▶️Cuando las crisis –personales o nacionales– nos conducen a la desesperación

▶️Cuando las crisis –personales o nacionales– nos conducen a la desesperación
Dr. Franco Lotito C. Académico, escritor e investigador (PUC-UACh) – www.aurigaservicios.cl





“La primera obligación del ser humano es ser feliz. La segunda obligación es hacer feliz a los demás”
(Mario Moreno “Cantinflas”, gran actor y comediante mexicano).

Una crisis se define como el “reconocimiento súbito de presiones que se han ido acumulando durante largo tiempo, que suele ser la culminación de una serie de cambios y de situaciones inesperadas y/o negativas que en el momento menos imprevisto hacen explosión”, especialmente, cuando el sujeto quiere abarca más cosas –o desafíos– de los que puede manejar y que lo hacen sentir agobiado y muy estresado.

El Dr. Jared Diamond, biólogo, fisiólogo evolucionista y biogeógrafo, ha publicado una serie de artículos y libros donde trata diversos temas que afectan al ser humano, tanto a nivel personal, como así también en un nivel más macro, como lo es, por ejemplo, el caso de aquellos países que son sacudidos por diversas crisis nacionales –ya sean políticas, económicas o sociales–, al punto de llevar a la nación al borde de un precipicio. De acuerdo con este investigador, así como de numerosos psicólogos y psiquiatras expertos en el “manejo de crisis”, tales como las investigadoras María Isabel Rendón, Jessica Agudelo y el psiquiatra español Dr. José Luis Rivera, existe una serie de factores que inciden en cómo terminan –o continúan– las crisis personales, dependiendo de cómo reacciona la persona, así como de las medidas que tome el sujeto. Revisemos algunos de estos factores:
  1. Capacidad de reconocer que una persona se encuentra en una situación de crisis: esta es la variable más relevante para que un individuo decida iniciar una terapia de crisis. Si no se produce este reconocimiento –“¡Tengo un problema!”–, el sujeto jamás acudirá a un especialista en crisis y tampoco estará en condiciones de gestionar él mismo la crisis que lo afecta. Por lo tanto, mientras una persona no admita –o no se dé cuenta– que está viviendo una crisis, no se producirá ningún progreso en la resolución del dilema que lo afecta.
  2. Ser capaz de aceptar la responsabilidad personal: no es suficiente con reconocer que se tiene un problema, sino que además hay que evitar caer en la autocompasión y de acusar y/o achacar el problema a terceros, por cuanto, la autocompasión o la adopción del papel de “víctima” están consideradas como las excusas más recurrentes que entregan las personas, con la finalidad de no hacerse cargo de sus propios problemas personales. Por lo tanto, si quiero que la situación se modifique, la postura correcta es: “Es responsabilidad mía hacer que las cosas cambien, modificando mi propia conducta, así como mis actitudes y reacciones”.
  3. Establecer límites o construir una suerte de cerca en torno a la problemática: una vez que el sujeto ha sido capaz de reconocer que hay una crisis en marcha y que ha aceptado la cuota de responsabilidad que le cabe en la resolución de dicha crisis, el paso siguiente consiste en identificar y delimitar claramente el (o los) problema(s) que hay que resolver. Si no se consigue dar este paso, el sujeto puede terminar viéndose a sí mismo como “un fracasado total” y caer en una suerte de parálisis. Las preguntas necesarias de hacer son: (a) ¿qué cosas de mi mismo(a) están funcionando bien y no es necesario cambiar? (b) ¿Qué cosas deben –y pueden– ser desechadas y sustituidas por algo nuevo? En base a esto, proceder.
  4. Pedir ayuda a los demás: la gran mayoría de las personas que han pasado por un crisis y que han logrado salir de ella, han podido darse cuenta acerca del valor que tiene el recibir apoyo emocional y/o material de las amistades o de grupos de apoyo institucional en el manejo de crisis: el amigo(a) que nos acoge, escucha con atención lo que nos sucede y que nos brinda el apoyo que necesitamos en ese momento; el acudir a un centro especializado o clínica terapéutica, porque se es consciente de que se necesita ayuda por parte de un experto en manejo de crisis.
  5. Observar y estudiar cómo lo han hecho otras personas ante el mismo dilema y adoptar el modelo que les dio éxito: el hecho de conocer a una persona a la cual le tocó enfrentar una situación similar, representa una gran ventaja, puesto que constituye un modelo de habilidades y experiencias útiles de cómo gestionar y resolver el problema que nos aqueja y que uno puede imitar y/o adaptar al dilema que está enfrentando.
  6. La fuerza del yo (o del ego): esta fuerza está relacionada con la confianza que se tiene en uno mismo. Lo anterior implica conocerse a sí mismo, el haberse fijado objetivos, de aceptarse tal cual uno es, de verse como una persona autónoma, independiente, con orgullo y que no depende de los demás para obtener su aprobación o para poder sobrevivir. Esta fortaleza está, asimismo, vinculada a la capacidad para tolerar emociones fuertes, mantenerse focalizado en el problema bajo condiciones de estrés, saber expresarse libremente, percibir la realidad tal cual es y sin distorsión y, finalmente, ser capaz de tomar decisiones sensatas y acordes con la situación que se está enfrentando.
  7. Autoevaluación honesta y realista: para que un individuo que atraviesa una crisis pueda estar en condiciones de tomar buenas decisiones, resulta ser un factor clave el ser capaz de realizar una autoevaluación honesta, aún cuando esta evaluación resulte ser dolorosa acerca de las propias fortalezas y debilidades, de aquellas cosas que funcionan bien y de las que no funcionan, por cuanto, sólo bajo estas condiciones la persona será capaz de implementar los cambios que le permitirán superar la crisis que está enfrentando.
  8. Tener paciencia: un aspecto importante en la superación de una crisis, es la capacidad de tolerar la incertidumbre, la ambigüedad y los fracasos en relación con los primeros intentos de implementar los cambios. La razón es muy simple: es altamente posible que la superación del problema requiera de varios intentos y que la persona ensaye distintas formas y fórmulas para resolver la crisis y verificar si estas fórmulas son compatibles con la personalidad del sujeto, hasta que se encuentre una solución que sea funcional y ad hoc a la crisis.
  9. Flexibilidad: en el proceso de implementar los cambios que se han seleccionado, un aspecto que puede ser muy ventajoso, es el hecho de tener –y/o desarrollar– una personalidad flexible, en contraposición con una personalidad rígida e inflexible, por cuanto, en este último caso, dicha personalidad puede ser un gran obstáculo en la resolución de la crisis y el resultado puede ser completamente negativo, especialmente, cuando el sujeto piensa que existe sólo una forma de hacer las cosas: la “manera” del propio sujeto.
Digamos finalmente, que el conjunto de todos estos factores –sobre los cuales han investigado y escrito diversos expertos en el tema–, cuando se unen a los valores personales del individuo que atraviesa por una crisis, pueden ser de gran ayuda: rectitud, responsabilidad, honestidad, solidaridad, sinceridad, etc.



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