¿No quiere tener Alzheimer? Entonces… ¡haga trabajar a su cerebro!

Ilustración Referencial
Por el Dr. Franco Lotito C.www.aurigaservicios.cl - Conferencista, escritor e investigador (PUC).



Pudiendo usarse en un 100% nuestra capacidad mental, mucha gente opta por subutilizar su cerebro y que éste permanezca poco activo, que se deteriore o que se vea afectado por diversas enfermedades, trastornos y traumatismos, tales como: enfermedades neurodegenerativas, Alzheimer, conmociones cerebrales, etcétera, que afectan a nuestro cerebro, ya sea porque no se lo estimula o se lo cuida lo suficiente, porque no hay un mayor interés por el aprendizaje continuo o, demasiado a menudo, por simple flojera y desidia.

Es así, por ejemplo, que en el ámbito laboral el concepto “aprendizaje continuo” o lifelong learning, en inglés, hace referencia al “proceso de actualización permanente de competencias y habilidades”, con la finalidad de que la persona estimule a su cerebro, se encuentre siempre al día con los conocimientos propios de su trabajo o área de experticia, “al mismo tiempo que lo mantiene activo y funcionando”.

Sin embargo, lo llamativo y curioso –o más bien penoso de la situación–, es que una parte importante de la población, además de desaprovechar el tremendo potencial que tiene este maravilloso órgano, tampoco cuidan su cerebro como se debiera. Es así, por ejemplo, que: (a) no faltan aquellas personas que lo someten a fuertes golpes y traumatismos. Por ejemplo, jugadores de fútbol americano, quienes, por los repetidos golpes en la cabeza pueden desarrollar una encefalopatía traumática crónica, boxeadores que reciben golpes traumáticos en su cabeza, personas que se caen de la bicicleta sin un casco protector, etcétera, (b) gente que lo llena de substancias químicas nocivas (drogas, anfetaminas, alcohol), o bien, (c) que no le entregan los nutrientes adecuados (mala o pobre alimentación), o, simplemente, (d) que lo mantienen inactivo a causa del desinterés o flojera mental, volviéndolo fofo como un músculo fláccido y que termina por deteriorarse.

Un cerebro bien cuidado, bien estimulado y que esté constantemente activo, le dará a su dueño múltiples y grandes satisfacciones, sin que importe mucho la edad que tenga la persona. Y si hasta hace algunos años se pensaba que la memoria, la capacidad de aprendizaje y la concentración de las personas se hacían más difíciles pasando de una determinada edad, la realidad, hoy en día, es muy diferente y permite mirar de manera muy positiva el futuro. En este sentido, un cerebro sometido a desafíos permanentes retrasa enfermedades y se mantendrá activo hasta su muerte.

Los últimos estudios e investigaciones acerca del cerebro humano han echado por tierra la creencia tan aceptada –y por tanto tiempo– de que “todos nosotros perdemos numerosas células cerebrales –o neuronas– en la medida que vamos envejeciendo”, una suposición que se basó en investigaciones erróneas o que estaban incompletas. De ahí que sea relevante y vital no sólo para el Sistema Nervioso Central (SNC), sino que para todo el organismo humano someter al cerebro a constantes desafíos para mantenerlo en óptimas condiciones.

Los nuevos conocimientos acerca de nuestro cerebro se acumulan con gran rapidez, y uno de los descubrimientos más fascinantes e importantes de los últimos tiempos, es que el daño que pueda sufrir el SNC no es irreparable, tal como se afirmaba antes, ya que “las funciones mentales y motrices esenciales pueden restablecerse, ya sea porque nervios y neuronas forman nuevas conexiones o porque sortean la zona con los tejidos dañados”, pudiendo de este modo, retomar y enviar sus señales nuevamente. Se habla, entonces, de la neuroplasticidad cerebral.

Además, la declinación de la función mental no se debe, necesariamente, al envejecimiento de las personas. Las investigaciones realizadas indican que, en parte, “la disminución de las funciones del cuerpo humano se debe a un deficiente suministro de oxígeno al organismo y al cerebro mismo”, ya que se ha determinado con mucha certeza que cuando vamos envejeciendo “se produce una reducción de la cantidad de oxígeno que absorben los pulmones”, entregando una menor cantidad al cerebro a través de la sangre hasta en un 50% menos y, por esta vía, puede influir en el deterioro cognitivo.


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