Vivir con un tic: el repetitivo drama de muchas personas

Vivir con un tic: el repetitivo drama de muchas personas
Por el Dr. Franco Lotito C. - Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)– www.aurigaservicios.cl


Digamos de partida, que la cantidad de tics que se pueden encontrar entre las personas, es simplemente, enorme y muy variada, y en ocasiones, su complejidad confunde no sólo a la familia del afectado, sino que también a los especialistas y entendidos en el tema. Los tics nerviosos –o trastorno involuntario compulsivo– son conductas, espasmos, sonidos, gestos o movimientos involuntarios repetitivos que son ocasionados por la contracción de uno o varios músculos del cuerpo, habitualmente, de la cara.

Es así, por ejemplo, que el “síndrome de Tourette”, cuyo nombre se debe al neurólogo francés Gilles de la Tourette, quien lo describió por primera vez, está asociado a un trastorno del sistema nervioso que se caracteriza por la presencia de movimientos repetitivos o emisión de sonidos que no son intencionales ni voluntarios, y cuyos síntomas pueden incluir: tics, actos compulsivos, presencia de impulsividad o arrebatos conductuales. En ocasiones, el síndrome de Tourette –de etiología neurofisiológica– puede ser confundido con el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), enfermedad cuya característica principal son las obsesiones –o pensamientos invasivos exagerados– que pueden dar origen a la realización de conductas repetitivas o compulsivas, y los síntomas pueden incluir: tics, actos compulsivos, rumiación, entre otros.

De acuerdo con la intensidad con la que se experimentan los tics, la frecuencia con que se presentan y el tipo de movimientos que originan en las personas, los tics se clasifican, generalmente, en dos grandes grupos: los “tics simples” y los “tics complejos”. Los tics simples, a su vez, pueden ser subdivididos en: (a) “tics motores”: parpadeo continuo de ojos, sacudidas de la cabeza y cuello, estiramiento, elevación o encogimiento de hombros, hacer muecas y gestos faciales, tocarse constantemente el pelo, la nariz, las orejas, etc., (b) “tics vocales”: gruñidos, tos, carraspeo de garganta, ladridos, silvidos, aullidos, soplidos, etc.

Por su parte, los “tics complejos” también tienen la misma subdivisión, pero con un grado de complejidad superior y que, generalmente, interfieren en la vida de las personas, así como también en la interacción con otros individuos: (a) Tics motores: dar saltos repentinos, tocar a otras personas (incluyendo gente desconocida), olfatear objetos, imitar gestos de otros, tocarse los genitales, golpearse o morderse a sí mismos, (b) Tics vocales: decir palabras o frases fuera de todo contexto y momento, repetición de palabras dichas por otras personas, práctica de la coprolalia, es decir, usar palabras obscenas, gritar insultos, decir groserías, etc.

En relación con lo anterior, el síndrome de Tourette se caracteriza porque, además de los tics, se acompaña de conductas que los especialistas llaman “comorbilidades” y que afectan de manera grave a las personas que lo padecen: impulsividad, trastornos conductuales, falta de atención y concentración, trastornos obsesivos compulsivos, miedos e inseguridades con diferentes intensidades, ataques de rabia, entre otros síntomas. En este sentido, el síndrome de Tourette representa la manifestación más extrema de un problema que, por sí solo, es muy común en la población: los tics nerviosos.

Se estima que los tics afectan hasta al 24% de la población, donde el 95% de los casos aparece antes de los 15 años de edad. Los tics se incrementan como resultado de experimentar situaciones estresantes, condiciones de fatiga crónica y de ansiedad, así como también cuando se viven momentos emocionales positivos y felices. Si bien, ciertos tics pueden controlarse y/o suprimirse, éstos están en condiciones de ocasionar daño a la autoestima de las personas afectadas, al mismo tiempo que interferir en el establecimiento de relaciones interpersonales positivas, así como también en los procesos de aprendizaje.

Los tics representan una enfermedad que está dentro de los trastornos del movimiento, en relación con los cuales, existe una incapacidad de la persona para controlarlos de manera voluntaria, debido al hecho de que ocurren en exceso. Aún cuando no se conoce su causa exacta, se sospecha que el problema se origina en los ganglios basales del cerebro. De lo que sí hay certeza, es que tienen un factor hereditario a la base y son tres veces más frecuentes en los hombres que en las mujeres.

En general, los tics se inician a los siete años, y son de tipo benigno cuando duran menos de seis meses. Por el contrario, si el tic se prolonga por más de un año, ya se considera crónico y puede acompañar a la persona por el resto de su vida, por cuanto, quienes llegan a la adultez con tics, es porque no lograron superarlos en la infancia.

Mientras que alrededor de un 30% de los niños con tics presenta rasgos de déficit atencional con hiperactividad, un aspecto que llama la atención de muchos especialistas, es la tendencia entre los adultos que tienen tics a presentar rasgos obsesivos de personalidad. Se estima que entre un 20% y un 60% de los niños con tics presentan síntomas obsesivo-compulsivos. Porcentajes similares se observan en los adultos con síndrome de Tourette.

Ahora bien, la buena noticia, es que pese a la gravedad que reviste el problema, no todo es tan malo o negativo, por cuanto, el seguimiento que se ha hecho de miles de personas afectadas por este tipo de trastornos, revela que a dichas personas suele irles bastante bien en la vida: son sujetos muy perfeccionistas y que mantienen un estilo de trabajo que los conduce al éxito.

Si bien, el uso de fármacos bloqueadores de la dopamina o neurolépticos –como el haloperidol– es uno de los tratamientos más indicados para disminuir la intensidad de los tics, es preferible comenzar con un tratamiento psicoterapéutico orientado a reducir la ansiedad de la gente afectada, con el objetivo de mejorar el control de los tics, siendo la terapia cognitivo-conductual la que ofrece los mejores resultados y efectos en los pacientes.

El hecho de entregar información y conocimientos acerca de los tics, incrementa en las personas la tolerancia de los síntomas, así como la aceptación social, reduciendo el nivel de estrés que experimenta el sujeto. Tanto el entrenamiento de nuevos hábitos, como así también el aprendizaje de métodos de relajación pueden ser de mucha ayuda para quienes sufren este tipo de trastornos de los movimientos.

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