-, debemos asumir que un proyecto que no se haga cargo de la incertidumbre futura, no puede llamarse proyecto.

En los 80, siglo pasado que se rehúsa a quedar atrás, la izquierda comprendió que los socialismos reales llevaban a los países a la ruina y estuvo disponible para desarrollar una economía social de mercado. Hoy, somos los defensores de las libertades los que debemos asumir que si bien nuestro proyecto llevó al país a lo que identificamos como su mejor momento, no hemos tenido las respuestas para los nuevos desafíos.

Vendrán nuevamente “los cultores de la quilla” a decirnos que si no hay una defensa férrea de las ideas, no quedará nada. Lo cierto, sin embargo, es que si bien la quilla es una parte crucial de la estructura de la embarcación para mantener el curso trazado, un capitán soberbio puede llevarla derechito y a toda velocidad contra un iceberg. Llegó la hora de crecer como sector y para ello, es necesario dar espacio a los jóvenes. No puede ser que sigamos recurriendo a los mismos que estuvieron en la Franja del Plebiscito del 88, cuando aún no existía internet ni celulares.

Creo que el futuro del proyecto de las libertades, que para nuestros jóvenes no sólo tienen que ver con la propiedad y el emprendimiento, ya que comienza desde el propio cuerpo, el ser humano en su conjunto, no está en los centros de pensamiento del sector que llevan al menos una década de movimiento sin avance, luego de que se instalara la idea de que todo era un simple problema de relato. Sí creo que hay esperanza en esos cientos de candidatos a concejales que estuvieron dispuestos a ir al encuentro de las personas, cargando el peso de la marca de los partidos de centroderecha. Desde allí se debe construir un ideario que nos vuelva a conectar con las personas, en un proyecto que demuestre que la sumatoria de libertades y un Estado al Servicio de la gente, los pueden llevar a un mejor futuro que un Estado Omnipresente.

Seguiré aportando desde donde se me pida, especialmente, para que nuestros representantes surjan de las bases de los sectores que queremos representar, para que dejemos de caer como seres iluminados cada cuatro años en sus barrios y casas. En el ámbito de los gremios, debemos acelerar la inclusión de jóvenes, como asimismo, buscar un diagnóstico más acabado acerca de cómo están los trabajadores que colaboran en nuestras empresas y sus familias. ¿Cómo están las oportunidades laborales de sus hijos? ¿Cómo podemos ayudarles a crecer? En fin. ¿Cómo podemos seguir haciendo una gran Patria de la que todos se sientan orgullosos, como me sigo sintiendo yo?

Me quedo con una frase que me llegó hoy: “aún nadie sabe a dónde conduce el camino. Ya lo veremos. No construyamos realidades terribles con las palabras”.