Prevención de incendios forestales: la urgencia de gestionar el riesgo en zonas rurales de la Región de Los Lagos
Por Héctor A. Zúñiga Gajardo, Ingeniero en Prevención de Riesgos.
Desde hace dos años, he desarrollado capacitaciones gratuitas en prevención de incendios forestales en distintas zonas rurales de la Región de Los Lagos, dirigidas a comunidades que habitan en sectores de interfaz urbano-rural. Estas instancias formativas surgen como respuesta a una realidad cada vez más evidente: el aumento sostenido del riesgo de incendios en áreas donde viviendas, bosques y pastizales conviven sin medidas preventivas adecuadas.
Chile enfrenta temporadas estivales cada vez más extensas y severas, caracterizadas por altas temperaturas, baja humedad relativa y presencia de vientos, condiciones que favorecen la ignición y rápida propagación del fuego. En este escenario, uno de los factores más críticos es la acumulación de material combustible alrededor de las viviendas, como pasto seco, matorrales, residuos, escombros y restos vegetales.
La experiencia en terreno demuestra que muchos incendios que terminan afectando viviendas no se originan directamente en el bosque, sino en áreas mal mantenidas cercanas a las estructuras. Este tipo de combustible actúa como un puente entre el fuego y las edificaciones, aumentando de forma exponencial el daño potencial.
Desde un punto de vista técnico, una de las medidas más efectivas para reducir este riesgo es la implementación de zonas de seguridad perimetral, recomendando un radio mínimo de 50 metros despejados de material combustible alrededor de viviendas y conjuntos habitacionales. Esta franja cumple una función clave: generar una discontinuidad del combustible, disminuyendo la intensidad térmica del incendio y reduciendo la probabilidad de que las llamas alcancen directamente las estructuras.
Es importante comprender que esta zona de seguridad no elimina el riesgo, pero sí reduce significativamente las consecuencias de un incendio, facilitando además el trabajo de brigadas forestales y bomberos durante las labores de control y extinción.
Durante las capacitaciones realizadas en la región, se abordan aspectos como la identificación de peligros, la evaluación del riesgo de incendio, la gestión de la carga combustible, y la importancia de la mantención periódica de estos espacios. Una zona despejada que no se mantiene en el tiempo pierde rápidamente su efectividad como barrera preventiva.
La prevención de incendios forestales no debe entenderse como una acción puntual ni reactiva posterior a una emergencia. Por el contrario, se trata de un proceso continuo, que requiere planificación, educación y compromiso comunitario. Cortar pastizales, retirar residuos, ordenar bodegas exteriores, limpiar techumbres y mantener accesos despejados son acciones simples, pero de alto impacto preventivo.
En zonas rurales y semi rurales, donde la capacidad de respuesta suele ser más limitada por distancia o acceso, estas medidas adquieren aún mayor relevancia. La coordinación entre vecinos, municipios y organismos de emergencia resulta fundamental para fortalecer la resiliencia comunitaria frente a eventos de incendio.
Desde la ingeniería en prevención de riesgos, el enfoque debe priorizar la anticipación del evento, integrando criterios técnicos, operacionales y de educación preventiva. La evidencia es clara: invertir en prevención es más eficiente —en términos humanos, ambientales y económicos— que enfrentar las consecuencias de una tragedia evitable.
La protección de la vida, las viviendas y el entorno natural comienza mucho antes de que aparezcan las llamas. La gestión responsable del entorno inmediato es una tarea compartida que hoy, más que nunca, resulta urgente asumir.
Fuente información: heangajardo@gmail.com
Desde hace dos años, he desarrollado capacitaciones gratuitas en prevención de incendios forestales en distintas zonas rurales de la Región de Los Lagos, dirigidas a comunidades que habitan en sectores de interfaz urbano-rural. Estas instancias formativas surgen como respuesta a una realidad cada vez más evidente: el aumento sostenido del riesgo de incendios en áreas donde viviendas, bosques y pastizales conviven sin medidas preventivas adecuadas.
Chile enfrenta temporadas estivales cada vez más extensas y severas, caracterizadas por altas temperaturas, baja humedad relativa y presencia de vientos, condiciones que favorecen la ignición y rápida propagación del fuego. En este escenario, uno de los factores más críticos es la acumulación de material combustible alrededor de las viviendas, como pasto seco, matorrales, residuos, escombros y restos vegetales.
La experiencia en terreno demuestra que muchos incendios que terminan afectando viviendas no se originan directamente en el bosque, sino en áreas mal mantenidas cercanas a las estructuras. Este tipo de combustible actúa como un puente entre el fuego y las edificaciones, aumentando de forma exponencial el daño potencial.
Desde un punto de vista técnico, una de las medidas más efectivas para reducir este riesgo es la implementación de zonas de seguridad perimetral, recomendando un radio mínimo de 50 metros despejados de material combustible alrededor de viviendas y conjuntos habitacionales. Esta franja cumple una función clave: generar una discontinuidad del combustible, disminuyendo la intensidad térmica del incendio y reduciendo la probabilidad de que las llamas alcancen directamente las estructuras.
Es importante comprender que esta zona de seguridad no elimina el riesgo, pero sí reduce significativamente las consecuencias de un incendio, facilitando además el trabajo de brigadas forestales y bomberos durante las labores de control y extinción.
Durante las capacitaciones realizadas en la región, se abordan aspectos como la identificación de peligros, la evaluación del riesgo de incendio, la gestión de la carga combustible, y la importancia de la mantención periódica de estos espacios. Una zona despejada que no se mantiene en el tiempo pierde rápidamente su efectividad como barrera preventiva.
La prevención de incendios forestales no debe entenderse como una acción puntual ni reactiva posterior a una emergencia. Por el contrario, se trata de un proceso continuo, que requiere planificación, educación y compromiso comunitario. Cortar pastizales, retirar residuos, ordenar bodegas exteriores, limpiar techumbres y mantener accesos despejados son acciones simples, pero de alto impacto preventivo.
En zonas rurales y semi rurales, donde la capacidad de respuesta suele ser más limitada por distancia o acceso, estas medidas adquieren aún mayor relevancia. La coordinación entre vecinos, municipios y organismos de emergencia resulta fundamental para fortalecer la resiliencia comunitaria frente a eventos de incendio.
Desde la ingeniería en prevención de riesgos, el enfoque debe priorizar la anticipación del evento, integrando criterios técnicos, operacionales y de educación preventiva. La evidencia es clara: invertir en prevención es más eficiente —en términos humanos, ambientales y económicos— que enfrentar las consecuencias de una tragedia evitable.
La protección de la vida, las viviendas y el entorno natural comienza mucho antes de que aparezcan las llamas. La gestión responsable del entorno inmediato es una tarea compartida que hoy, más que nunca, resulta urgente asumir.
Fuente información: heangajardo@gmail.com







