La enfermedad de Parkinson o la “parálisis agitante”

Parkinson
Dr. Franco Lotito C. – www.aurigaservicios.cl - Académico, escritor e investigador (PUC-UACh)

“El Parkinson, es mi pelea más dura. Es difícil de explicar. Me están poniendo a prueba para ver si sigo rezando, para ver si mantengo mi fe. Dios pone a prueba a toda gran persona” (Muhammad Ali, el mejor boxeador de la historia, en la categoría de los peso pesados).

El mal de Parkinson, es una enfermedad neurodegenerativa, progresiva y multisistémica que afecta el sistema nervioso central, y que se inicia, generalmente, en las personas que tienen entre los 50 y los 60 años, si bien, este mal puede presentarse en personas más jóvenes. Es una enfermedad crónica y progresiva, cuya etiología se desconoce, que afecta el movimiento y que causa una pérdida paulatina de la capacidad física y mental, hasta llegar a la incapacidad total. Se produce una condición mental denominada bradifrenia, es decir, un enlentecimiento de las funciones psíquicas.

El Dr. James Parkinson –quién describió por primera vez este mal– lo llamó “parálisis agitante”, poniendo de relieve los dos componentes de la enfermedad: la rigidez (o parálisis) y el temblor (o agitación) que experimentan los pacientes.

Los síntomas comienzan a presentarse en forma gradual, y la enfermedad puede iniciarse con un temblor apenas perceptible en una de las manos, pero luego, los temblores se convierten en algo habitual y quedan fuera del control voluntario de la persona. Por otra parte, la enfermedad también puede causar en el paciente un significativo nivel de rigidez corporal y facial, así como también una marcada disminución del movimiento.

En ciertas etapas del Parkinson, el rostro de la persona puede presentar una leve o nula capacidad de expresión (llamado aspecto de “máscara”). Asimismo, es posible advertir que los brazos no se balancean de manera natural cuando el sujeto camina, en tanto que el sonido de su voz al hablar se vuelve bajo, suave o incomprensible. Los síntomas del Parkinson se agravan en la medida que el mal va progresando con el pasar del tiempo.

De acuerdo con la Guía Clínica de la Enfermedad de Parkinson, así como el subsecuente seguimiento que el personal responsable ha hecho de miles de pacientes, la gran mayoría de las personas afectadas, se encuentran en una suerte de doble y clara vulnerabilidad, a saber: vejez y discapacidad.

Los signos y síntomas de la enfermedad pueden darse de manera diferente en cada paciente. Es así, por ejemplo, que las primeras señales pueden presentarse en forma leve y pasar inadvertidas para las propias personas. A menudo, los síntomas comienzan en un lado del cuerpo y, usualmente, continúan empeorando en ese lado, incluso, posterior al hecho que los síntomas comiencen a afectar a ambos lados del organismo.

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Algunas de las señales del Parkinson pueden incluir los siguientes síntomas:
  1. Aparición de temblores: el temblor, movimiento involuntario o sacudida, comienza, generalmente, en una extremidad. A menudo, aparecen en una mano o dedos, los que pueden tiritar o dar leves sacudidas, aún cuando el sujeto está en reposo. Luego, puede afectar los brazos, piernas, mandíbula y la cara.
  2. Movimientos lentos (llamado también bradicinesia): es decir, se produce una lentificación de los movimientos, especialmente de los movimientos voluntarios complejos. Con el paso del tiempo, el mal de Parkinson comienza a afectar la movilidad del sujeto, haciendo que las tareas más simples de motricidad fina se hagan cada vez más difíciles y lleve a la persona más tiempo el poder realizarlas. Es posible, que al caminar, el sujeto arrastre los pies, los pasos que dé sean cortos y rápidos (festinación), con dificultad para pararse, se produzcan algunos problemas de pérdida de equilibro, coordinación y episodios de bloqueo (los pies parecen que están pegados al suelo). A menudo, le puede resultar difícil levantarse de una silla o de la cama para hacer su aseo, requiriendo de ayuda por parte de terceros. 
  3. Rigidez muscular: la que puede presentarse en cualquier parte del cuerpo, en tanto que los músculos rígidos pueden provocar dolor y limitar el movimiento de la persona. 
  4. Alteración de la postura corporal y del equilibrio: la postura física se vuelve marcadamente encorvada y pueden producirse algunos problemas de equilibrio. 
  5. Pérdida de los movimientos automáticos: es posible que el paciente con Parkinson muestre una capacidad reducida para realizar ciertos movimientos inconscientes, tales como parpadear, sonreír o balancear de manera normal los brazos cuando éste camina. 
  6. Cambios y alteraciones en el habla: el paciente comienza a hablar en voz baja o comienza a dudar antes de hablar. El tono y ritmo del discurso puede escucharse más monótono, debido a la falta de inflexiones de voz habituales. 
  7. Cambios y alteraciones en la escritura: a la persona puede resultarle más difícil escribir en forma legible al tiritarle la mano, en tanto que la letra puede hacerse más pequeña. 
¿Cuáles son las causas del mal de Parkinson? En el caso de esta enfermedad, algunas células nerviosas (o neuronas) del cerebro comienzan a sufrir una suerte de degradación o degeneración y mueren gradualmente. Muchos de los síntomas que se producen, obedecen a la pérdida de aquellas neuronas que producen dopamina.

