6 cosas importantes que necesitan los niños en la vida

6 cosas importantes que necesitan los niños en la vida
Dr. Franco Lotito C. – Académico, escritor e investigador (PUC-UACh) - www.aurigaservicios.cl


“El respeto que le das a los demás, es el claro reflejo del respeto que te das a ti mismo” (Buda, monje, filósofo y sabio que enseñó en la India en el siglo V antes de Cristo).

Tanto aquellos expertos en psicología, educación y crianza de los hijos, como así también diversos enfoques religiosos (cristianos, católicos, evangélicos, judíos, etc.) y posturas filosóficas de diversa índole, nos demuestran que hay ciertos elementos, factores o cosas, sin las cuales a un niño –o a un adolescente– se le hará muy difícil y complicado transitar por la vida, si no las adquiere o desarrolla durante su niñez, en función de lo cual, lo recomendable es que los padres, tutores –y también los profesores de estos jóvenes– les presten mucha atención, y colaboren para que el niño pueda desarrollarlas. Revisemos algunas de ellas:

  1. Respeto: este es uno de los valores fundamentales que el ser humano debe desarrollar desde pequeño, y que debe estar siempre presente a la hora de interactuar y relacionarse con las personas, animales o cosas del entorno. El filósofo chino, Confucio, decía que “si no hay respeto, no hay forma de distinguir a los hombres de las bestias”. El respeto puede ser definido como la consideración –o valoración especial– que se le tiene a alguien o a algo, al que se le reconoce un valor social y se le entrega una especial deferencia: los padres, amigos, pares, personas mayores, bienes ajenos e instituciones sociales, con la finalidad de no causar ofensa, daño o perjuicio.
  2. Autocontrol o autorregulación de impulsos: este elemento constituye parte relevante de la Inteligencia Emocional, y de acuerdo con expertos como el Dr. Daniel Goleman, Howard Gardner, Hendrie Weisinger y muchos otros, sin el desarrollo de este factor, en primer lugar, jamás se podrá ser “inteligente emocionalmente” y, en segundo lugar, es muy posible que las relaciones interpersonales de estos niños cuando adultos –sea que hablemos de lo laboral, social o sentimental– estarán plagadas de errores y fracasos, ya que las personas con falta de control de impulsos, tienden primero a golpear y luego a reflexionar acerca de lo que hicieron.Ahora bien, ¿qué significa autocontrol para el caso de los niños? Los especialistas concuerdan que el autocontrol contiene una serie de poderosas capacidades, a saber, la capacidad para: (a) controlar los propios impulsos, (b) saber esperar y tener la paciencia suficiente para recibir un premio o una recompensa por las buenas acciones realizadas, (c) ser capaces de llevar a cabo –y hasta el final– trabajos que pueden ser desagradables, pero que es preciso terminar.Cuando un niño aprende a auto controlarse, estará en condiciones de no caer en conductas violentas y agresivas hacia otras personas, ya sea que se trate de sus pares, profesores, padres, amigos, etc. Asimismo, también será capaz de resistir la tentación de consumir alcohol, tabaco u otras drogas, influenciado por otros.
  3. Resiliencia (o “capacidad de aguante”): este factor resulta imprescindible en la vida del futuro adulto, y está demostrado que es una habilidad que puede aprenderse desde la niñez y que se asocia con la capacidad de no dejarse vencer o agobiar por los fracasos, desilusiones y dificultades que la vida nos pone en el camino. Al igual que un niño no puede aprender a caminar sin antes haberse caído en innumerables ocasiones, de igual modo, el menor no aprenderá a ser el “dueño de su vida”, si antes no ha sido capaz de superar algunos obstáculos, fracasos y errores. En este sentido, el Dr. en Psicología Social, Humberto Marín, señala a la resiliencia no sólo como “la capacidad de una persona para superar la adversidad, sino que también para salir fortalecido de ella”. Los niños deben aprender –a través del ejemplo de los padres–, que no se puede ni se debe perder el valor ni la perseverancia para superar los problemas, fracasos o las críticas por parte de terceros. Si el niño aprende a soportar el peso de la carga asociada a la presencia de una barrera u obstáculo, ello le servirá para enfrentar grandes desafíos más adelante en la vida.
