Día Mundial de la Filosofía

Guillermo Tobar Loyola
Por Guillermo Tobar Loyola, Académico Instituto de Filosofía, Universidad San Sebastián, Sede De la Patagonia.

La idea de celebrar un día para hablar sobre la filosofía no es una iniciativa trivial de la Unesco, teniendo en cuenta que la filosofía ocupa los 365 días del año para hablar sobre cuanto tema o conmemoración asoma en el calendario. Parece presuntuoso arrogar a esta disciplina la tarea de hablar acerca de todo.

Lo cierto es que su etimología griega así lo concede. Philosophia significa “amor a la sabiduría”. Y, nada más sabio en la vida que pensar reflexivamente sobre el sentido de la existencia humana y la realidad del mundo. Así, cabe preguntarse cómo vamos a lograr una cultura desarrollada, si no se ha perfeccionado la capacidad crítica de sus ciudadanos, comenzando por nuestros niños y jóvenes estudiantes.

La pretensión de una sociedad justa, culta y desarrollada no pasa solo por las urnas. Si queremos que los jóvenes participen de la vida cívica, activa y positivamente, votando de modo libre y construyendo la sociedad de modo consciente (con pensamiento crítico), es necesario enseñarles a pensar, a desarrollar una capacidad crítica que conduzca de modo lógico a un discernimiento autónomo, base de toda sociedad democrática.

El hombre es un ser que piensa y está dotado de una capacidad cognoscitiva extraordinaria. La admiración, en este sentido, es un componente básico de toda reflexión filosófica. Quien se admira piensa y quien piensa se cuestiona el porqué de lo que sucede e incluso de lo que no. Pensar es no conformarse con lo aparente; pensar tiene una pretensión radical: conocer la verdad.

Al respecto debemos admitir que la filosofía no es bastión de un grupo selecto de privilegiados, por el contrario, es accesible a todo el mundo ya que brota de la capacidad más distintiva del ser humano: su razón. El desarrollo o no de esta capacidad crítica es el sustrato con el que cuenta una sociedad para fomentar la cultura. La incorporación de instrumentos adecuados a la condición de los jóvenes, para afrontar correctamente el ímpetu natural de experimentar el mundo, requiere de una propuesta educativa anclada en una filosofía que estimule el pensamiento y el asombro. 

No olvidemos que la filosofía proporciona las bases conceptuales para la paz, la justicia y la democracia. Pero, no olvidemos tampoco que la filosofía no hace milagros. Ni la paz, ni la justicia ni la democracia son obra de un día. Pensar lógicamente es el resultado de una actitud permanente y no de una emoción pasajera.





Comunicado de Prensa / Fuente: Gabriel Márquez Vivero / USS