Columna: Yo dudo, tu dudas... Nosotros dudamos

Obra de Rodin
Por Myriam O, Artista Mutidisciplinaria.

El pensamiento crítico parte de la duda. Por eso hoy quiero compartir algunas de las mías con ustedes, con la esperanza de que juntos intentemos comprender qué está sucediendo en Chile y en tantos otros países. Los invito a reflexionar, y a que cuando crean haber hallado una respuesta, piensen en una segunda alternativa. Es lo que hago yo. Únicamente descartando las explicaciones simples, veremos algo de luz al final del túnel.

¿Por qué las autoridades, las mismas que no vacilarían en enviar tropas y civiles a una guerra, están desesperados por evitar que esas mismas personas se contagien con un virus que, como cualquier otro, es solo potencialmente mortal?

¿Por qué es en el Congreso chileno, allí donde deciden por nosotros escudados en la falaz y manida frase “todo Chile quiere”, por qué es justamente allí donde encontramos una mayoría miserable, ignorante, traicionera, mala clase, poco proba, anti-chilena, adicta a los disfraces y a otras vainas, que solo ambiciona poder, dinero, y continuar siendo mantenida por el resto del país?

Si a los políticos les importara tanto la educación de niños y jóvenes, como falsamente dicen, ¿por qué no han velado para que todos tengan acceso a ella durante esta pandemia? Muchos estudiantes no cuentan con los medios para una buena conexión a internet, o viven en zonas apartadas.

Y respecto de lo que es o no imprescindible, ¿quién conoce mejor cuáles son nuestras necesidades esenciales? ¿El Estado y los políticos, o cada uno de nosotros en particular?

¿Por qué el canal de televisión La Red dio tribuna a un criminal, ladrón y asesino condenado, que no solo ha delinquido en Chile, sino también en otros países, para que lloriquee desde su celda? En vez, podrían haber realizado un reportaje sobre el esfuerzo titánico que están haciendo miles de jefes de hogar honestos, que han perdido sus trabajos gracias a las restricciones sanitarias y que, a pesar de ello, no califican para bonos de ningún tipo. Claro, no son criminales.

Y hablando de cesantía, ¿por qué la industria turística y los millones de trabajadores que directa o indirectamente dependen de ella, parecen no tener igual importancia para el Estado que empresas y trabajadores de otros rubros?

A propósito, ¿por qué los grupos ecologistas —que han ganado fuerza gracias a la forma como se ha manejado esta pandemia— insisten en decir que la industria aeronáutica contamina en un porcentaje mucho más alto que en la realidad? La huella de carbono que genera corresponde en proporción a un 2,5% del total global de emisiones. Las líneas aéreas están semi detenidas en todas partes, pero la minería, por el contrario, trabaja las 24 horas del día, todos los días del año, en Chile y en todo el mundo, hasta que agotan los recursos naturales. Ni hablar de su huella de carbono.

Y no puedo evitar preguntarme, ¿no es extraño que hayan salido al mercado tantas vacunas de diversos laboratorios y procedencias, mientras no se ha invertido un solo peso en desarrollar un antiviral? Cuando me contagié en la pandemia anterior, comprobé que el antiviral correcto es un tratamiento efectivo e imprescindible. Pero las vacunas contra el COVID-19 son, en realidad, experimentales. La prueba está en que hay quienes se han contagiado luego de recibir ambas dosis. Otros, han sufrido efectos secundarios gravísimos. Por su parte, el MINSAL advierte que “las vacunas contra el #COVID_19 no se deben administrar a personas con antecedentes conocidos de alergia aguda grave (anafilaxia)”.

Entonces, ¿será momento de cambiar la definición de vacuna? Busquen en el diccionario, pues hasta la fecha, ellas significaban inmunización. Sin embargo, estas contra el COVID-19 vienen con la indicación opuesta.

En similar contexto, ¿por qué se ha tratado este virus como si las enfermedades verdaderamente mortales no existieran? El cáncer mata tanto a niños como a adultos, y a más del doble de personas que el COVID, todos los años y en todo el mundo, sin distinción entre países ricos y pobres.

Otra cosa, ¿no es raro que los medios, respaldados por las autoridades, realicen verdaderas campañas publicitarias induciéndonos a no salir de nuestro hogar y a hacer las compras por internet, utilizando el sistema de delivery? ¿Acaso los repartidores son inmunes al COVID?

Y a propósito, ¿no es de dudosa moralidad que uno de los nuevos gurús sociales provenga justo del mundo tecnológico y, que por añadidura, diga saber el cómo y el cuándo de estas cuestiones sanitarias?

Algo curioso es que tanto el Estado como los medios de comunicación insistan en hablar en términos de unidades y no de porcentajes, cuando se trata de describir el número de contagiados o de fallecidos por COVID. ¿Por qué? Si se publicaran los porcentajes, nuestra percepción sobre el impacto en la población sería más realista.

Y, ¿por qué las pocas voces disidentes que se alzan contra las medidas restrictivas que se han tomado son objeto de verdaderas persecuciones de parte de los nuevos dueños de la verdad moral y, ahora, sanitaria?

En fin, me temo que ante tantos vacíos y contradicciones mis dudas subsisten. Lo que sí tengo claro es que un 30% de la población mundial se empobrece cada día más gracias a las mentadas restricciones. 

En tanto, las ideologías de carácter totalitario —como aquellas de extrema izquierda— se han visto muy fortalecidas, pues se ha ejercitado con éxito el poder de dominio y control sobre las masas, típico del fascismo. El gran problema es que son dichas ideologías las que atentan directamente contra nuestra libertad e individualidad, es decir, contra la esencia misma del ser humano.

¿A qué conclusión han llegado ustedes?