Violencia escolar desbordada

Violencia escolar desbordada
Dr. Franco Lotito C. Académico, escritor e investigador (PUC-UACh) – www.aurigaservicios.cl



Dado el notable y creciente aumento de los casos de bullying, maltrato, amenazas con cuchillos y armas de fuego por parte de escolares y adolescentes, es posible inferir que algo estamos haciendo muy mal en nuestro país. Incluso los profesores están siendo gravemente afectados por ataques en su contra, hasta el extremo, que de acuerdo con un reciente estudio de la Universidad Católica y la Universidad de Chile, un 9,4 % de los profesores(as) de aula han presentado su renuncia o están con licencia médica.

El bullying o matonaje escolar corresponde a cualquier forma de maltrato, intimidación o abuso, ya sea de carácter psicológico, verbal o de tipo físico –incluso sexual–, ya sea que se produzca al interior –o fuera– de los colegios, o bien, a través del uso de las redes sociales, es decir, a través del “ciberbullying” o acoso cibernético.

Estas conductas se han convertido en una verdadera lacra social a nivel nacional, son actos que afectan gravemente la seguridad, la autoestima, el bienestar y la integridad física y emocional de miles de niños(as), jóvenes y profesores de los establecimientos educacionales, sin que –al parecer– exista un verdadero interés por parte de las autoridades de gobierno por cortar, de una vez por todas, esta verdadera escalada de violencia, agresividad y maltrato, al punto que deben ser las víctimas de los abusos, las que, finalmente, se ven obligadas a abandonar los colegios y cambiarse de establecimiento para no seguir siendo objeto de amenazas, agresiones y de maltrato verbal y físico. Y a todo esto: hoy nos enfrentamos –literalmente– ¡a amenazas de muerte en contra de directores y docentes de los colegios!

Esta dura y triste realidad lleva a pensar que son sólo los "derechos humanos” de los victimarios los que no pueden ser "vulnerados" con algún tipo de sanción o castigo –como por ejemplo, suspensión y/o expulsión de los estudiantes involucrados en actos de violencia, en concordancia con la gravedad de la falta cometida–, en tanto que las víctimas de estos sujetos –estudiantes y profesores– quedan, generalmente, desamparadas, a la deriva y sin el merecido apoyo y resguardo que deberían recibir por parte de las autoridades de gobierno y educacionales, donde su propio derecho a vivir –y trabajar– en paz y tranquilidad se ve pisoteado y conculcado por parte de estos jóvenes matones y, en algunos casos, verdaderos delincuentes. Es decir… ¡el mundo al revés!

A lo anterior, se suman aquellos padres que tienden a minimizar –y, en algunos casos, a justificar– las inconductas, amenazas, abusos y faltas de respeto de sus hijos hacia otras personas, afirmando que se trata sólo de “juegos de niños”. Una soberana estupidez, tontería y ceguera sin límites por parte de estos “padres”. Incluso más: algunos de ellos se suman a sus hijos en los ataques físicos y verbales en contra del profesorado.

Llegados a este punto, quiero destacar lo que me señalaron –y lo haré en forma textual– algunas mamás y papás muy angustiados por lo que está sucediendo en los colegios, así como también preocupados por la salud e integridad física y mental de sus propios hijos. Para ello, voy a utilizar sólo los nombres de pila de estos padres.

La primera de las mamás, Carmen, me indica que lo que está aconteciendo en nuestro país tiene que ver con “los actuales modelos educativos y de familia, en los cuales, los valores y principios de conducta parecen estar trastocados y olvidados en el baúl de los recuerdos”, por cuanto, en ellos se advierte una “ausencia de valores, límites y reglas claras”, a raíz de lo cual, ya no existe ese respeto hacia los demás, respeto que años atrás todos nosotros asumíamos como algo normal y natural.

Asimismo, Carmen, hace un llamado muy claro y muy sentido: “Ojalá que las familias y las autoridades responsables le tomen el peso que corresponde a este despreciable comportamiento”, ya que este tipo de conductas presentes en los niños y adolescentes “obviamente será un gran factor de riesgo para el ejercicio de la violencia en la edad adulta”, agregando que no se puede continuar “relativizando estas conductas, algunas de las cuales pueden ser calificadas como actos delincuenciales”.

Viviana, por su parte, señala que “Lo peor de todo, es la liviandad con la que se imparte la educación desde la casa, así como el libertinaje y el dejar hacer que se promueve en los hogares”, donde los niños y jóvenes no respetan la autoridad paterna ni menos aún a otras personas, a raíz “de que en el hogar, los padres son “amiguis” de estas pobres criaturas”, las cuales, si no están felices y no se sienten atendidos como reyes, “insultan, amenazan y garabatean a sus padres y familiares como les viene en gana y, en algunos casos, hasta con maltrato físico”.

Viviana agrega, que “Los pobres profesores de estos niños y jóvenes tampoco los pueden corregir en el colegio, porque si lo hacen, de inmediato comienzan a ser bombardeados y acosados con una seguidilla de whatsapp, funas y amenazas, esta vez, por parte de los padres” de estos chicos violentos e irrespetuosos, o bien, terminan siendo acusados ante las autoridades de “maltrato infantil” y de vulnerar sus “derechos humanos”, sin tomar en consideración el grave daño que se les hace a estos profesores que intentaron corregir el mal comportamiento de sus hijos. Viviana señala que, en su opinión, “esta situación la propician los propios adultos, quienes no se hacen cargo del mal comportamiento de sus hijos, ya sea, porque algunos de ellos son complacientes, otros agresivos, otros despreocupados” y, al final de cuentas, resulta que el colegio, los profesores y todos los demás tienen la culpa de lo que está pasando con estos jóvenes violentos. Viviana termina su comentario, señalando que, al parecer, estaríamos “en una sociedad enferma”.

Carlos lo resume de esta manera: “Todo parte desde la casa, ya que la falta de educación y respeto por parte de algunos padres, se traspasa, finalmente, a los propios hijos”, con las desastrosas consecuencias que estamos viendo a diario.

César, por su parte, nos recuerda un principio básico y de antigua data: “La educación y el establecimiento de reglas claras comienza por casa” y agrega que mientras “las familias no entiendan cuál es el verdadero rol que juegan en la sociedad, será muy difícil que logremos cambiar a las futuras generaciones, ya que las actuales tienen un enfoque equivocado, el cual, sólo apunta a los derechos, pero se olvidan, convenientemente, que también existen los deberes”. Por lo tanto, se ha vuelto urgente “crear conciencia en la sociedad y en la gente”, y recordarle a los padres “cuál es su verdadero rol”, con la finalidad de evitar que sigan sucediendo actos y conductas que sólo pueden calificarse como repudiables.

Ahora bien, los testimonios, comentarios y reflexiones de estos padres me parecieron tan contundentes y acertados, que he estimado que no se hace necesario agregar algo más por parte mía a la temática que se ha analizado. Sólo destacar y poner en evidencia que la falta de valores, principios, límites y reglas claras en estos hogares, permite –y facilita– que los abusos, el matonaje y la violencia escolar se sigan reproduciendo y, lo que es peor, normalizando.



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