Nuestros Gobernantes

Por Leonardo Ivan Sandoval Hermosilla - leonardo.ivan.sandoval@gmail.com

En estos días cuando en la prensa política el foco lo vuelve a constituir una nueva situación que no es digna de imitar como acontece con la reciente designación de la Sra. Javiera Blanco como nueva abogado integrante del Consejo de Defensa del Estado, por cierto que hay que preguntarse cuál es el límite de lo indebido y/o de lo incorrecto en materia de gobernanza, de decisiones gubernamentales y de acciones y omisiones que mas allá de su encuadramiento legal o jurídico, resultan abiertamente contradictorios a los principios mas básicos de la rectitud y la ética .

En efecto, la memoria es frágil, pero en el trasfondo la información que uno recibe de los medios de comunicación deja un fondo común en nuestra percepción como lo es que ya hemos tocado lo más bajo, ya no hay límites, ya no hay vergüenza, ya no hay dignidad en nuestros representantes ciudadanos elegidos popularmente o designados gubernamentalmente.

Para ser gobernante o representante de un pueblo hay que tener ciertas cualidades esenciales dentro de las que se encuentra la virtud misma, entendida como el justo medio entre dos extremos, entendida así tanto para la filosofía china confuciana como para la filosofía griega. A estas alturas esta exigencia que debería resultar del todo lógica, pareciera que la requiriéramos de una divinidad, pues el sistema imperante ha retorcido tanto la concepción acerca de lo correcto y lo incorrecto – y no hablo desde el punto de vista religioso –que bien podría entenderse como una quimera.

Pero ello no es así, pues principios como la bondad o el buen ejemplo del gobernante han sobrevivido más de 2500 años desde que fueron analizados, pensados, reflexionados y estudiados por Confucio (551-479 A.C), los que son tan certeros que no pueden considerarse como retrógrados o pasados de moda.

No exigimos a nuestros representantes que lleven una vida de ascetismo, privada de los lujos que como anillo al dedo van siempre unidos en su caso y a los que lamentablemente no están dispuestos a renunciar, luego de haberse acostumbrado a una vida burguesa, sino sólo que se esfuercen por ser dignos al cargo que desempeñan.

En “Las Analectas” de Confucio, texto milenario atribuido a una recopilación de sus diálogos efectuada por sus discípulos, se nos enseña por ejemplo:

- “Si el gobernante es justo, todo irá bien aunque no de órdenes. Pero si no es justo, aunque de órdenes, no le obedecerán”

- “Para ser influyente un hombre debe ser sincero por naturaleza y amante de lo correcto”

- “Gobernar es enderezar”

- “La esencia de un noble es la del viento; la esencia de las personas comunes es la de la hierba; y cuando el viento pasa sobre la hierba, no puede hacer otra cosa que inclinarse”.

- “La Bondad es algo que debe tener su fuente en el propio gobernante; no puede obtenerse de otros.”

- “Un noble ayuda al necesitado; no hace más rico al adinerado”

- “Un noble se avergüenza de permitir que su palabras sobrepasen a sus actos”

- “Un noble tiene motivos para angustiarse si termina sus días sin hacerse una reputación”

Son muchos los aforismos que se podrían citar pero todos apuntan a lo que nuestros políticos parecen haber olvidado hace mucho, como lo es la rectitud y la probidad que deben observar en sus respectivos cargos y en su conducta en general.

El grado de indignación ciudadana es altísimo, ya que los mensajes que estos casos nos envían es el diametralmente contrario a la lógica y ética más básica.

En efecto, ello no puede sino interpretarse como un: desempéñate mal que te premiaremos, no importa las omisiones graves que cometas nada te pasará, no te preocupes de las víctimas de tus malas decisiones, pues no responderás al respecto, al contrario serás premiado(a) y el trabajo jamás te faltará.

Si esa lógica operara con los ciudadanos de a pie, estarían todos enjuiciados, presos o despedidos de sus trabajos. Mientras ello no varíe, estoy seguro que tampoco variarán las encuestas, ni la participación ciudadana en política y cuando ellos que aparecen en la televisión ya no estén, las analectas confucianas seguirán vigentes.



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