A recuperar nuestro prestigio educacional

Por: Hugo Pérez White.
El proceso pedagógico chileno ha experimentado varias reformas curriculares a través del tiempo y también de gestión administrativa, habiéndose incorporado al sistema grandes cantidades de dinero del presupuesto nacional para construir edificios nuevos, mejorar la infraestructura a otros, crear laboratorios de idiomas, incorporar la tecnología informática a los educandos incluso a sectores rurales y gran cantidad de profesores enviados a distintos países del mundo para observar, estudiar y analizar los distintos sistemas educativos en países más avanzados como Francia, Inglaterra, Estados Unidos sólo por nombrar algunos y a su regreso entregar sus experiencias a sus respectivas comunidades educacionales y pese a todos estos esfuerzos los hechos indican que en vez de mejorar nuestro nivel educacional, los resultados académicos de los alumnos demuestran que la educación en sus diversos niveles ha ido en sentido contrario lo que no se condice con el esfuerzo desplegado para mejorar la calidad de la educación.
Algunas personas piensan que ser reformista, es deshacer todo lo existente y en el buen sentido de la palabra, sólo significa modificar las estructuras vigentes donde todo se hace cadenciosamente y en forma rutinaria, sin percatarse que fuera de las aulas el mundo exige perfeccionamiento personal permanente de acuerdo a las necesidades del momento.
Es alentador que a estas alturas, se pretenda efectuar los cambios estructurales que la educación necesita, sin mayores dilaciones, sin oposiciones bizantinas, porque la dialéctica negativa, puede retrotraernos en el tiempo una vez más y dejar la sensación de angustia y desesperanza, dualidad sentimental no apta para conseguir la felicidad ya que el hombre en su entorno social necesita herramientas ágiles y modernas para asumir su rol de ciudadano eficiente y comprometidos consigo mismo, con su familia y la sociedad.
Las buenas intenciones no bastan para revertir una situación adversa y ahora más que nunca se necesitan buenos argumentos y mentes brillantes que sean capaces de auscultar la metodología que más nos convenga actualizar o innovar y que nos permita superar el déficit educacional existente que desgraciadamente parece ser una realidad, proceso negativo que a todas luces hay que revertirlo a la brevedad y proyectarlo a largo plazo.
La educación es un proceso prioritario para las familias que quieren para sus hijos las mejores oportunidades profesionales para insertarlos al mundo globalizado lleno de exigencias técnicas y académicas, en el cual estamos claramente disminuidos en el concierto internacional y más aún cuando hemos perdido el liderazgo que tuvimos en alguna oportunidad y con mayor razón ahora que muchas escuelas han sido destruidas por el terremoto y otras con sus estructuras debilitadas y que merecen urgentes reparaciones, el esfuerzo debe ser mayor.
El proceso pedagógico chileno ha experimentado varias reformas curriculares a través del tiempo y también de gestión administrativa, habiéndose incorporado al sistema grandes cantidades de dinero del presupuesto nacional para construir edificios nuevos, mejorar la infraestructura a otros, crear laboratorios de idiomas, incorporar la tecnología informática a los educandos incluso a sectores rurales y gran cantidad de profesores enviados a distintos países del mundo para observar, estudiar y analizar los distintos sistemas educativos en países más avanzados como Francia, Inglaterra, Estados Unidos sólo por nombrar algunos y a su regreso entregar sus experiencias a sus respectivas comunidades educacionales y pese a todos estos esfuerzos los hechos indican que en vez de mejorar nuestro nivel educacional, los resultados académicos de los alumnos demuestran que la educación en sus diversos niveles ha ido en sentido contrario lo que no se condice con el esfuerzo desplegado para mejorar la calidad de la educación.
Algunas personas piensan que ser reformista, es deshacer todo lo existente y en el buen sentido de la palabra, sólo significa modificar las estructuras vigentes donde todo se hace cadenciosamente y en forma rutinaria, sin percatarse que fuera de las aulas el mundo exige perfeccionamiento personal permanente de acuerdo a las necesidades del momento.
Es alentador que a estas alturas, se pretenda efectuar los cambios estructurales que la educación necesita, sin mayores dilaciones, sin oposiciones bizantinas, porque la dialéctica negativa, puede retrotraernos en el tiempo una vez más y dejar la sensación de angustia y desesperanza, dualidad sentimental no apta para conseguir la felicidad ya que el hombre en su entorno social necesita herramientas ágiles y modernas para asumir su rol de ciudadano eficiente y comprometidos consigo mismo, con su familia y la sociedad.
Las buenas intenciones no bastan para revertir una situación adversa y ahora más que nunca se necesitan buenos argumentos y mentes brillantes que sean capaces de auscultar la metodología que más nos convenga actualizar o innovar y que nos permita superar el déficit educacional existente que desgraciadamente parece ser una realidad, proceso negativo que a todas luces hay que revertirlo a la brevedad y proyectarlo a largo plazo.
La educación es un proceso prioritario para las familias que quieren para sus hijos las mejores oportunidades profesionales para insertarlos al mundo globalizado lleno de exigencias técnicas y académicas, en el cual estamos claramente disminuidos en el concierto internacional y más aún cuando hemos perdido el liderazgo que tuvimos en alguna oportunidad y con mayor razón ahora que muchas escuelas han sido destruidas por el terremoto y otras con sus estructuras debilitadas y que merecen urgentes reparaciones, el esfuerzo debe ser mayor.






