Desacelerar el ritmo: Una reflexión (relajada) sobre cómo sobrevivir a las vacaciones de los hijos
Señor Director:
Llegaron las vacaciones. Para los estudiantes, el gran relajo; para los padres... el inicio de una maratón de resistencia. De pronto, la casa se llena de una energía desbordante, el desorden se multiplica por tres y la pregunta "¿qué vamos a hacer hoy?" resuena como un eco infinito desde temprano, porque todos se aburren.
En medio de este caos, la presión social nos empuja a ser los "animadores de campamento" perfectos: planificar salidas espectaculares, comprar el último juego interactivo y tener cada minuto del día cubierto. Paremos un poco. Respira.
Sobrevivir a las vacaciones no se trata de competir por quién hace el panorama más increíble. Se trata de algo mucho más simple y humano:
Nos da pánico que los hijos se aburran. Sentimos que si no están haciendo algo "productivo", estamos fallando. Pero el aburrimiento es el motor de la creatividad. Cuando un niño se aburre el tiempo suficiente, el cerebro se activa: inventan un juego con una caja de cartón, crean una historia o agarran un juguete que tenían olvidado. No eres un parque de diversiones andante. Está bien decirles: "Busca algo que hacer".
Aceptémoslo de entrada: la casa no va a estar impecable. Habrá juguetes en el living, migas en la cocina y ropa fuera de su lugar, desde la cama pasando por el baño y cada lugar del "sagrado hogar". Si gastas toda tu energía peleando contra el desorden diario, vas a terminar las vacaciones agotado y de mal humor. Elige tus batallas. Mantengan las normas básicas de convivencia, pero relaja un poco la expectativa visual. La paz mental vale más que un cojín perfectamente acomodado.
No necesitas gastar una fortuna ni viajar lejos para construir recuerdos. Un niño no recuerda el costo de la entrada a un lugar; recuerda la tarde que hicieron un picnic improvisado en el living de la casa porque afuera llovía, o la noche que los dejaron acostarse un poco más tarde para ver una película comiendo papas fritas o ramitas, chettos, ojo ya volveremos a la alimentación saludable. Lo que sana y conecta es la desconexión del adulto: apagar el teléfono un rato y estar ahí, presentes.
En los aviones, la instrucción es clara: ante una emergencia, ponte la máscara de oxígeno a ti primero y luego ayuda a los demás. En la crianza es igual. No puedes dar calma si estás vacío. Está bien pedir ayuda, turnarse con la pareja, dejar a los niños o los nietos un rato con los abuelos simplemente decretar "la hora del silencio" en casa para tomarte un café o un té sin interrupciones. Cuidar de ti no es egoísmo, es logística de supervivencia.
La gran verdad: Las vacaciones son cortas, aunque a veces los días parezcan eternos. No busques la perfección, busca la paz. Al final del día, el mejor panorama que les puedes regalar a tus hijos es un papá o una mamá o sus abuelos que no esté al borde del colapso, sino uno que se atreva a reírse del caos.
¡Felices Vacaciones!
Profesor Luis Sánchez Adasme
Director Liceo Bicentenario de Excelencia Eleuterio Ramírez
Fuente información: luis.sanchez@eramirez.cl
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Llegaron las vacaciones. Para los estudiantes, el gran relajo; para los padres... el inicio de una maratón de resistencia. De pronto, la casa se llena de una energía desbordante, el desorden se multiplica por tres y la pregunta "¿qué vamos a hacer hoy?" resuena como un eco infinito desde temprano, porque todos se aburren.
En medio de este caos, la presión social nos empuja a ser los "animadores de campamento" perfectos: planificar salidas espectaculares, comprar el último juego interactivo y tener cada minuto del día cubierto. Paremos un poco. Respira.
Sobrevivir a las vacaciones no se trata de competir por quién hace el panorama más increíble. Se trata de algo mucho más simple y humano:
1. Reivindiquemos el sagrado derecho a aburrirse
Nos da pánico que los hijos se aburran. Sentimos que si no están haciendo algo "productivo", estamos fallando. Pero el aburrimiento es el motor de la creatividad. Cuando un niño se aburre el tiempo suficiente, el cerebro se activa: inventan un juego con una caja de cartón, crean una historia o agarran un juguete que tenían olvidado. No eres un parque de diversiones andante. Está bien decirles: "Busca algo que hacer".
2. El mito de la "casa perfecta"
Aceptémoslo de entrada: la casa no va a estar impecable. Habrá juguetes en el living, migas en la cocina y ropa fuera de su lugar, desde la cama pasando por el baño y cada lugar del "sagrado hogar". Si gastas toda tu energía peleando contra el desorden diario, vas a terminar las vacaciones agotado y de mal humor. Elige tus batallas. Mantengan las normas básicas de convivencia, pero relaja un poco la expectativa visual. La paz mental vale más que un cojín perfectamente acomodado.
3. Cambiar cantidad por presencia
No necesitas gastar una fortuna ni viajar lejos para construir recuerdos. Un niño no recuerda el costo de la entrada a un lugar; recuerda la tarde que hicieron un picnic improvisado en el living de la casa porque afuera llovía, o la noche que los dejaron acostarse un poco más tarde para ver una película comiendo papas fritas o ramitas, chettos, ojo ya volveremos a la alimentación saludable. Lo que sana y conecta es la desconexión del adulto: apagar el teléfono un rato y estar ahí, presentes.
4. Oxígeno primero para los padres
En los aviones, la instrucción es clara: ante una emergencia, ponte la máscara de oxígeno a ti primero y luego ayuda a los demás. En la crianza es igual. No puedes dar calma si estás vacío. Está bien pedir ayuda, turnarse con la pareja, dejar a los niños o los nietos un rato con los abuelos simplemente decretar "la hora del silencio" en casa para tomarte un café o un té sin interrupciones. Cuidar de ti no es egoísmo, es logística de supervivencia.
La gran verdad: Las vacaciones son cortas, aunque a veces los días parezcan eternos. No busques la perfección, busca la paz. Al final del día, el mejor panorama que les puedes regalar a tus hijos es un papá o una mamá o sus abuelos que no esté al borde del colapso, sino uno que se atreva a reírse del caos.
¡Felices Vacaciones!
Profesor Luis Sánchez Adasme
Director Liceo Bicentenario de Excelencia Eleuterio Ramírez
Fuente información: luis.sanchez@eramirez.cl
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