Cuando la guerra no es un juego para niños

Francisco Espinoza Rivas
Por Francisco Espinoza Rivas, Psicólogo, Magíster en Gestión de Organizaciones. Hospital Las Higueras.

El 19 de agosto de 1982, en su fase extraordinaria de reuniones de emergencia sobre el conflicto de Palestina, la Asamblea General, «consternada ante el gran número de niños palestinos y libaneses que han sido víctimas inocentes de los actos de agresión de Israel», decidió conmemorar, el 4 de junio de cada año, el Día Internacional de los Niños Víctimas Inocentes de la Agresión (resolución ES-7/8).

Durante los últimos años, el número de víctimas de violencia infantil se ha incrementado en zonas de conflicto, por lo que es necesario poner una urgencia en el derecho internacional humanitario para promover el bienestar psicosocial de niños, niñas y adolescentes.

Las Naciones Unidas en su agenda 2030 para el desarrollo sostenible plantea 17 objetivos, incluyendo por primera vez uno (16.2) focalizado principalmente en poner fin a todas las formas de violencia contra los niños y niñas.

Aunque las agresiones hacia ellos están prohibidas en las leyes de guerra, las niñas y niños son vulnerables a ser reclutados como militares, están altamente propensos a recibir violencia física, psicológica y emocional. Las cifras son aún más escalofriantes, según UNICEF, más de 200 millones de niños y niñas viven en zonas de conflicto, suponiendo una proporción de 1 de cada 10 niños en el mundo.

¿Y después de la guerra? Mutilaciones, enfermedades venéreas o de transmisión sexual como el VIH, malformaciones, estrés postraumático, adicción a las drogas, son algunas de las consecuencias que sufren estos niños y niñas.

¿Cuál es nuestro real compromiso con la infancia? No discriminación, interés superior del niño/a, derecho a la participación, supervivencia y desarrollo, pero pienso que estamos lejos de cumplir con lo que enmarca la Convención. Su lenta apropiación por parte de los países firmantes ha hecho que en la práctica no sean reconocidos como sujetos de derecho, ni como personas que pueden transformar la realidad.

Los niños y niñas necesitan paz y protección, digamos basta a la violencia contra ellos, que todos los sectores de la sociedad actúen como garantes de derechos, apostando a la edificación de entornos protectores y espacios libres de violencia de todo tipo.