Bacterias del desierto de Atacama guían la búsqueda de vida extraterrestre

Un innovador estudio liderado por científicas chilenas demostró que los gases emitidos por bacterias extremófilas del desierto de Atacama podrían servir como modelo para detectar rastros de vida en las atmósferas de exoplanetas similares a la Tierra primitiva.

La investigación se concentró en la bacteria Roseovarius sp., un microorganismo aislado en el Salar de Llamara. Este entorno hipersalino, ubicado en el desierto de Atacama, es considerado por la ciencia como un análogo natural de las condiciones extremas de nuestro planeta en sus orígenes.

El trabajo fue encabezado por Valeska Molina, investigadora del Centro de Astrofísica y Tecnologías Afines (CATA) y de la Universidad de Atacama. Participaron también las científicas Bárbara Rojas-Ayala de la Universidad de Tarapacá y Cristina Dorador de la Universidad de Antofagasta.

A través de espectroscopía Raman e infrarroja, el equipo analizó los gases metabólicos producidos por la bacteria. Se enfocaron especialmente en las emisiones de monóxido y dióxido de carbono para establecer firmas químicas únicas que pudieran ser reconocibles a nivel planetario.

Posteriormente, estas bioseñales fueron comparadas con modelos teóricos de atmósferas planetarias. El objetivo astrobiológico es evaluar si estas moléculas podrían ser detectadas a años luz de distancia mediante observatorios avanzados, como el Telescopio Espacial James Webb (JWST).

El interés en este microorganismo radica en su antiguo metabolismo basado en el carbono. Cristina Dorador explicó que esta bacteria realiza una fotosíntesis anoxigénica, un proceso primitivo sin producción de oxígeno que antecede evolutivamente a las cianobacterias actuales.

Bárbara Rojas-Ayala detalló que muchos exoplanetas habitables no se parecen a la Tierra moderna. Por ello, comprender estas biofirmas alternativas resulta crucial, ya que la vida extraterrestre podría modificar su entorno químico de formas muy distintas a las que dominan hoy en nuestro mundo.

En el futuro, el equipo proyecta mejorar estos modelos atmosféricos incorporando la interacción entre el planeta y su estrella anfitriona. Una atmósfera irradiada por una estrella como el Sol interactúa químicamente de manera muy distinta a un mundo que orbita una enana roja.

Finalmente, las investigadoras hicieron un llamado urgente a preservar los salares extremos del norte de Chile. Estos ecosistemas se encuentran gravemente amenazados, pese a representar un patrimonio natural y científico invaluable para comprender la vida en el universo.
 

Fuente: mfre@cata.cl
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