El Proceso Evaluativo versus la Carga Emocional

El Proceso Evaluativo versus la Carga Emocional
Por Cristián Andrés Labra González, Doctor en Educación y Desarrollo, Presidente de la Fundación Dharma-Chile.

La evaluación y su importancia en la educación, es que nos ofrece posibilidades para fortalecer y consolidar los aprendizajes, así como medir los logros de los objetivos y/o propósitos en cualquier campo de estudio. Es así, que la evaluación es una actividad continua y propia del mismo proceso educativo que tiene por finalidad determinar en qué medida se han logrado los objetivos educativos previamente establecidos. Para lo anterior, se emplea un conjunto de estrategias y acciones destinadas a obtener y utilizar información, para facilitar la toma de decisiones pedagógicas en cuanto al mejoramiento del proceso educativo.

Por lo anterior, si la intención del Ministerio de Educación es disminuir la brecha educacional, lo primero que se debe hacer, es establecer: ¿qué es la formación on line?; ¿qué se entiende por educación a distancia? Y desde ese punto, definir lineamientos para su aplicación en las unidades educativas formales de nuestro país. En esta línea, se deben considerar algunos elementos para su implementación.

El primero de ellos, refiere a que los equipos directivos de cada escuela, realicen un diagnóstico rápido de las posibilidades y recursos de los que disponen, para poder así, tomar decisiones pertinentes y concretas que permitan implementar a la brevedad y de manera eficiente, las acciones y/o plan de trabajo para el periodo de educación a distancia, monitoreando su ejecución y de esta manera, llevar a cabo ajustes que favorezcan las etapas posteriores.

En segundo lugar, las comunidades educacionales deben asumir que la entrega inicial de guías e instrumentos impresos para ser desarrollados en el hogar, son sólo acciones para favorecer el refuerzo y la ejercitación de los objetivos educacionales planteados. Por tanto, el foco de todo esfuerzo institucional, hoy debe tener como meta mejorar los procesos y materiales formativos que se aplicarán vía remota, así como los que se realizarán en modalidad on line, en este segundo periodo que iniciaría el día 27 de abril, fecha poco probable para que se retome el proceso presencial, dado el escenario sanitario actual.

En tercer lugar, el equipo directivo, en forma consensuada con el cuerpo docente, debiese ordenar las plataformas web, verificando los instrumentos de apoyo y evaluación, así como, establecer idealmente, un horario de trabajo para que los niños y niñas que, si cuentan con internet, accedan a las plataformas de sus colegios y efectúen las actividades pedagógicas, por medio de módulos, con su respectiva evaluación formativa. Asimismo, definir como se desarrollará la entrega de materiales impresos y la retroalimentación de estos, para aquellos casos en que los estudiantes no puedan acceder a la modalidad on line debido a los problemas de conectividad, que ya han quedado en evidencia. Importante es que los equipos directivos, efectúen el monitoreo constante de cada acción, que les permita hacer el seguimiento de su implementación, con la finalidad de orientar para la mejora de esta nueva modalidad de enseñanza en la educación escolar formal.

Es aquí, donde se presenta un gran desafío. Es urgente, focalizar la atención en el desarrollo del adecuado proceso evaluativo, producto de la carga emocional de nuestros hijos y, por ende, de los estudiantes del país. Esta acción, puede parecer simple y de perogrullo, pero no lo es, debido a los niveles de ansiedad que muestran, no sólo los estudiantes, sino que sus familias, ya que es importante comprender, que en la mayoría de los hogares se presentan altos niveles de estrés y angustia, sumado el no contar los padres con formación pedagógica, limita que los niños y niñas logren estudiar adecuadamente y responder a una evaluación tradicional de manera efectiva, que permita a los docentes evidenciar los aprendizajes logrados, por cuanto, en este periodo es recomendable aplicar sólo evaluaciones formativas.

En esta línea, es importante recordar que el cerebro humano, al sentirse amenazado, se defiende e intenta adaptarse a los cambios repentinos, lo cual, en los niños y niñas, que deben estudiar con material que, en muchos casos no es pertinente, debido a que es una adaptación de lo que se trabaja en aula, es decir, un híbrido entre lo presencial y lo ahora on line, produce ansiedad adicional, lo que obstaculiza la posibilidad de generar aprendizajes significativos y con sentido.

A lo anterior, se suma la carga estresante del día a día en estado de emergencia nacional y la incertidumbre del retorno a clases presenciales el 27 de abril. Por otra parte, la mayoría de los padres manifiestan su descontento hacia las autoridades, siendo común escuchar frases en las que abiertamente señalan que prefieren “un hijo vivo a un hijo en el colegio”. Con todo se genera un ambiente, que desfavorece al proceso educacional remota de emergencia que se ha intentado instalar para enfrentar estos días de pandemia.

Sumado a esto, es importante reconocer que existe otro riesgo latente en el caso de evaluar de manera tradicional y que se asociaría a la carga emocional que enfrentaría el estudiante, al momento de recibir un resultado deficiente, esto seguramente lo frustrará y hasta podría generar un bloqueo a un nivel nefasto, no sólo para el presente, sino que a futuro. Por tanto, como se puede apreciar ante lo expuesto, el proceso evaluativo escolar versus la carga emocional en nuestros estudiantes, en caso de no asumir los equipos técnicos la complejidad del momento, podría entregar información errada que no servirá para constatar cuánto han aprendido los educandos.

Con todo, es esencial que se garantice un proceso de enseñanza, que considere todos los elementos antes mencionados, con estrategias simples, como, por ejemplo, que los módulos a desarrollar on line, presenten elementos básicos tales como la comprensión de un texto, el análisis de un video y una actividad de evaluación formativa breve y precisa, entre otros. A esto, es imprescindible añadir un foro de participación, que le permita verificar al docente, si los estudiantes alcanzaron los objetivos planteados, a través de una constante retroalimentación.

Es importante considerar que para el caso de los estudiantes que sólo pueden acceder a material impreso, cada unidad educativa debe coordinar con las familias los mecanismos de entrega de este material de estudio. En este sentido, es necesario destacar que hace pocos días, el Mineduc informó sobre la señal educativa en televisión digital, a lo que se suma el aporte de ARCHI denominado La Radio Enseña, herramientas que aportarán al proceso si se utilizan adecuadamente, no sólo a la educación remota, sino que también a la tradicional.

Sin lugar a dudas, esto además implica que todos los actores involucrados, en especial los docentes, asuman que esta modalidad implementada por la crisis sanitaria, no es una pérdida de tiempo, sino un desafío para la adaptación a un nuevo sistema de formación y enseñanza, que llegó para complementar el quehacer pedagógico y la vida escolar de nuestros estudiantes.

Finalmente, es importante tener en consideración las orientaciones emanadas desde el Mineduc, las cuales deben ser trabajadas y adaptadas a cada realidad por los equipos directivos y docentes de los establecimientos, asumiendo el rol que a cada uno compete y teniendo como norte, el resguardo de los procesos educativos que aseguren el cumplimiento de objetivos de aprendizaje priorizados, considerando una nueva cobertura curricular que debe ser adaptada.

Por lo tanto, no pensemos que exista una pérdida del año escolar, sino que hoy, producto de esta crisis sanitaria, tenemos la oportunidad de mejorar y actualizarnos efectivamente para enfrentar estos nuevos desafíos.


Fuente de la información: Cristián Andrés Labra González