El rol de las empresas en la reducción de la obesidad en Chile

 Francisco Droguett
Por Francisco Droguett, gerente de Beneficios de Sodexo Beneficios e Incentivos.

En nuestro país, es imposible hablar de obesidad si no miramos las cifras que nos muestran una realidad que muchos aún no logran comprender a cabalidad. Recientemente fueron dados a conocer tres indicadores lapidarios y que vuelven a encender las alertas que han capturado la atención de los distintos gobiernos de forma sistemática en los últimos años, porque se transformó, precisamente, en un problema de salud pública.

De acuerdo con la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), nuestro país es el que consume la mayor cantidad de bebidas azucaradas de la región, además de ser el que más compra y consume, de forma mayoritaria, alimentos ultra-procesados. En comparación con los países de la OCDE, nuestra población adulta presenta el mayor índice de obesidad, con un 74,2%. Por otro lado, el Minsal reveló que siete de cada diez personas mayores de 15 años en el país sufre de sobrepeso u obesidad, lo que además de afectar la calidad de vida de las personas, puede provocar un gasto sanitario de 1.692 millones de dólares al año, o sea un 6,7% de todo el gasto de atención médica en Chile.

Se trata de primeros lugares que no quisiéramos tener en este tipo de mediciones, bajo ninguna circunstancia. Sin embargo, están ahí y nos muestran una realidad de la que nos tenemos que hacer cargo de una buena vez. En este sentido, además de las contribuciones que han surgido desde la medicina y la educación, desde el mundo público o privado, o incluso por medio de la abundancia informativa sobre nuevos hábitos de alimentación saludable, cabe preguntarse, ¿qué pueden hacer las empresas para contribuir a la mejora de estos indicadores?





Pensemos, por ejemplo, en una gran compañía que tiene centenares o miles de trabajadores. Es claro que, si las políticas de beneficios de alimentación se construyen con una perspectiva centrada en la alimentación consciente, estamos contribuyendo con una parte importante en la adecuación hacia un cambio de hábitos alimenticios. Y para quienes se muestren escépticos sobre el impacto real que este tipo de medidas puede traer, sólo basta revisar diferentes estudios que muestran la relación evidente entre, por ejemplo, buena ingesta de alimentos y productividad.

Los resultados más recientes de un estudio centrado en el precio de los menús ejecutivos a lo largo de todo Chile, muestran que Vitacura, Las Condes y Quilicura son las comunas que registran el valor promedio más alto, mientras que a nivel país esto se repite en las regiones de Magallanes y la Antártica Chilena, Atacama y Los Lagos. En el extremo opuesto, las que presentaron el costo más bajo en el Gran Santiago son Lampa, La Pintana y La Granja, en tanto en el resto del país son las regiones del Maule, Arica y Parinacota y Coquimbo.

Estos indicadores se transforman en un insumo relevante para aquellas empresas que quieren aportar en la alimentación de sus colaboradores y por lo mismo, asegurarse de poder entregar un beneficio sin limitar sus posibilidades de alimentación. En momentos en que las alternativas aumentan sobre la base de raciones más equilibradas y que contribuyen al bienestar en general, a través de alimentos que no solamente satisfacen, sino que entregan los nutrientes que las personas requieren, se está contribuyendo directamente a disminuir aquellos indicadores tan negativos para la salud de nuestra población.

El llamado es, por lo tanto, a que las empresas se sumen en esta lucha y que abran espacios para que sus colaboradores también puedan tener acceso a una mejor alimentación durante su jornada laboral, asumiendo a la vez un rol educador sobre la alimentación, instancia que ya se ha potenciado en colegios y universidades, pero en el mundo laboral está al debe.

Así, estas cifras se podrán revertir solo si existe un compromiso transversal.


Fuente de la información: Joaquín Guzmán Meneses - e-press