La perseverancia y habilidades complementarias

La perseverancia, es la capacidad que tenemos (o no) de continuar con un proyecto que se ha empezado a ejecutar. Lo cierto, es que es una habilidad o competencia que se aprende más fácilmente en la infancia, con la ayuda de los padres. Es por eso, que hay personas que son muy perseverantes “por naturaleza”, y otras que, frente a cualquier obstáculo, renuncian fácilmente a los objetivos propuestos.

Existen varios factores que componen esta habilidad o competencia, dentro de ellos; la voluntad como la motivación o energía positiva que tiene la persona, en pos del cumplimiento de un objetivo. El impulso de emprender, como la capacidad de iniciar un proyecto con pocos recursos, no es suficiente para conseguir lo propuesto; la voluntad de continuar debe mantenerse efectiva en todo momento, más allá de las complejidades que se presenten, sobre todo por el hecho de que las dificultades y problemas en el curso de un proyecto, son parte de cualquiera de ellos. Y justamente cuando aparecen, es cuando la perseverancia debe emerger con mayor énfasis. Aquí, es importante enriquecer el foco de la continuidad, combinada con la habilidad o capacidad de resolver problemas. Solo en la medida en que seamos capaces de hacerlo, sorteando y evaluando las posibilidades y consecuencias de cada opción, podremos seguir efectivamente adelante con nuestro objetivo, proyecto o negocio.

Tener en la mira a los valores, también es parte importante de la capacidad de perseverar. Me refiero a los valores que están detrás de lo que buscas obtener, ¿Por qué quiero obtener éxito en esto?, ¿De qué manera me voy a sentir al alcanzar los resultados propuestos?, ¿De qué manera mi vida, o la de otros, se va a ver impactada si consigo esta meta? Si es que la ganancia detrás de nuestros propósitos, es atractiva a este nivel, mantenerla presente, ayudará a estar conectados con ella, y en consecuencia a seguir persiguiéndola.

Por otra parte, tener claras las fortalezas que tengo para lograr mi cometido, -tanto como las falencias que podrían obstaculizarlo- nos permitirán diseñar una estrategia clara de continuidad frente a cualquier limitación, ¿Cuáles son las fortalezas que me permitirán llevar adelante este proyecto?, ¿De qué manera las emplearé?, y conociendo mis debilidades, ¿De qué manera actuaré si es que ocurre tal o cual cosa?, ¿Qué me ayudará en dicho caso? Estas y otras preguntas, deben ser respondidas con claridad, de modo que, en momentos en que las dificultades se presenten, la motivación no se vea amenazada y, en consecuencia, ciertos tropiezos no nos desestabilicen frente a nuestro cometido, muy por el contrario, debemos lograr utilizarlos como recursos potentes a nuestro favor.

No obstante tener claro lo anterior, no todos hemos aprendido la perseverancia, hay quienes tuvieron un ejemplo de renuncia fácil ante las dificultades en medio de un proyecto. Desarrollar la perseverancia, necesita poner en primer lugar, el hacer consciente todos los elementos antes mencionados, el compromiso con uno mismo, la determinación de continuar con independencia de lo que ocurra en el camino, y sobre todo la disposición a desarrollar y flexibilizar las estrategias permanentemente.

El segundo paso para el desarrollo de la perseverancia, tiene que ver con vencer la desidia, el negativismo, la rigidez, y otros tentadores que aparecen y distraen nuestra atención. Mantener estable la actitud, es primordial en todo momento, sobre todo para lidiar con riesgos internos como el miedo, las creencias limitantes y la frustración, que confunden y desarticulan las formulaciones de fuerza inicial, y en consecuencia, nos pueden desviar de nuestro foco. La actitud, debe contener un empuje hacia el hacer, lograr, crear y creer en el éxito del proyecto, comenzando a hacer desde lo más fácil, hacia lo más complejo, priorizando cada una de las tareas que requiere el objetivo más próximo de nuestro gran propósito.

Hay aún más factores que facilitan el éxito y desarrollo de esta habilidad. El acompañamiento de un coach en este proceso, es de gran ayuda, e incluso puede ser vital para quienes están en proceso de desarrollar sus habilidades humanas o “habilidades blandas”, dado que, permite la posibilidad de desarrollo personal, de la mano de la motivación, el aumento de la consciencia y autoestima, el cuestionamiento de los paradigmas, y la articulación adecuada del lenguaje, hacia la consecución de los desafíos. Un coach, ayudará a aumentar nuestro foco consciente, en virtud de nuestro potencial y capacidad de conseguir lo que nos propongamos. Un coach, entre otras cosas, nos entrega retroalimentación de nuestra forma de hacer u operar, espejea las creencias que limitan nuestro repertorio de acciones, nos ayuda a lidiar con la incertidumbre, mantener nuestra voluntad, enfocar nuestro punto de determinación, y apoya y guía nuestra conducta, constancia y consecuencia, en nuestra manera de ser y de proceder.

María Francisca Milos, Directora de Spirala Asesorías, y cliente del Centro de Desarrollo de Negocios Osorno.

francisca@spirala.cl

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