El arte de pensar

Myriam O
Por Myriam O, Artista multidisciplinaria.

Mucho se comenta sobre las actividades que debiéramos realizar en nuestros hogares durante el período de aislamiento. Desde caminar por el living, leer un libro, ayudar a los niños con las tareas, aprender algún idioma o cualquier otra cosa que aparezca en internet. Existe, sin embargo, una actividad que nadie menciona: pensar. Pero pensar con intención, usando nuestra capacidad de observación y análisis. Es decir, reflexionar.

Por ejemplo, en que el hombre es un ser gregario y expansivo. Más allá de un café con amigos o un asado de fin de semana con la familia, vivimos en comunidades. Y aunque hay quienes habitan en áreas aisladas, tal como ocurre en el sur de nuestro país, igualmente se reúnen en ciertas ocasiones luego de largos traslados, para celebrar o simplemente compartir con sus también lejanos vecinos.

Esta mentalidad y natural disposición a ser sociables, nos alienta a comunicarnos con otras personas, a experimentar cosas nuevas y a conocer más del mundo que nos rodea. Por otra parte, desde la infancia nos educan así, para compartir. Entonces, hoy que vivimos la experiencia de lo que significa una pandemia y las normas que todos debemos seguir de forma responsable, enfrentamos otro desafío más: con el propósito de protegernos nosotros y a quienes amamos, nuestro universo debe contraerse, achicarse.

Los lazos que formamos y el conocimiento que adquirimos al relacionarnos con nuestros semejantes al trasladarnos de un punto a otro, ya sea en nuestra ciudad, país o el mundo, son fundamentales para nuestro desarrollo espiritual e intelectual. Salir más allá de nuestro patio permite ampliar nuestro horizonte, aprender de historia y convivencia, conocer otras costumbres y otras realidades, aprender de respeto y consideración por el prójimo.





Tomando todo esto en cuenta, es mi opinión que las redes que se establecen vía internet, si bien pueden ser útiles para la actividad laboral que uno realiza, no son comparables en calidad ni en profundidad con cómo se viven aquéllas de índole personal, fruto del contacto humano y la riqueza de las experiencias vividas en directo. Por otro lado, existen actividades, por ejemplo del ámbito artístico, que debido a la pandemia entraron en una pausa indefinida, pues no podemos asistir a conciertos o al teatro, tampoco ir a ver una exposición de pintura. Y siendo el ser humano un ente emocional, me pregunto si es posible sentirse igual de conmovido al ver un espectáculo en una pantalla que cuando lo presenciamos en directo. Del mismo modo, el turismo está totalmente detenido. Y si recordamos que además somos seres con múltiples capacidades sensoriales, me pregunto cómo sentir entonces, solamente viendo un video por muy lindas que sean sus imágenes, el inconfundible olor al pasto húmedo y a la lluvia en el campo, o el aroma de la ribera de un río. Por fortuna, eso aún no lo han inventado.

Ciertamente hoy este aislamiento es necesario. Pero a la par es una oportunidad para reflexionar sobre nuestra necesidad esencial de vincularnos con los demás y con el mundo, y la interacción positiva y enriquecedora que de ello resulta. Así como también la soledad debería ayudarnos a comprender que estamos unidos por hilos invisibles, pues nuestras acciones siempre afectan de una u otra forma a los demás.

Pienso que los sentimientos amorosos y de respeto tan necesarios de observar hoy en día —precisamente porque la situación es difícil— facilitarán que en un futuro cercano podamos estrechar la mano de quien nos ha ayudado y dar un gran abrazo nuevamente a nuestros seres queridos.



Fuente de la información: Myriam Olivares Grez, artista multidisciplinaria