Redistribución del poder

José Luis Widow
Por José Luis Widow. Decano Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de los Andes.

Sr. Director,

Ha comenzado a discutirse el papel que el Banco Central tendrá en el nuevo ordenamiento jurídico. La discusión de este tema, entre muchos otros, es una muy buena ocasión para que los convencionales muestren una virtud fundamental del buen político y así preparen también la senda para que los futuros servidores públicos la practiquen: se trata de la desconfianza que el político debe tener hacia la concentración de poder en sus propias manos y, su otra cara, que es la confianza en los ciudadanos, sus comunidades y sus instituciones para tomar decisiones.

El programa de gobierno del Presidente electo señala expresamente: “El centralismo es un problema para Chile y hoy tenemos una oportunidad para impulsar una descentralización cuyo horizonte sea la redistribución de poder y un desarrollo territorial equitativo que tenga en cuenta la diversidad territorial del país”. Coherentemente con esta idea, los puntos sobre “Descentralización y Gobiernos Regionales” y “Poder local y Municipios” parecen apuntar, aunque tímidamente, en la dirección correcta. En general, las opiniones sobre el Banco Central también parecen bien encaminadas.

Sin embargo, la Convención y el programa de gobierno, en muchas otras materias van en la dirección opuesta, pues imponen un solo modelo de vida a toda la sociedad. El buen político desconfía de la acumulación excesiva de poder en sus manos, porque conoce sus propias limitaciones para determinar aspectos particulares de la vida de los ciudadanos y porque reconoce que estos deben tener las libertades y poderes necesarios para hacer andar sus propios proyectos y comunidades.

Es de esperar que los políticos —convencionales, parlamentarios o del Ejecutivo— practiquen la virtud que pone medida a su propio poder. Es difícil, pero lo último que se pierde es la esperanza.


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