Silenciosamente estamos destruyendo el planeta

Por: Cuando se hacen declaraciones sobre los cambios climáticos en el planeta y vemos los efectos desastrosos que ocasionamos al medio ambiente con nuestras conductas negativas, debemos hacernos un exhaustivo examen de conciencia y reconocer los errores que a cada momento cometemos.

Los científicos son personas que poseen una mentalidad diferente al común de la gente y viven concentrados en sus experimentos y estudios de los fenómenos ambientales y luego entregan antecedentes que en su esencia inquietan y preocupan a quienes tienen la responsabilidad de gobernar a los países y por eso se han involucrado en conjunto a tomar importantes decisiones en las llamadas cumbres internacionales de las cuales las más importantes han sido las de Kioto y Copenhague en las cuales todos los presidentes que asistieron a ellas se comprometieron a realizar esfuerzos para eliminar gradualmente las emisiones de gases tóxicos que están dañando el medio ambiente y provocando el calentamiento global de la tierra cuyos efectos negativos ya se están viendo en todas las latitudes.

No ayudemos a que este mundo que tanto nos ha costado construir, se destruya por nuestra indolencia, contribuyendo a deteriorarlo cada día más, porque con esa actitud le estamos quitando a las generaciones futuras la posibilidad de gozar de las maravillas que aún tenemos.

Que triste sería para los niños y jóvenes de hoy, cuando mañana sean padres se encuentren imposibilitados a mostrar a sus hijos los paisajes maravillosos que alguna vez nos hicieron felices y no puedan apreciar las bellezas que actualmente existen en los hielos de la laguna San Rafael, el magnetismo de las capillas de mármol en el lago General Carrera, la majestuosidad de los picachos de Cerro Castillo, la pureza de las aguas del río Baker, el majestuoso lago Llanquihue con sus volcanes de fondo y un sinnúmero de bellezas que sólo existen en estas alejadas latitudes del sur austral de Chile y otros hermosos lugares como la portada de Antofagasta, los géiseres del Tatio en el norte o los moais en Isla de Pascua, sólo por nombrar algunas bellezas naturales, sin desmerecer las maravillas que cada región posee y que deben perpetuarse como herencia cultural.

Razón tienen los pascuenses cuando levantan sus voces de protesta ante la destrucción de su entorno natural por supuestos turistas que invaden sus costumbres ancestrales y razón tienen también los que se oponen a la construcción de las represas hidroeléctricas en Aysén.
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