Iluminar mejor no es iluminar más: estrategias para reducir el consumo de la luz

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Roberto Alonso González-Lezcano, Universidad CEU San Pablo

La iluminación, pese a ser uno de los gastos de energía más constantes en viviendas y oficinas, rara vez se considera como algo importante. Sin embargo, puede suponer alrededor del 10 % al 20 % del uso de electricidad en viviendas y en una proporción mayor en locales comerciales.

Globalmente, el gasto de la iluminación representa casi el 8 % de la energía eléctrica usada mundialmente, según datos de la Agencia Internacional de la Energía. Pero también es uno de los sistemas de consumo con mayor potencial para optimizar: mediante la tecnología adecuada, un diseño inteligente y una buena gestión del encendido, es posible reducir el consumo sin perder confort e incluso mejorando la salud y el bienestar.

Led: eficiencia energética con impacto en el bienestar

Los sistemas led son un gran avance en eficiencia energética, ya que pueden reducir el consumo de la iluminación entre un 50 % y un 80 % frente a tecnologías más antiguas.

Pero su impacto va más allá del ahorro eléctrico. Los led reducen la emisión de calor, lo que merma la carga térmica interior y puede disminuir el uso del aire acondicionado.

Además, el tipo de luz también influye en el cuerpo: afecta al sueño, la atención y el metabolismo. Su efecto depende sobre todo de la intensidad. La luz rica en componente azul (muy habitual en led fríos o pantalla) puede alterar la producción de melatonina y afectar al sueño y a los ritmos circadianos. En cambio, los led cálidos y bien regulados pueden minimizar ese efecto y, además, son mucho más eficientes energéticamente que otras tecnologías.

Iluminar mejor no es iluminar más

Un típico error en edificios es la iluminación total y uniforme: encender las luces de todo el espacio sin considerar el uso real de cada zona. Sin embargo, las necesidades lumínicas son muy diferentes: un pasillo requiere apenas 100–200 lux, mientras que un puesto de trabajo necesita alrededor de 500 lux, según la normativa europea.

Usar estrategias de zonificación puede reducir el consumo entre un 20 % y un 40 % sin afectar al confort visual. A esto se suma la iluminación inteligente mediante sensores de presencia y regulación automática, que puede generar ahorros extra del 20–60 %.

Además, es frecuente la sobreiluminación: algunos proyectos superan los niveles recomendados sin aportar mejoras perceptibles, generando un consumo energético innecesario.

En resumen: necesitamos emplear menos energía, pero mejor adaptada a las personas.

Beneficios de la luz natural

La luz natural es uno de los recursos más eficientes en los edificios. En el exterior puede superar los 10 000 lux, mientras que en interiores rara vez llega a 500 lux. Aun así, es habitual mantener la luz artificial encendida durante el día, lo que aumenta el consumo energético y reduce la exposición a luz natural.

Un buen diseño que aprovecha la luz natural en oficinas y viviendas puede reducir el consumo de iluminación eléctrica entre un 40 % y un 70 %. Además, mejora el rendimiento, reduce la fatiga visual, mejora el estado de ánimo y ayuda a regular el reloj biológico.

La luz artificial por la noche puede alterar el sueño al reducir la melatonina, la hormona que nos ayuda a dormir. En cambio, la luz natural durante el día favorece un mejor descanso nocturno y un ritmo circadiano más equilibrado. Como cada persona responde de forma distinta, es importante adaptar la iluminación a los usuarios.

Temperatura de color

Además, la temperatura de color influye en cómo nos sentimos: la luz fría ayuda a estar más atentos, mientras que la luz cálida favorece la relajación y el descanso.

Los sistemas de luz dinámica permiten adaptar la iluminación durante el día, mejorando el confort y evitando usar más luz de la necesaria.

Certificaciones sostenibles: LEED y WELL

En los últimos años, la eficiencia energética en iluminación ha dejado de ser un objetivo aislado para integrarse en sistemas de certificación global que evalúan edificios de forma integral. Entre ellos, destacan dos especialmente relevantes: LEED y WELL.

LEED: eficiencia energética y diseño sostenible

El sistema LEED (Leadership in Energy and Environmental Design) se ha convertido en uno de los estándares más utilizados a nivel mundial para evaluar la sostenibilidad de edificios.

En iluminación, LEED no solo valora el consumo energético, sino también el uso de luz natural, la reducción de carga conectada en iluminación, el uso de control automático y sensores y la calidad lumínica en espacios interiores

Los estudios muestran que los edificios certificados LEED pueden reducir significativamente el consumo energético global, con impactos directos en iluminación y climatización.

En la práctica, LEED impulsa edificios más eficientes energéticamente, donde la iluminación se diseña como un sistema integrado y no como un elemento aislado.

WELL: la iluminación como herramienta de salud

Mientras la certificación LEED se centra en la eficiencia, el estándar WELL Building Standard pone el foco en la salud humana. En el apartado de iluminación, WELL evalúa la exposición a luz natural y su duración diaria, el control del deslumbramiento, la calidad espectral de la luz artificial, la alteración de los ritmos circadianos y la exposición nocturna y la flexibilidad lumínica según actividad y hora del día.

Esto supone un cambio de paradigma: la iluminación deja de ser solo un parámetro técnico para convertirse en un determinante directo del bienestar físico y mental. Estudios recientes han demostrado que entornos alineados con criterios WELL mejoran la calidad del sueño, reducen la fatiga y aumentan el rendimiento cognitivo.

WELL introduce una idea clave: la iluminación no solo debe ahorrar energía, sino también proteger la salud.

Diseño de interiores para mejorar la eficiencia energética

El diseño del espacio también es un factor decisivo en el consumo de iluminación. Superficies claras pueden reflejar hasta el 80 % de la luz, mientras que materiales oscuros incrementan la necesidad de iluminación artificial.

Investigaciones han demostrado que decisiones de diseño pasivo pueden reducir entre un 30 % y un 50 % del consumo de iluminación sin cambios tecnológicos. Algunos elementos clave son la orientación hacia luz natural, el uso de materiales reflectantes, el control del deslumbramiento y la integración de iluminación indirecta.

Diseñar bien un espacio puede ahorrar tanta energía como renovar toda la instalación de iluminación.

La iluminación del futuro: eficiente, saludable y certificada

Reducir el consumo de iluminación no depende de una sola tecnología, sino de una estrategia integrada que incluye los puntos mencionados, desde la iluminación led al diseño de los espacios.

No existe un único porcentaje oficial que resuma el ahorro total al aplicar todas esas estrategias juntas, porque depende mucho del tipo de edificio, clima y uso. Pero sí conocemos los rangos. Los proyectos de modernización de la iluminación en edificios de oficinas pueden conseguir reducciones del consumo energético de la luz de entre un 60 % y un 90 %, dependiendo de su nivel de optimización.

Pero la iluminación ya no puede entenderse solo como un consumo energético. Es también un factor clave de salud, productividad y bienestar. Por tanto, el futuro de los edificios no será solo más eficiente, sino también más saludable y certificado bajo criterios que integran energía, salud y diseño.The Conversation

Roberto Alonso González-Lezcano, Catedrático de Universidad en el área de Construcciones Arquitectónicas, Universidad CEU San Pablo

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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