Un proceso de “enseñanza-aprendizaje” que sea significativo
Por el Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl - Conferencista, escritor e investigador (PUC).
Dedicado a Florencia Antonia, una paciente de 17 años del espectro autista que se esfuerza por aprender, desarrollarse y crecer como persona (F.L.C.).
Comencemos destacando, que un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo representa una etapa fundamental en la vida de un estudiante, porque además de facilitar: (a) la adquisición de conocimientos, habilidades, competencias y valores, (b) actuar como un puente de interacción dinámica que permite transmitir la cultura social de una determinada nación, (c) preparar a las personas para su ingreso en sociedad y en el mercado laboral, este proceso también debe (d) fomentar su crecimiento profesional, la responsabilidad cívica y el desarrollo del pensamiento crítico.
Y otro dato relevante: un proceso de “enseñanza-aprendizaje significativo” permite al estudiante “conectar la nueva información con sus experiencias y conocimientos previos, evitando la memorización mecánica”, ya que al encontrarle “sentido y utilidad a lo aprendido, el sujeto logra una comprensión profunda y retiene el conocimiento a largo plazo”.
La labor de enseñar a una persona –ya sea que se trate de un niño, de un joven o de un adulto– requiere tener, por parte de quien va a enseñar: (a) un cierto grado de experiencia y de bagaje cultural, (b) una buena formación profesional, (c) un criterio formado, (d) mucho sentido común –que, a todas luces, parece ser el menos común de los sentidos– y (e) un alto nivel de paciencia y resiliencia, cualidades que no están consideradas en ningún manual de instrucción o de educación.
Cada vez cuesta más esfuerzo, motivación y dedicación personal lograr que los estudiantes aprendan, interioricen y procesen la información que reciben, así como también los contenidos y los conocimientos que se imparten en la sala de clases, por cuanto, muchos de estos estudiantes apuntan, hoy en día, a la “inmediatez del clic”, es decir, todo lo que sea fácil y rápido, en tanto que “los conocimientos y el aprendizaje solo se asientan en la medida que éstos se elaboran y que se procesan”, y eso requiere, necesariamente, de tiempo, disciplina, perseverancia, dedicación y esfuerzo, factores que parecieran no estar presente en estos tiempos, donde la inmediatez absoluta prima por sobre otras cosas: un clic y ya estamos conectados con mi amigo(a) en Francia, otro clic e hice una compra en Internet, un tercer clic y la transferencia bancaria ya está realizada.
Dedicado a Florencia Antonia, una paciente de 17 años del espectro autista que se esfuerza por aprender, desarrollarse y crecer como persona (F.L.C.).
Comencemos destacando, que un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo representa una etapa fundamental en la vida de un estudiante, porque además de facilitar: (a) la adquisición de conocimientos, habilidades, competencias y valores, (b) actuar como un puente de interacción dinámica que permite transmitir la cultura social de una determinada nación, (c) preparar a las personas para su ingreso en sociedad y en el mercado laboral, este proceso también debe (d) fomentar su crecimiento profesional, la responsabilidad cívica y el desarrollo del pensamiento crítico.
Y otro dato relevante: un proceso de “enseñanza-aprendizaje significativo” permite al estudiante “conectar la nueva información con sus experiencias y conocimientos previos, evitando la memorización mecánica”, ya que al encontrarle “sentido y utilidad a lo aprendido, el sujeto logra una comprensión profunda y retiene el conocimiento a largo plazo”.
La labor de enseñar a una persona –ya sea que se trate de un niño, de un joven o de un adulto– requiere tener, por parte de quien va a enseñar: (a) un cierto grado de experiencia y de bagaje cultural, (b) una buena formación profesional, (c) un criterio formado, (d) mucho sentido común –que, a todas luces, parece ser el menos común de los sentidos– y (e) un alto nivel de paciencia y resiliencia, cualidades que no están consideradas en ningún manual de instrucción o de educación.
Cada vez cuesta más esfuerzo, motivación y dedicación personal lograr que los estudiantes aprendan, interioricen y procesen la información que reciben, así como también los contenidos y los conocimientos que se imparten en la sala de clases, por cuanto, muchos de estos estudiantes apuntan, hoy en día, a la “inmediatez del clic”, es decir, todo lo que sea fácil y rápido, en tanto que “los conocimientos y el aprendizaje solo se asientan en la medida que éstos se elaboran y que se procesan”, y eso requiere, necesariamente, de tiempo, disciplina, perseverancia, dedicación y esfuerzo, factores que parecieran no estar presente en estos tiempos, donde la inmediatez absoluta prima por sobre otras cosas: un clic y ya estamos conectados con mi amigo(a) en Francia, otro clic e hice una compra en Internet, un tercer clic y la transferencia bancaria ya está realizada.
Ahora bien, el objetivo a lograr es evitar que el alumno caiga en la frustración. ¿La razón de lo anterior? Reducir y/o eliminar la posibilidad de generar una respuesta indiferente, agresiva o incluso violenta por parte del estudiante –cosa muy común, hoy en día–, en función de la teoría de los investigadores John Dollard y Neal Miller, quienes postularon que la agresión es la consecuencia muy frecuente de la frustración –del tipo que sea– y de la “tensión emocional que, a menudo, se descarga mediante actos agresivos”, buscando una suerte de catarsis o de alivio interno.
Un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo y que logre los objetivos y resultados que se esperan, consiste en cultivar y cuidar el vínculo educativo profesor-alumno, ya que se trata de un evento y de un espacio donde no sólo se enseñan los contenidos de diversos temas y materias propias de la asignatura que dicta el profesor, sino que se aprenden numerosos valores, conductas y aspectos de la vida diaria, algo que requiere de varios elementos clave: respeto mutuo, de un cierto nivel de exigencia, de atención y concentración, así como de la fijación de límites claros que no pueden ni deben ser sobrepasados.
La razón es muy simple de comprender: el acto de educar también implica mostrar y comprender que el aprendizaje significativo –orientado al desarrollo integral, a la madurez y crecimiento personal de un ser humano– ocurre dentro de un marco y de un contexto predeterminado, y que respetarlo a cabalidad es parte esencial del proceso formativo.
Fuente información: flotitoc@gmail.com
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Un proceso de enseñanza-aprendizaje que sea significativo y que logre los objetivos y resultados que se esperan, consiste en cultivar y cuidar el vínculo educativo profesor-alumno, ya que se trata de un evento y de un espacio donde no sólo se enseñan los contenidos de diversos temas y materias propias de la asignatura que dicta el profesor, sino que se aprenden numerosos valores, conductas y aspectos de la vida diaria, algo que requiere de varios elementos clave: respeto mutuo, de un cierto nivel de exigencia, de atención y concentración, así como de la fijación de límites claros que no pueden ni deben ser sobrepasados.
La razón es muy simple de comprender: el acto de educar también implica mostrar y comprender que el aprendizaje significativo –orientado al desarrollo integral, a la madurez y crecimiento personal de un ser humano– ocurre dentro de un marco y de un contexto predeterminado, y que respetarlo a cabalidad es parte esencial del proceso formativo.
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