La educación no puede seguir nivelando hacia abajo

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Por Loreto Kemp, Impulsora Ley de autismo.

En la Cuenta Pública, el Presidente volvió a poner la educación en el centro de la discusión nacional. Habló de aprendizaje, seguridad escolar, mérito, autonomía de los establecimientos, libertad de elección para las familias y liderazgo de los directores. Y esa conversación era necesaria. Durante demasiado tiempo hemos discutido educación desde trincheras ideológicas, olvidando lo más importante, que los niños aprendan, que las familias puedan elegir y que cada estudiante tenga una oportunidad real de desarrollar sus talentos.

En la Región de Los Lagos esto no es una discusión menor. Nuestros niños aprenden menos que en el resto del país. Esa realidad debería dolernos, pero sobre todo debería obligarnos a actuar con más seriedad y sentido de urgencia.

No deberíamos tenerle miedo a hablar de mérito. El mérito no es solo una nota, un ranking o un resultado final. También es esfuerzo, trayectoria, constancia, talento y punto de partida. Hay mérito en un niño que logra mejorar su lectura después de años de dificultad, en una estudiante que entrena todos los días para desarrollar un talento deportivo, o en un estudiante neurodivergente que, con los apoyos adecuados, puede mostrar capacidades que antes nadie logró ver.

El mérito bien entendido no excluye. Al contrario, permite reconocer que los talentos son distintos y que no todos los niños necesitan el mismo camino para llegar lejos.

Lo mismo ocurre con la libertad de elección. Las familias tienen derecho a buscar el proyecto educativo donde sus hijos puedan estar mejor. Algunos niños necesitan un proyecto académico exigente. Otros se desarrollan mejor en un colegio artístico, deportivo, técnico, científico, rural, religioso o con un sello valórico determinado.

Eso no debería verse como una amenaza. Debería verse como parte de una sociedad moderna que entiende que los niños no son todos iguales y que el sistema no puede tratarlos como si fueran intercambiables.

Además, la libertad de elección también tiene que ver con la seguridad y el bienestar. En Puerto Varas, cuando un niño es víctima de bullying, muchas veces debe quedarse en el mismo establecimiento. No porque su familia quiera exponerlo nuevamente, sino porque no hay cupos, no existe suficiente oferta o el sistema no entrega una alternativa real y oportuna.

Ese niño termina permaneciendo en el mismo lugar donde fue dañado. Y eso no puede parecernos normal.

Por eso, hablar de seguridad escolar también es hablar de libertad de elección. Una familia debe poder buscar un espacio donde su hijo esté seguro, pueda aprender y vuelva a confiar. Para eso necesitamos más y mejores proyectos educativos, no menos. Necesitamos diversidad de oferta, establecimientos con identidad, directores con herramientas reales y comunidades educativas capaces de hacerse cargo.

En la Cuenta Pública, el Presidente habló de “dar a los directores herramientas para volver a ser líderes pedagógicos y no meros administradores”. Esa frase es clave. Una escuela no mejora solo con formularios, reglamentos o instrucciones externas. Mejora cuando hay liderazgo, propósito y capacidad de tomar decisiones pensando en sus estudiantes.

También fue importante que, al hablar de mayor autonomía para los establecimientos, señalara que debe hacerse “resguardando siempre la no discriminación y la atención de los estudiantes con necesidades especiales. Esa frase hay que tomarla en serio.

Todos los establecimientos deben cumplir estándares claros de inclusión. La excelencia académica no puede convertirse en una forma elegante de excluir a quienes aprenden distinto. Pero tampoco podemos caer en el error contrario: tenerle miedo a la excelencia.

Un país que quiere mejorar su educación debe poder tener proyectos exigentes, establecimientos de excelencia y espacios donde los estudiantes desarrollen al máximo sus talentos. La verdadera excelencia no baja estándares ni abandona a los estudiantes en el camino. Reconoce talentos diversos, entrega apoyos reales y se toma en serio el potencial de cada niño.

Mérito, libertad, liderazgo directivo e inclusión no tienen por qué estar enfrentados.

La Cuenta Pública abrió una conversación importante. Ahora el desafío es que no se quede solo en anuncios. Chile necesita una reforma seria, con foco en aprendizaje, seguridad escolar, libertad de elección, mérito, excelencia e inclusión real.

Ahí se juega buena parte del futuro de Chile.


Fuente información: loreto.kemp@gmail.com
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