  4. Humildad: si bien, algunas personas ven a la humildad como una “debilidad”, esa visión o percepción de este rasgo representa un craso e imperdonable error, ya que la humildad está muy lejos de hacer “débil” a una persona y no tiene nada que ver con ser “sumiso”. Por el contrario, la humildad representa una gran fortaleza personal cuando se es capaz, por ejemplo, de reconocer y aceptar los errores cometidos, estando en condiciones de realizar las acciones correspondientes para reparar el error o el daño que se ha infligido a otros, y esto, por cierto, requiere de mucha valentía, coraje y confianza en sí mismo. Cuando un niño aprende a hacerse cargo de sus errores, también aprende a ser honesto, a no echar la culpa a otros, a no buscar excusas ni chivos expiatorios, y a pedir disculpas cuando corresponde. Se ha demostrado, que las personas humildes –a diferencia de los sujetos arrogantes y altaneros– son personas respetuosas, conscientes de sus límites, que mantienen muy buenas relaciones interpersonales, sin que les importe la clase social, género, religión u orientación política o sexual que tiene la otra persona. Las personas humildes, son aquellas que demuestran un real y verdadero interés por los demás, que dejan de lado la superficialidad y que están dispuestas a aprender de aquellos individuos de su entorno que tienen algo que enseñar.
  5. Autoconciencia de responsabilidad: Christine Gross-Loh, una experta en el desarrollo infantil, consigna en su libro “Crianza sin fronteras” (Parenting Without Borders), que ya con 15 meses los niños están en condiciones de desarrollar su capacidad de cooperar con los demás y entre los 18 y los 24 meses crece en ellos el deseo de querer ayudar y de poner “manos a la obra”. Tanto es así, que en ciertas culturas, los padres desarrollan en sus hijos esta “disposición” a prestar su ayuda en relación con pequeños quehaceres del hogar que están acordes con su edad y etapa de desarrollo, de modo de ir generando en ellos una “conciencia del deber y de la responsabilidad”, ya que, es en este tipo de personas, en quienes podemos confiar completamente. Por el contrario, si se ignora el deseo de los niños de ayudar y “hacer su aporte” al hogar, terminan por hacer suyo el pensamiento de que no es necesario que ellos presten su colaboración a los padres y que todo les será “entregado en bandeja”, lo cual, posteriormente, será extrapolado a su vida en sociedad, esperando “ser servidos” sin una contraprestación a cambio.
  6. Aprendizaje de principios éticos y valores morales: estos principios y valores le entregan al niño claridad absoluta acerca de lo que es correcto de lo incorrecto, diferenciando lo bueno de lo malo, en función de lo cual, su sistema de valores no se regirá –ni dependerá exclusivamente– del estado de ánimo del momento, sino que su conducta se regirá por una serie de principios que han sido internalizados desde pequeños, y que prevalecerán a firme, aún cuando el niño o el adolescente no esté siendo observado por algún adulto.


La importancia de este factor se explica por sí sola, ya que, hoy en día, los niños están siendo bombardeados –desde que nacen– por la publicidad y los malos ejemplos que distorsionan los ideales del yo y el pensamiento de los niños, impulsándolos a adherirse a una sociedad del mero consumo y del “usar y desechar”. O bien, pueden ser influenciados negativamente por su grupo de pares y por grupos de adultos, como consecuencia de lo que observan y miran en su entorno, así como en diversos programas chabacanos de televisión, en películas y videojuegos violentos.

Señalemos finalmente, que tal como decía el Dr. Glenn Doman, pediatra estadounidense, “Cuando los padres disfrutan realmente de la compañía de sus hijos, entonces se convierten en los mejores maestros que los niños puedan tener”.


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