Sin libertad de elegir la inclusión se vacía

Loreto Kemp Oyarzún
Por Loreto Kemp Oyarzún, Directora Ejecutiva Planeta Inclusivo.

Hemos logrado avances importantes en inclusión. Pero cuando se entiende mal, se implementa sin rigurosidad técnica y se vuelve rehén de una mirada ideológica, el resultado es alarmante ya que retrocedimos en aprendizajes fundamentales.

Hoy, miles de niños no comprenden lo que leen, no resuelven operaciones básicas y no logran interpretar el mundo que habitan. ¿De qué sirve una educación inclusiva si no garantiza aprendizajes? La inclusión no se trata solo de mantener la asistencia a clases, sino de asegurar trayectorias educativas exitosas, pertinentes y sostenidas en el tiempo.

En nombre de la igualdad, se eliminó la selección y se impuso la tómbola. Pero no se fortalecieron los pilares fundamentales, la calidad de la enseñanza, la formación docente continua y los apoyos especializados. Se instaló un modelo rígido que desconoce la diversidad real de los estudiantes, tratándolos como si hubiera un techo, cuando en realidad hay talentos, ritmos e intereses distintos. Se confundió equidad con uniformidad y se terminó nivelando hacia abajo.

Una educación verdaderamente inclusiva requiere proyectos educativos diversos, con altos estándares de accesibilidad, exigencia y acompañamiento. Colegios con proyectos educativos científicos, artísticos, deportivos, técnicos, académicos. Necesitamos liceos de alto rendimiento y escuelas que abracen formas de aprender no tradicionales. No todos los estudiantes son iguales, y reconocerlo es clave para una educación de calidad.

La libertad de elegir no es un lujo, es una herramienta para encontrar el espacio adecuado donde cada estudiante pueda desarrollarse según sus talentos. Hoy eso no ocurre. Las familias no pueden elegir. Y cuando un niño no encuentra un lugar donde lo comprendan, lo desafíen o lo potencien... ese talento se pierde. Nadie lo acoge, nadie lo impulsa.

Cuando no hay opciones reales, las familias buscan fuera del sistema lo que éste no entrega. Proliferan proyectos alternativos sin reconocimiento estatal (y todo lo que eso conlleva), como las escuelas Montessori, Reggia Emilia, o Waldorf, a los que solo acceden quienes pueden pagar. La libertad se convierte en privilegio y la igualdad prometida se diluye.

Estoy expectante de lo que viene. Confío en que la nueva ministra sabrá poner en el centro a las familias, y el aprendizaje real de los estudiantes. Porque sin libertad de elegir, la inclusión se vacía.


Fuente información: loreto.kemp@gmail.com
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