Por una Constitución Ecológica

Por Pedro Glatz, Master en Ecología Humana, Universidad de Lund, Militante Revolución Democrática.

A medida que se acerca el plebiscito del 25 de Octubre, la campaña por el Apruebo toma fuerza y la población chilena se apresta a sufragar con un alto nivel de optimismo sobre el futuro de nuestro país. En este contexto, comienzan a surgir debates acerca del contenido de nuestro futuro pacto social, que tomará la forma de una Nueva Constitución. Este artículo es una manifestación más, que se suma al trabajo de incontables organizaciones civiles, movimientos sociales y partidos políticos, por la defensa de nuestro medio ambiente: nuestra nueva constitución debe ser una Constitución Ecológica.

¿En qué consiste una Constitución Ecológica y por qué la necesitamos? En primer lugar, es un pacto social que busca construir una nueva relación entre la sociedad y la naturaleza. Día a día somos testigos de una crisis climática y ecológica que, lejos de ser una amenaza futura, es una triste realidad presente. Frente a dicho escenario, resulta imperativo e impostergable luchar por detener y revertir esta catástrofe. De la misma forma, debemos comenzar una intensa preparación para hacer frente a los efectos que, lamentablemente, ya no podremos evitar. En segundo lugar, una Constitución Ecológica nos permite garantizar las condiciones con las que, como sociedad, realizaremos un proceso de transición hacia un modelo económico sustentable. Cabe destacar, que dicho proceso debe considerar los efectos negativos que esto podría producir en la vida de las personas. Se trata de planificar una transición justa, que no cargue sobre los hombros de los trabajadores/as y las comunidades los costos de esta necesaria transformación. Finalmente, otro de los principios refiere al concepto de justicia intergeneracional, que significa asumir un compromiso con nuestras generaciones descendientes, quienes no pueden heredar un planeta devastado.

Al mismo tiempo, resulta necesario preguntarnos: ¿cómo afectará el cambio constitucional a las regiones? La respuesta es simple e inequívoca: en muchísimo, en especial en la disputa por el poder y la autonomía de las regiones. Para nadie es un misterio que las decisiones en torno a la administración de los paisajes y ecosistemas dependen de determinaciones que son discutidas, aprobadas y discretamente financiadas a cientos de kilómetros, en Santiago. Esto tiene un fuerte impacto en la calidad de vida de quienes habitan nuestra región, testigos de cómo los conflictos socio ambientales se multiplican y agudizan todos los años. Todo esto, mientras seguimos escuchando promesas incumplidas en los medios de circulación nacional. 

Tan solo pregúntense: ¿Cuán distinta hubiera sido la prevención y resolución de la crisis del agua en Osorno, si la Constitución estableciera facultades y financiamiento suficiente a los Gobiernos Locales? ¿Cuánto más rápida sería la solución a la contaminación atmosférica que aqueja nuestras ciudades? De esta forma, debemos comprender el estrecho vínculo que existe entre el cuidado de nuestro medio ambiente y la configuración del poder político que delimita nuestra actual Constitución.




Según la última Encuesta Nacional de Energía
, las principales preocupaciones de la ciudadanía son los altos costos, los reiterados conflictos entre las comunidades impactadas por los proyectos y los problemas ambientales que éstos generan. Frente a dichos conflictos debemos buscar soluciones ingeniosas y efectivas. Por ejemplo, ¿Por qué no podemos apostar por la generación eléctrica residencial en nuestra región? Casos como las ciudades alemanas de Freiburg y München, demuestran que bajo condiciones de radiación solar similares al sur de Chile, se puede producir una gran cantidad de energía mediante paneles instalados en los techos de hogares y empresas.

Lo esbozado brevemente aquí son solo algunas de las razones por las que debemos trabajar por una Constitución Ecológica, la cual resulta urgente y necesaria. Debemos empezar a dialogar, buscando propuestas e ideas que nutran de contenido nuestra Nueva Constitución, todos y todas tenemos algo que aportar al respecto. Involucrarnos, debatir y escucharnos es el primer paso para aprovechar esta oportunidad histórica, instalando el futuro de nuestra región, país y planeta en el centro de la discusión.


Comunicado de Prensa / Fuente: Pedro Glatz