El Teatro como herramienta de desarrollo comunitario

Itinerancia por Jardines Infantiles de Fresia, Octubre 2018
Por Jacinta Teijeiro, Payasos con Ropa de Calle.

Partiendo por aplaudir a todos los artistas, gestores y hacedores de arte, de oficio y profesión, que optaron por el acto revolucionario de seguir sus sueños, anhelos y esperanzas para sustentar su estilo, economía y pasión de vida, considerando que la idea arraigada (en apariencia) en nuestro ADN, que: “del arte no se vive en Chile”, no es difícil extrapolar la cita al consumo y/o acercamiento artístico cultural de la población.

Nos detendremos y ejemplificaremos desde el concepto exclusivo de lo comunitario el rol social del artista.

Concretamente si hablamos de Teatro Comunitario, podremos presenciarlo en jardines de infantes, escuelas, liceos, juntas de vecinos, parques, calles, hospitales y muchos otros sitios que impliquen ir a visitar a la audiencia, no al revés, como sucede en los teatros o espacios culturales, pero como bien dice el dicho: “Si la montaña no va a Mahoma, Mahoma va a la montaña”.

Ahora bien, ¿qué sucede cuándo se realizan funciones comunitarias en establecimientos educacionales? Partiendo por generar un quiebre en la cotidianidad establecida, se apuesta a la creación y formación de público, que estos niños y jóvenes crezcan con interés artístico para convertirse en adultos consumidores de cultura (¿o quién sabe, estar inspirando futuros creadores?), se fomenta también la sensibilización y valoración del trabajo de quienes van a realizar estas intervenciones, creando conciencia en toda la comunidad escolar de la poderosa herramienta a nivel de entrega de mensajes y educación artística.

Pensando en niños asistentes a la educación pública, que, siguiendo la lógica y estadística de este grupo, la falta de instancias y actividades culturales es latente, se convierte en una necesidad imperiosa el acercamiento al arte, volviéndose esto casi un acto revolucionario, develando así el pensamiento crítico, sensibilizando, representando diferentes puntos de vista, recreando pequeñas sociedades con toda su divergencia y diversidad y ayudando a la resolución de conflictos.

A continuación, desplegamos la opinión del Director de una de las escuelas con mayor cantidad de alumnos/as en la Región de Los Lagos, con una plaza aproximada de 900 matrículas el rector de la Escuela Kimun Lawal de Alerce, Fabián Calisto, ha vivido en carne propia la experiencia del Teatro Comunitario junto a su comunidad educativa y señala:

“… Es una verdadera oportunidad de acercar el teatro, no solamente el formal, sino que también el informal, que se acerca más a la realidad del mundo popular, presente en los barrios, las villas y las poblaciones. Se puede generar crítica, distracción y conversación en torno a las temáticas que se plantean en las obras. Hoy en día el teatro sigue siendo un espacio de elite, que si no existiesen los Temporales Teatrales no llegarían a las poblaciones, pero solo llegan el mes de Julio, entonces todavía es un tema muy sectorizado (…) O sea, partiendo de que las artes, están creadas para remecer conciencia, para remecer a las personas y que tengan un momento de reflexión. Para mí el teatro comunitario es una verdadera oportunidad, oportunidad de instalar las artes escénicas en los distintos espacios que muchas veces no cumplen ni con las condiciones de tener un escenario, pero si cumple con la condición de tener un público, un público tan respetado como el que paga para ir a ver una obra. Esa es la oportunidad que embellece el teatro comunitario…”

Como Fabián, existen muchos docentes dispuestos a aprovechar las instancias que generan muchas compañías de artes escénicas existentes en la región y el país, no obstante falta por concientizar al cuerpo educativo. Concretamente generando este tipo de actividades en algunos establecimientos de la zona: otros profesionales que no están a cargo de la actividad ponen reparos, o han indicado que: “la escuela no es para eso” (Juzgue usted mismo).

Las compañías y artistas que aúnen fuerzas para desarrollar teatro comunitario, desarrollan estas actividades en las siguientes líneas de trabajo: actuaciones netamente solidarias, a la gorra (llámesele también pasada de sombrero) o volviendo al trueque como método de pago comunitario (economía a escala humana). En las dos últimas opciones se busca normalizar que el trabajo artístico (es como cualquier otro) y debe ser retribuido de cualquier forma: “Tú me das algo para el cuerpo, y yo te doy algo para el alma”. Estos ejecutores balancean su tiempo entre las funciones comunitarias, creaciones de montajes, vida familiar, entrenamiento y contrataciones pagas.

Es el comienzo de la utopía en que al menos, una vez a la semana, cada trabajador comparte un poco de su conocimiento de su área específica con quién lo necesite.

¡Y que maravilloso mundo sería! Pero no es el caso y lo cierto es que, a ojos vista, se experimenta en estos últimos años una crisis singular a nivel del teatro en todas partes, la gente no asiste, hay butacas vacías. Podríamos especular que las producciones han dejado de interesar al público, que algunos montajes han desanimado a un grupo de espectadores que no quiere volver a entrar. Podríamos teorizar, por qué no, sobre la influencia y la sobre exposición a la tecnología y redes sociales, pero luego de desvariar hipótesis, nos encontramos frente a un océano lleno de mares de incertidumbre. Lo cierto es que el público es cada vez menor.

¿Qué tiene que ver esto con el teatro comunitario? Pues bien, es en el seno de las comunidades, en los barrios, dónde hay que indagar sobre los deseos, preocupaciones, alegrías e inquietudes de la audiencia, entregándoles un teatro que los represente, trabajar no sólo para ellos, sino con ellos, ofrecerles un teatro que los contenga y la risa les resulte terapéutica. Es en los jardines, escuelas y liceos donde se debe sondear al futuro espectador, tan sólo en nuestra región (y a vuelo de pájaro) existe un público cautivo de 170.892 estudiantes, que esperan llenar las butacas el día de mañana. El desafío queda lanzado… ¡Enciendan las luces, suban el telón, la función… debe continuar!

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Fuente de la información: Jacinta Teijeiro