La cesantía no se combate con discursos, sino con crecimiento
Por Héctor Zúñiga Gajardo.
En los últimos años, Chile ha visto cómo la cesantía se ha transformado en una de las principales preocupaciones de miles de familias. Detrás de cada cifra hay personas que buscan una oportunidad, padres y madres que intentan llevar el sustento a sus hogares y jóvenes que ingresan al mercado laboral sin encontrar un espacio. El empleo no aparece por decreto ni por buenas intenciones; requiere inversión, confianza y un entorno donde las empresas tengan incentivos para crecer.
Cuando una empresa decide expandirse, compra maquinaria, contrata proveedores y aumenta su dotación de trabajadores. Ese crecimiento beneficia a toda la cadena productiva. Por el contrario, cuando la incertidumbre económica, el exceso de burocracia o las políticas públicas desincentivan la inversión, el resultado suele ser menos proyectos, menor contratación y un mercado laboral más débil. Es un fenómeno económico que termina afectando, sobre todo, a quienes dependen de un sueldo para vivir.
Esto no significa que toda la responsabilidad de la situación laboral recaiga en un solo gobierno o en una única decisión política. La evolución del empleo responde a múltiples factores, entre ellos el contexto económico internacional, la productividad, las regulaciones, la inversión privada y las políticas públicas aplicadas a lo largo del tiempo. Sin embargo, es legítimo debatir si determinadas decisiones han contribuido a generar un ambiente más o menos favorable para crear empleo.
Demonizar al empresario es un error que no ayuda a resolver el problema. Quien invierte su capital, asume riesgos y crea una empresa no solo busca obtener utilidades; también genera puestos de trabajo, paga impuestos y mueve la economía. Sin empresas fuertes no existe una base sólida para crear empleos estables ni para financiar el desarrollo social que el país necesita.
Chile necesita volver a ser un país atractivo para invertir, innovar y emprender. Eso implica estabilidad, reglas claras, instituciones confiables y políticas que incentiven el crecimiento económico. Porque cuando una empresa prospera, no gana únicamente su dueño: ganan los trabajadores, los proveedores, las comunidades y miles de familias que encuentran en el empleo la posibilidad de construir un futuro mejor.
Fuente información: heangajardo@gmail.com
En los últimos años, Chile ha visto cómo la cesantía se ha transformado en una de las principales preocupaciones de miles de familias. Detrás de cada cifra hay personas que buscan una oportunidad, padres y madres que intentan llevar el sustento a sus hogares y jóvenes que ingresan al mercado laboral sin encontrar un espacio. El empleo no aparece por decreto ni por buenas intenciones; requiere inversión, confianza y un entorno donde las empresas tengan incentivos para crecer.
Cuando una empresa decide expandirse, compra maquinaria, contrata proveedores y aumenta su dotación de trabajadores. Ese crecimiento beneficia a toda la cadena productiva. Por el contrario, cuando la incertidumbre económica, el exceso de burocracia o las políticas públicas desincentivan la inversión, el resultado suele ser menos proyectos, menor contratación y un mercado laboral más débil. Es un fenómeno económico que termina afectando, sobre todo, a quienes dependen de un sueldo para vivir.
Esto no significa que toda la responsabilidad de la situación laboral recaiga en un solo gobierno o en una única decisión política. La evolución del empleo responde a múltiples factores, entre ellos el contexto económico internacional, la productividad, las regulaciones, la inversión privada y las políticas públicas aplicadas a lo largo del tiempo. Sin embargo, es legítimo debatir si determinadas decisiones han contribuido a generar un ambiente más o menos favorable para crear empleo.
Demonizar al empresario es un error que no ayuda a resolver el problema. Quien invierte su capital, asume riesgos y crea una empresa no solo busca obtener utilidades; también genera puestos de trabajo, paga impuestos y mueve la economía. Sin empresas fuertes no existe una base sólida para crear empleos estables ni para financiar el desarrollo social que el país necesita.
Chile necesita volver a ser un país atractivo para invertir, innovar y emprender. Eso implica estabilidad, reglas claras, instituciones confiables y políticas que incentiven el crecimiento económico. Porque cuando una empresa prospera, no gana únicamente su dueño: ganan los trabajadores, los proveedores, las comunidades y miles de familias que encuentran en el empleo la posibilidad de construir un futuro mejor.
Fuente información: heangajardo@gmail.com

