El laberinto de la memoria: cómo mejorar el rendimiento cerebral

Por el Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl - Académico, Escritor e Investigador (PUC-UACh)



“La memoria es como el mal amigo: cuando más falta te hace, ahí te falla” (antiguo proverbio).

“Recordar es fácil para el que tiene memoria; olvidar es difícil para aquél que tiene corazón” (Gabriel García Márquez, Premio Nobel de Literatura).

Así como existe el “fitness físico” –o estado de buena salud física– también existe el “brain fitness”, es decir, la buena salud mental. También se habla de “neuróbica” (o gimnasia cerebral), concepto popularizado por los neurobiólogos norteamericanos Lawrence C. Katz y Manning Rubin, con el objetivo de describir una serie de ejercicios, resolución de puzzles y problemas mentales que mejoran el rendimiento del cerebro y que han sido diseñados para mantener, precisamente, a nuestro cerebro alerta y funcionando a plena capacidad.

La memoria está estrechamente relacionada con una zona cerebral llamada hipocampo, una zona verdaderamente esencial para la memoria, ya que además de crear miles de neuronas diariamente, actúa como una especie de archivador o anotador neurológico que almacena la información y datos (o engramas) que van llegando, para efectos de trasladarlos a ciertos puntos del córtex cerebral que los almacena de manera permanente por intermedio de diferentes grupos de células que se interconectan entre sí. El problema radica en que si no se hace uso habitual de estos grupos de células, la información corre el riesgo de no poder ser recuperada, lo que lleva, inexorablemente, a la pérdida de memoria, lagunas mentales, dificultad o incapacidad para concentrarse, etc., para desesperación de la persona que sufre de estos problemas. Hay que tener presente, eso sí, que ciertos medicamentos, tales como los antidepresivos, antiespasmódicos, analgésicos, etc., causan lapsus de memoria, es decir, errores que se cometen por olvido o dificultades con la capacidad de atención.

Hoy en día, ya no está en discusión el valor del fitness cerebral, por cuanto, este proceso consiste en usar diversas estrategias orientadas a ejercitar la mente de una manera diferente a la que estamos acostumbrados. En este sentido, lo que se hace es romper con ciertos hábitos, rutinas y cosas que hacemos en forma mecánica y reemplazarlos por otras maneras de hacerlas: usar, por ejemplo, nuestra mano menos hábil para cepillarnos los dientes o para usar el mouse del computador, cambiar el recorrido que hacemos para llegar a nuestro trabajo o al hogar, ducharnos con los ojos cerrados, etc., actividades que obligan a nuestro cerebro a activarse y reorganizarse para sacar adelante las nuevas tareas, lo que vuelve más veloz a la mente cuando se enfrenta a nuevos problemas.

Psicólogos, médicos y terapeutas coinciden en la extraordinaria utilidad del fitness cerebral, y se valen de una serie de rutinas de ejercicios mentales que incluyen resolver puzzles, sudokus, jugar ajedrez, hacer crucigramas, hacer tangramas, practicar juegos de salón, resolver el cubo de Rubik en sus distintas formas, hacer ejercicios de meditación y varios otros, con el fin de que los pacientes se ejerciten y, por esta vía, puedan estar en condiciones de prevenir –y en otros casos reparar– el deterioro que puede estar sufriendo el cerebro en algunas de sus funciones. En definitiva: al igual que el cuerpo necesita ejercicios para desarrollarse en forma plena, integral y equilibrada, nuestra mente también requiere de entrenamiento y estimulación, es decir: técnicas de memoria, agilidad mental, concentración, atención, etc.

A lo anterior, hay que agregar otro hecho extraordinario. De acuerdo con una serie de investigaciones realizadas por el Dr. Joe Verghese que se extendieron por más de cinco años, se pudo demostrar, que es posible reducir el riesgo de Alzheimer hasta en un 64% con el sólo aumento de la actividad mental de un punto porcentual por semana. Asimismo, es factible disminuir hasta en un siete por ciento el riesgo de demencia con sólo añadir un ejercicio mental –como puede ser el acto de resolver un puzzle– a la semana. En resumidas cuentas: sólo beneficios para nuestro cerebro.

Y si de sorpresas se trata, he aquí otra que nos trae enormes beneficios: hasta hace un tiempo atrás, se pensaba que el número de neuronas disponibles quedaba determinado desde el momento del nacimiento, y luego de eso, no era mucho lo que se podía hacer.

Pues bien: olvide el lector esa idea. Diversos investigadores –Elizabeth Gould, Charles Gross, Fernando Nottebohm, entre muchos otros– demostraron que el cerebro de los seres humanos y de animales como los gorilas, orangutanes y chimpancés, seguían generando miles de neuronas diariamente a través de un proceso llamado neurogénesis, lo que a su vez, nos conduce a lo que se ha dado en denominar como “neuroplasticidad del cerebro”, es decir, la maravillosa capacidad que tiene nuestro cerebro para auto modificarse y adaptarse al entorno al cual debe enfrentarse. No está de más decir, que todas estas actividades mentales son beneficiosas para las personas de todas las edades –y no sólo para los “adultos mayores”, como pudiera pensarse–, ya que ayudan a activar funciones cerebrales dormidas y/o poco utilizadas.

Lo primordial, es ponerse a trabajar en la creación de nuevos esquemas o estrategias de pensamiento, así como en la estimulación de todas aquellas funciones intelectuales superiores que tenemos a disposición: lenguaje, atención, memoria, percepción, praxias o habilidades motoras adquiridas, gnosias o la capacidad para reconocer información previamente aprendida.

Al mismo tiempo, es preciso continuar estimulando –de manera regular– a nuestros cinco sentidos. Nuestro cerebro nos lo agradecerá, ya que, al igual que el cuerpo, el cerebro tiene una plasticidad que permite moldearlo y potenciar todas nuestras capacidades innatas. Dicho con otras palabras: nos hacemos más inteligentes, activos y capaces.

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