El voto electrónico

Voto electrónico
Por Ricardo Rubén Vega Bois, Académico Universidad de Los Lagos.

La pandemia y los avances tecnológicos han acelerado las operaciones remotas vía el uso de tecnología y conexiones que se manifiestan con ciertos grados importantes de seguridad, existiendo condiciones para asegurar en un alto porcentaje la inviolabilidad de los datos y la privacidad de los interactuantes, siendo los porcentajes de incidentes no deseados muy bajos.

Cuando pensamos en voto electrónico necesariamente debemos pensar en tres aspectos, sufragio individual, que es la posibilidad de emitir el voto y este sea posible sólo una vez); privacidad, principio del voto informado y secreto; y seguridad de los datos.

Conjuntamente con esto último, la seguridad de los datos, aparece otro concepto que es la credibilidad del sistema, lo que va aunado con la gestión y transparencia del mismo.

¿Cuáles son las características que hacen que el sistema vigente actual no esté cuestionado?, para responder aquello hay que destacar el procedimiento en sí, con mesas físicas, vocales (articuladores) elegidos aleatoriamente del padrón electoral, administradores de locales de votación, tanto por funcionarios como electores designados, posibilidad de veedores presentes durante todo el proceso, ya sea en representación de opciones en juego o de instituciones nacionales o internacionales, libre acceso a la prensa y como si fuera poco todo aquello, fuerzas armadas a cargo de la seguridad física del proceso. El acto de cierre de mesas y escrutinio de votos aparte de ser un ceremonial en sí mismo, consolida la transparencia a “boca de urna” del proceso.

Difícilmente un voto electrónico, remoto y administrado por servidores y programas computacionales podría replicar estas siete características mencionadas de la presenciabilidad. Pablo Viollier, abogado y analista de la ONG Derechos Digitales, advierte que todos los sistemas pueden ser vulnerados, la discusión es cuántos recursos se requieren para que eso no pase. “Las empresas que diseñan las tecnologías para el voto electrónico lo hacen relativamente bien, pero sin pensar en que las elecciones son contextos adversos y puede haber actores con la intención de sabotear el proceso”, indica.

Hay normativa, leyes y directrices que regulan el sufragio personal, igualitario, secreto y voluntario cuando procede, las cuales son constitucionales y Ley Orgánica específica sobre Votaciones Populares y Escrutinios, las cuales no consideran el voto electrónico, debiendo ser el punto de partida para su implementación. Tenemos las experiencias del sistema bancario y de muchas aplicaciones que han implementado medidas extremas de autentificación y resguardo, las que van desde claves únicas, doble código enviado en forma remota a un dispositivo, reconocimiento facial y huella digital, siendo el tema de la privacidad uno de los principales problemas al implementar muchas de estas validaciones.

La seguridad del proceso y su credibilidad por parte de la ciudadanía son otras de las problemáticas que la implementación de un voto electrónico deberá salvar, está además el asegurar el principio de entendimiento, es decir la comprensión de cómo funciona el sistema electoral y tener la posibilidad de fiscalizar personalmente el cumplimiento del proceso, lo que electrónicamente se hace casi imposible. Al respecto, en 2009 la Corte Constitucional Federal de Alemania declaró inconstitucional el “uso de aparatos electorales orientados por computador”, en reemplazo de urnas físicas en las elecciones del Bundestag y la representación ante el Parlamento Europeo, no por sospecha de fraude, sino que justamente por vulnerarse el principio de entendimiento.

Algunos países como Suiza, Estonia y Canadá utilizan voto electrónico para todos o algunos procesos electorales, donde el votante debe confiar en que las plataformas digitales implementadas no serán vulneradas y en la veracidad de los resultados comunicados. Todo un desafío del cual al parecer estamos lejos localmente de concretar.





Comunicado de Prensa / Fuente: Ricardo Rubén Vega Bois