Libera 400 millones de barriles y provocan un efecto rebote en los mercados

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Fernando De Llano Paz, Universidade da Coruña

La decisión de la Agencia Internacional de la Energía de liberar 400 millones de barriles de petróleo no ha servido para calmar los mercados. Al contrario, más bien parece que ha contribuido a la alarma, visto el impulso de los precios: una nueva subida del 10 %, hasta valores ya cercanos a los 100 dólares para el barril Brent. Recordemos que hace tres meses, en diciembre de 2025, el mismo barril cotizaba sobre los 60 dólares. Por tanto, el incremento en estos tres meses es de en torno al 70 %.

Infraestructuras atacadas y Ormuz cerrado: se prende la mecha

El conflicto bélico entre Israel-EE. UU e Irán está provocando inestabilidad en los mercados y una subida de precios mantenida desde comienzos de marzo. El 2 fue el primer día de cotización de los mercados energéticos tras el inicio de los ataques, y en los 12 primeros días del mes, el precio del petróleo Brent ha pasado de los 73 dólares al cierre del viernes 27 de febrero a los 99 dólares del mediodía del jueves 12 (con un pico de casi 110 dólares el día 8).

Estos ascensos son el efecto tanto del cierre del estrecho de Ormuz como de los ataques a las infraestructuras petroleras de los países de la región y a los buques petroleros que todavía se encuentran en el estrecho, que se ha convertido en un punto geopolítico caliente. Recordemos que por allí pasa en torno al 35 % del petróleo comercializado por vía marítima y que su destino principal es la zona de Asia-Pacífico, con China, India y Japón a la cabeza.

¿Qué son las reservas estratégicas de petróleo?

Ante este comportamiento alcista se pueden activar algunos mecanismos para contener los efectos negativos sobre la economía mundial. Así, hay un grupo de 32 países, todos pertenecientes a la OCDE y que conforman la Agencia Internacional de la Energía, que disponen de una carta: la liberación de parte de sus reservas estratégicas. En otras ocasiones, esta medida ha logrado distender el mercado: en 1991, durante la guerra de Irak; en 2005, tras el paso del huracán Katrina; en 2011, tras la subida provocada por la Primavera Árabe; y dos veces en 2022, tras el estallido de la guerra de Ucrania.

Después de la crisis del petróleo de 1973, los países de la OCDE tomaron la decisión de almacenar preventivamente petróleo y gas natural. El objetivo no es otro que protegerse ante el riesgo de una posible ruptura de suministro. De esta forma, cada país está llamado a almacenar crudo en su territorio por una cantidad mínima: al menos el equivalente al consumo de petróleo y sus derivados durante 90 días y de gas natural durante 20 días.

Liberación de reservas y efecto rebote

La decisión tomada por unanimidad por los 33 países miembros de la IEA este 12 de marzo implica la mayor liberación de reservas de petróleo de su historia: 400 millones de barriles. Nada más y nada menos que un tercio de todas sus reservas estratégicas almacenadas. A efectos de dimensionar esta decisión, pensemos que dicha cantidad es más del doble de la liberada tras el inicio de la guerra de Rusia contra Ucrania y el equivalente a cuatro días de demanda mundial de petróleo.

El mercado sabía, y posiblemente esperaba, que se pondría en marcha el mecanismo de la liberación de reservas para tratar de minorar los precios. Con lo que no contaba era con el mensaje oculto: si se liberan tantas reservas, posiblemente sea porque el riesgo de ruptura de suministro sea mayor del que reflejaba un barril a 90 dólares.

Lo que el mercado está captando con esos 400 millones de barriles en la calle es que la vuelta a la normalidad, el día después del final del conflicto, no parece que vaya a ser inmediato. Los buques podrán volver a pasar el estrecho de Ormuz, pero seguramente la capacidad de producción, que es o que garantiza que haya oferta de petróleo, será menor que la que había antes de esta guerra.The Conversation

Fernando De Llano Paz, Profesor Titular de Universidad en Departamento de Empresa. Línea de investigación: Economía de la Energía, Universidade da Coruña

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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