El drama de una madre por su hijo en Osorno
Una madre enfrenta una desesperada batalla contra el sistema de salud para aliviar el sufrimiento de su hijo de 17 años. El menor padece displasia septo-óptica, ceguera total y severos problemas gastrointestinales que le provocan dolores crónicos inmanejables.
Silvina relata una historia clínica marcada por la burocracia que retrasó el diagnóstico de su hijo durante tres años. Pese a recibir apoyo en la Escuela Jerome Brunner y la Teletón, la situación se agravó drásticamente cuando el niño cumplió diez años.
Un aparente diagnóstico erróneo de obstrucción intestinal derivó en la administración excesiva de laxantes, causando la pérdida de diez kilos en un mes y daños gástricos severos. Actualmente, el joven sufre episodios de vólvulo y solo puede ingerir el suplemento Fresubin Fibra.
El dolor crónico mantiene al paciente en un estado de agonía constante, provocando gritos, llanto continuo y dolorosos episodios de autolesión. Frente a este complejo escenario -según relata Silvina-, los especialistas locales han declarado que carecen de más opciones farmacológicas o quirúrgicas para ofrecerle alivio clínico.
El calvario del adolescente comenzó en su etapa de lactante, evidenciando una hipotonía severa que le impedía sostener la cabeza. Posteriormente, a los doce meses, una hospitalización crítica por rotavirus desencadenó los primeros estudios neurológicos profundos para determinar el origen de sus carencias.
La malformación cerebral subyacente ha generado múltiples deficiencias hormonales, obligando a la familia a mantener una rutina de cuidados de alta complejidad. Aunque el joven no ha desarrollado epilepsia, la vulnerabilidad económica y la dependencia de alimentos de alto costo agravan la crisis familiar.
Ante lo que Silvina considera abandono médico por la falta de gastroenterólogos para adultos y especialistas en dolor, exige soluciones integrales inmediatas. Sumida en el agotamiento extremo, esta madre desesperada ha puesto sobre la mesa el debate de la eutanasia como un grito de desesperación final.
Fuente: Testimonio de Silvina en entrevista con Rocío Gambra para PL Prensa
Silvina relata una historia clínica marcada por la burocracia que retrasó el diagnóstico de su hijo durante tres años. Pese a recibir apoyo en la Escuela Jerome Brunner y la Teletón, la situación se agravó drásticamente cuando el niño cumplió diez años.
Un aparente diagnóstico erróneo de obstrucción intestinal derivó en la administración excesiva de laxantes, causando la pérdida de diez kilos en un mes y daños gástricos severos. Actualmente, el joven sufre episodios de vólvulo y solo puede ingerir el suplemento Fresubin Fibra.
El dolor crónico mantiene al paciente en un estado de agonía constante, provocando gritos, llanto continuo y dolorosos episodios de autolesión. Frente a este complejo escenario -según relata Silvina-, los especialistas locales han declarado que carecen de más opciones farmacológicas o quirúrgicas para ofrecerle alivio clínico.
El calvario del adolescente comenzó en su etapa de lactante, evidenciando una hipotonía severa que le impedía sostener la cabeza. Posteriormente, a los doce meses, una hospitalización crítica por rotavirus desencadenó los primeros estudios neurológicos profundos para determinar el origen de sus carencias.
La malformación cerebral subyacente ha generado múltiples deficiencias hormonales, obligando a la familia a mantener una rutina de cuidados de alta complejidad. Aunque el joven no ha desarrollado epilepsia, la vulnerabilidad económica y la dependencia de alimentos de alto costo agravan la crisis familiar.
Ante lo que Silvina considera abandono médico por la falta de gastroenterólogos para adultos y especialistas en dolor, exige soluciones integrales inmediatas. Sumida en el agotamiento extremo, esta madre desesperada ha puesto sobre la mesa el debate de la eutanasia como un grito de desesperación final.
Fuente: Testimonio de Silvina en entrevista con Rocío Gambra para PL Prensa

