Nunca fue emergencia: fue decisión… y la está pagando la clase media
Columna de Opinión/
Por estos días, el alza de los combustibles se ha instalado como un fenómeno inevitable. Se repite una idea simple: sube el petróleo, sube la bencina. Y listo.
Pero la economía —cuando se mira en serio— rara vez es tan simple. Sí, el precio internacional del petróleo ha subido. Eso es un hecho. Pero la forma en que ese aumento llega al bolsillo de las personas no es automática: es el resultado de decisiones. Y en Chile, esas decisiones tienen nombre: MEPCO.
El MEPCO no es un detalle técnico. Es un instrumento creado justamente para evitar que los shocks internacionales golpeen de una sola vez a las familias. De hecho, semanas antes ya se advertía que, sin este mecanismo, la bencina podría subir hasta $350 por litro y el diésel cerca de $500. Es decir, el orden de magnitud que hoy estamos viendo no es casual: es lo que ocurre cuando el sistema deja de amortiguar.
Aquí hay una distinción clave: una cosa es que el petróleo suba; otra muy distinta es decidir cuánto de ese aumento se traspasa y, por supuesto, a qué velocidad. Aquí no cambió el petróleo, cambió la decisión. Se modificaron los parámetros del MEPCO para acelerar el traspaso de los precios internacionales. Antes se amortiguaba el golpe; hoy se deja pasar más rápido. Y eso tiene consecuencias directas en la inflación.
Eso no es una fatalidad económica. Es una decisión de política pública.
Desde el gobierno se ha intentado instalar que este ajuste responde a una “estrechez fiscal” heredada. Sin embargo, esa explicación pierde fuerza al contrastarla con el propio debate económico. El exministro de Hacienda Mario Marcel fue claro: se mantuvo el MEPCO sin culpar al gobierno anterior por la situación fiscal. En paralelo, economistas como Ignacio Briones y Alejandro Micco han insistido en la importancia de estos mecanismos precisamente porque permiten evitar shocks directos y suavizar el impacto en los hogares.
Y aquí no estamos hablando solo de combustibles. Se estima que esta alza podría aportar cerca de un punto a la inflación, generando un efecto en cadena: transporte más caro, alimentos más caros, servicios más caros. En otras palabras, un golpe directo a la clase media, a las pymes y a las regiones.
El petróleo subió. Sí.
Pero lo que transformó ese aumento en un shock interno fue otra cosa: la decisión de reducir la capacidad de amortiguación del MEPCO y acelerar el traspaso al consumidor.
Por eso, la discusión cambia. Ya no se trata de un fenómeno inevitable, sino de una definición concreta: proteger menos en el corto plazo para ajustar más rápido la caja fiscal. Y cuando esa decisión impacta directamente el costo de vida, hay que decirlo sin rodeos:
no fue una emergencia, no fue inevitable, fue una decisión. Y hoy la está pagando la clase media.
Por: Fabián Andrés Cortez Cárcamo
Ingeniero Comercial.
Licenciado en Ciencias Económicas y Administrativas.
Diplomado en Gestión Municipal.
Diplomado Ejecución de Políticas Públicas.
Concejal de San Pablo.