La dopamina, además de ser un mensajero químico que actúa en el cerebro, es un neurotransmisor que está presente en diversas áreas del cerebro, siendo especialmente importante para la función motora del organismo y que resulta, asimismo, ser muy relevante en relación con todas aquellas respuestas nerviosas que están relacionadas con la expresión de las emociones. Por lo tanto, cuando los niveles de dopamina en el cerebro disminuyen, se genera una anomalía en la actividad cerebral, lo que termina por causar los síntomas de la enfermedad de Parkinson.

Si bien se desconoce, con exactitud, la causa de la enfermedad, una serie de factores parecen influir en su desarrollo:
  1. Factor genético: las diversas investigaciones han sacado a la luz ciertas mutaciones genéticas que podrían ser la causa del Parkinson. Sin embargo, estas mutaciones no son muy comunes, salvo en algunos casos en que diversos integrantes de la misma familia padecen la enfermedad. En este sentido, determinadas variaciones genéticas parecen aumentar el riesgo de desarrollar Parkinson. 
  2. Desencadenantes ambientales: la exposición a ciertas toxinas o factores ambientales puede aumentar el riesgo de desarrollar la enfermedad. (Por ejemplo: la introducción al mercado de una heroína de tipo sintética –MPTP– para los drogadictos, produjo un brote epidémico de Parkinson). 
Entre algunos factores de riesgo para desarrollar Parkinson, se incluyen los siguientes:
  1. La edad de la persona: los adultos jóvenes rara vez padecen la enfermedad de Parkinson. Originalmente, este mal se presenta en la etapa media o avanzada de la vida, y los riesgos aumentan con la edad. Los individuos manifiestan la enfermedad, normalmente, alrededor de los 60 años de edad en adelante. 
  2. Predisposición genética: tener un pariente cercano que sufra la enfermedad de Parkinson aumenta las probabilidades de que alguien más en la familia desarrolle el mal. Sin embargo, los riesgos de que esto se concrete son bajos, a menos que el sujeto tenga muchos integrantes en la familia con Parkinson. 
  3. Sexo: los varones, en general, son más propensos a desarrollar la enfermedad de Parkinson que las mujeres. 
  4. Exposición a toxinas: el contacto y la exposición habitual a metales pesados, herbicidas, insecticidas, pesticidas, etc., puede incrementar el riesgo de enfermedad de Parkinson, tales como la rotenona, el paraquat, el glifosato, etc. 
El mal de Parkinson a menudo está acompañado de algunas problemáticas adicionales. Revisemos algunas de ellas:
  1. Dificultad para pensar: es probable que el paciente presente problemas cognitivos (demencia) y dificultad para pensar y organizar su pensamiento. Esto suele suceder en las etapas más avanzadas del Parkinson. (Este tipo de problemas cognitivos no suele responder a los medicamentos). 
  2. Depresión y cambios emocionales: es muy posible que la persona sufra de depresión, la que se acompaña de rabia y desesperación por la enfermedad que está sufriendo. También es factible que el paciente experimente otros cambios emocionales, tales como temor, ansiedad o pérdida de su motivación interna. 
  3. Problemas para masticar, deglutir y comer: es posible que la persona desarrolle dificultades para tragar a medida que va evolucionando la enfermedad. La saliva puede acumularse en la boca del sujeto afectado, como consecuencia de la forma lenta de tragar y, a raíz de ello, producirse el babeo. 
  4. Problemas para dormir y presencia de trastornos del sueño: algunos pacientes con Parkinson presentan problemas para dormir, tales como: despertar varias veces durante la noche, despertar temprano o quedarse dormidos durante el día. 
  5. Problemas con la vejiga: el Parkinson puede ocasionar problemas en la vejiga, que incluyen la incapacidad de retener la orina o tener problemas para orinar. 
  6. Disfunción del olfato: es posible que se produzcan problemas con el sentido del olfato y dificultades para identificar algunos olores, o para diferenciarlos. 
  7. Cansancio: muchas personas con el mal de Parkinson pierden la energía y sienten fatiga, en especial, al final del día. Se desconoce la causa. 
  8. Disfunción sexual: en algunos casos, los pacientes con Parkinson notan una disminución de su deseo sexual o en el rendimiento del acto sexual. 
Debido al hecho que se desconoce con exactitud la causa de la enfermedad de Parkinson, las maneras probadas para prevenirla también son un misterio, si bien, en algunas investigaciones se ha señalado, que el ejercicio aeróbico regular, podría reducir el riesgo de desarrollar el mal de Parkinson. Sin embargo, hoy por hoy, no se conoce una alimentación, dieta, estilo de vida o rutina de ejercicios específicos que puedan proteger a las personas de padecer Parkinson.

No obstante lo anterior, existen algunos medicamentos específicos que ayudan a mejorar la sintomatología que acompaña a la enfermedad. En casos severos, una cirugía y estimulación cerebral profunda –electrodos implantados en el cerebro que envían pulsos para estimular las partes del cerebro que controlan el movimiento– puede ayudar.

Lo que sí se puede –y debe– hacer, es estar atento a la sintomatología inicial, con la finalidad de obtener un diagnóstico temprano, con el objetivo de tomar todas las medidas necesarias a través de un equipo interdisciplinario de especialistas, que puedan ayudar a la persona a llevar una calidad de vida que sea lo más normal posible.

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