El “arte” de adular al jefe y… evitar así, algunos abusos

El “arte” de adular al jefe y… evitar así, algunos abusos
Dr. Franco Lotito C. Académico, escritor e investigador (PUC-UACh) – www.aurigaservicios.cl



La palabra adular proviene del latín “adulari” y, según el diccionario de la Real Academia Española (RAE), el concepto significa “hacer o decir con intención, a veces de manera inmoderada, lo que se cree que puede agradar al otro”, y si bien, algunas personas lo hacen para “avanzar” en su carrera, hay otras personas, en cambio, quienes se ven obligadas a hacerlo como una forma de poder sobrevivir ante los malos tratos de un jefe tóxico, así como también en ambientes de trabajo cargados negativamente.

En función de lo anterior, si alguien desea poner en práctica el “arte de adular” a otros, ya sea para evadir y hacerle el quite al abuso por parte de un mal jefe, o bien, para ganarse algunos puntos ante su “jefecito”, entonces las sugerencias y recomendaciones que hace el Dr. Richard Stengel –quien fuera Editor en Jefe de la revista Time–, vienen al caso, por cuanto, el Dr. Stengel asegura que quien no adula en los tiempos que corren, hoy en día, en relación con un mercado del trabajo cada vez más exigente –e incluso poco favorable para el desarrollo personal y de carrera–, estaría en una posición claramente desventajosa. Para qué hablar de lo que sucede en el ámbito de la política nacional con tanto adulador y chupamedias profesional. Revisemos, entonces, algunas de sus recomendaciones:
  • Hay que exaltar alguna cualidad del sujeto bajo la mira: es necesario, que la persona identifique en el sujeto que se va a adular alguna cualidad que se considere digna de tomar en cuenta, sin olvidar que estas cualidades se pueden “exagerar” un poco.
  • Hacer elogios en tercera persona: esta fórmula tiene la ventaja de no exponerse demasiado al halago y a la adulación directa. De modo que lo que hay que hacer, es utilizar la frase: “Fulano o mengano me dicen que usted es brillante Jefe”.
  • Sea específico: lo mejor que se puede hacer, es elogiar a partir de situaciones puntuales y que surgen en el momento, tales como: “Me encantó Jefe su análisis acerca de la crisis que vive Perú en la reunión de hoy”.
  • No deje de elogiar a las personas que ya son muy aduladas: si estos sujetos están cerca de chupamedias que han hecho carrera, es porque necesitan de muchos cumplidos, y si es así, no hay que perder la oportunidad de que usted haga su aporte.
  • Las comparaciones siempre son bienvenidas: decirle a una persona que es mejor que alguien a quien usted admira, da la sensación de que esa constatación está basada en la realidad y por ello resulta ser mucho más creíble.
  • Nunca alabe a varias personas de la misma manera: la razón es muy simple: si usted es descubierto haciendo eso, todo el esfuerzo y los elogios habrán sido en vano y un gran desperdicio.
  • Hay que mezclar un poco de acidez con algo de dulzura: siempre que sea posible, hay que hacer una leve crítica a la persona que se va a adular, acompañada de un gran elogio, ya que esa técnica convierte al cumplido en algo más legítimo.
  • Nunca sea del todo sincero(a) cuando alguien le pida su opinión: en un ambiente donde prima la agresividad y lo negativo la gente quiere escuchar elogios de su boca, no verdades que duelen. Las personas están esperando apoyo y no franqueza, ya que cualquier cosa mínimamente negativa será interpretada por el otro(a) como una dura crítica.
  • Sonría abiertamente cuando haga un elogio: la persona que adula y elogia tiene que demostrar al otro que siente mucho agrado al hacerlo. De esta forma parecerá más real el elogio y será más difícil ser descubierto.
  • Cuéntele algo secreto e íntimo: revelar al adulado algo personal e íntimo –aunque no sea del todo cierto– demuestra que se tiene confianza en la persona y que se la considera discreta y comprensiva.
  • Hacer pequeños favores: diversos estudios indican que aquellas personas que hacen favores agradan mucho a quienes tienen fama por su gusto y atracción por la adulación.
Bajo los diversos escenarios que han sido presentados, no hay nada de malo en decirle a los demás aquello que ellos y ellas quieren escuchar, por cuanto, esto sería parte del “juego social y del arte de adular”, y es uno de los grandes motivos por los cuales los halagos y elogios funcionan tan bien.

La razón es muy sencilla de comprender: si hay hombres y mujeres que quieren escuchar que son más brillantes, geniales y atrayentes de lo que realmente son, entonces… ¿cuál es el problema de decirles lo que desean escuchar? ¡Ellos y ellas quedarán felices y usted habrá desarrollado alguna estrategia para defenderse de abusos y malos tratos, o bien, se habrá ganado unos buenos puntos para avanzar en su carrera!

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